¡Ups! ¡No me equivoqué! 100. ERES MI ESPOSA
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100. ERES MI ESPOSA

LUCILA:

Damián seguía mirándome fijamente sin soltar mi mano, y me hacía sentir expuesta, vulnerable. Nunca antes había besado a nadie, y lo hice porque pensé que estaba dormido y que no se iba a enterar. ¿Cómo lo miro ahora? Trato de soltar mi mano y alejarme, pero me detiene.

—No te vayas, no importa que hicieras eso —continúa hablando mientras bajo la cabeza, escondiendo mi rostro con mi cabello. —Sé todo lo que te hizo tu falsa hermana. Yo te quiero de veras. No vuelvas a dejarme nunca más, por favor. Tendremos a nuestro bebé y seremos felices.

¿Bebé? ¿Qué bebé? Levanto la cabeza para observarlo, tratando de entender de qué demonios está hablando este francés. Creo que todavía debe estar medio dormido. O quizás, como le sucedió a Lili, está confundido y ha olvidado todo. Me olvido de mi vergüenza y lo miro de frente.

—¿De qué hablas? ¿Qué es eso que dices? —pregunto, y al ver cómo me sonríe como un tonto, trato de explicarle con suavidad.

—Estás confundido, Damián, yo no soy tu esposa, soy Lucila, la hermana de Lilian, la esposa de Alessandro Minetti, a quien salvaste.

Ellos te trajeron para cuidarte, acabo de decírtelo.

—Sé que eres mi esposa, no lo niegues, te reconozco, Elsie, no importa cuánto te disfraces —asegura para mi sorpresa. —Te dije que no debías esconderte de mí en tus crisis de granos, no me importan.

—Damián, estás confundido, no soy esa Elsie que llamas, soy Lucila —rectifico de nuevo. —No te conocía hasta que te trajeron con ellos. Minetti es mi cuñado y el doctor Rufino es el doctor de mi hermana Lilian y tuyo.

Damián me observa como si no entendiera lo que le explico. Entrecierra los ojos sin decir nada. Me aprieta la mano y tira de mí, haciendo que me acerque más a sentarme a su lado en la cama.

—No sé de qué hablas, Elsie. Pero no importa cuánto lo niegues, yo te reconozco. Sé que me porté muy mal contigo. Prometo hacerte feliz, ven acuéstate aquí conmigo, estoy cansado —tira de mí, haciendo que me acueste a su lado, y me abraza fuertemente.

—Damián, yo no soy tu esposa, aunque Elsie es mi verdadero nombre. Todos me conocen como Luci, y nunca he estado en Francia —insisto en aclararle.

—Lo sé, que eres Elsie, mi esposa, no lo niegues.

Me casé contigo con tu verdadero nombre —responde con su cabeza metida en mi hombro.

—¿Recuerdas los papeles que te di a firmar de divorcio?

Fue por eso, porque tenía que divorciarme de tu falsa hermana y casarme contigo.

No fue que me divorcié de ti, amor, no lo fue. No tenías que irte por eso.

Me quedo sin aliento al percatarme de lo que sucede. Definitivamente me ha confundido con su esposa. Pero yo no puedo aceptarlo, debo aclarar esta situación lo antes posible. No seré la sustituta de nadie.

—Damián, estás confundido. Soy Lucila Caleri Pagani, no tu esposa —repito, tratando de escapar de sus brazos.

Pero él parece que no escucha, o quizás no entiende lo que le digo. Sigue pidiéndome perdón por no explicarme bien. También afirma que firmé los papeles de casamiento de verdad, aquellos que firmamos en el juzgado el día que me fui.

—¿Te acuerdas que me reía por la cara que tenías? —cuestiona atrayéndome más, haciendo que gire mi rostro para mirarlo a los ojos. —Te molestaste realmente mucho ese día. No estábamos asentando el divorcio, querida, créeme, te dije eso para darte la sorpresa después.

Mi desesperación llega a su límite. Voy a gritarle, pero el sonido de los aparatos conectados a él me recuerda que está enfermo y que se acaba de despertar de un coma.

Le doy la espalda mientras le acomodo las mangueras de los sueros aún prendidos en sus brazos. Suelto todo mi aire buscando paciencia.

—Está bien, Damián, duérmete ahora —le pido con suavidad. —Más tarde lo recordarás todo.

Pero él parece querer convencerme de que todo era un error. Sigue hablando con su voz ronca en mi oído.

—Elsie, sé que no me crees, te lo demostraré, cariño.

Pero no me dejes ahora, no me abandones.

Era lo que te iba a decir aquel día, perdóname por no hacerlo.

Pero ahora sí estamos casados de verdad con tu nombre real, eres ahora Elsie Lemert Cavalieri, mi legítima esposa —mi corazón da un vuelco al escuchar mi verdadero nombre en sus labios.

—Nadie puede alejarte de mí, nadie. ¿Dónde estuviste todo este tiempo?

¿Por qué me hiciste creer que estabas muerta?

Eso fue muy cruel, querida, pero me lo merecía por lo que te dije borracho, perdóname, cariño.

Me siento de un golpe y me giro para observarlo. Esa explicación me asusta. Siento como si hubiera pronunciado una sentencia de muerte. No podría soportar que fuera verdad. Me intrigaba que supiera mi verdadero nombre, pero sobre todo, ¿cómo esa mujer que estaba casada con él lo tenía?

—¿Qué? ¿Qué nombre acabas de decir, Damián? ¿Cómo sabes mi verdadero nombre? —Damián tira de mí de nuevo y me hace acostarme otra vez.

—Siempre lo supe, tu falsa hermana cree que me engañó, pero yo sabía que no eras ella, tampoco ese otro nombre que me dijiste —siguió diciendo con su voz ronca. —No dije nada porque me gustabas. Perdóname por no regresar y abandonarte sola en Marsella cuando pasó lo de Celia.

—¿Celia? ¿La difunta esposa de Minetti? —quise saber desconcertada.

Mi cabeza está a punto de explotar con tanta información.

Mis pensamientos me llevan de un lado a otro, pero no encuentran ninguna explicación.

¡Maldita sea! ¡Tenía que haber despertado justo ahora, justo después de que yo…

! Y no solo eso, sino que ahora me confunde con su esposa fantasma.

Pero él sigue hablando como si no me escuchara.

—Ya me había resignado, te lo juro, confía en mí. Llegaré a amarte como a ella o más. Por favor, Elsie, no me dejes, no otra vez, no sabes cuánto sufrí por haberlos perdido a todos. Creía que iba a enloquecer, gracias a Dios estás viva, viva —y tira de mí, haciendo que me acueste a su lado.

Trato de escapar de su abrazo, pero no me suelta.

Y, para mi consternación, se queda dormido agarrado a mí.

Cada vez que voy a salir de sus brazos, él me sostiene más fuerte.

Para mi alivio, llega mi mamá. Ella entra al cuarto y me ayuda a salir de los brazos de Damián, que sigue dormido profundamente. Junto a ella llegaron Lilian y Miguel.

—¿Es verdad que despertó Damián? —quiere saber Lili, enseguida.