¡Ups! ¡No me equivoqué! 96. LA DEJARÉ CON MINETTI
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96. LA DEJARÉ CON MINETTI

ANDY:

Todavía observo al director Rufino con incredulidad. La lesión que sufrió Lilian en la cabeza debió dejarla discapacitada para ejercer la medicina. Por lo que me concentro en la explicación que me está ofreciendo.

—Para eso fue que te mandé a buscar, Adriano; piénsalo bien.

Sobre todo, tienes que detenerte a analizar, como doctor que eres, qué es lo que más le conviene a Lilian —se detuvo un momento antes de proseguir—.

Por una vez no seas egoísta y piensa en el bienestar y seguridad de la doctora.

Creo que de la manera que fue contigo se merece que hagas eso por ella.

Puedes retirarte; cualquier cosa que quieras preguntarme sobre ella, estoy aquí.

No te ocultaré nada, y piensa en lo que te he dicho.

—Lo pensaré, director; lo pensaré —me puse de pie, mirando todavía las imágenes en la computadora—. Muchas gracias por explicarme su situación, y cuide bien de Lili. Buenos días.

Me retiro reflexionando sobre todo lo que me dijo el director.

Tiene razón en que Lilian está todavía convaleciente.

¿Qué secuelas le puede quedar de esa lesión tan grande en esa área del cerebro?

Iré a investigar, y aunque me duele reconocerlo, es verdad que por ahora está mejor cuidada con Minetti.

¿Deberé informarle de esa loca que la persigue?

—Andy, Andy. ¿En qué vas pensando que no me escuchas? —me alcanza Eva corriendo—. ¿Qué quería el director? ¿Te despidió?

—No, me preguntó a qué había venido y le dije que a aprender —le relato a Eva mientras avanzamos hacia mi consulta—. Luego me advirtió que dejara a Lili tranquila y me enseñó la enorme operación que realizó en la lesión del disparo.

—¿De veras? —quiso saber Eva, interesada.

—Creo que por ahora me dedicaré a investigar todos los enemigos de Lilian —suelto todo mi aire antes de agregar—. Y la dejaré con Minetti para que la cuide bien.

—¿En serio? —Eva me mira como si no me conociera—. Bueno, en verdad creo que haces bien con tantos detrás de ella. Minetti es el único que la puede cuidar ahora en ese estado. ¿Qué quería la doble de Lilian?

—¡Deja de decirle así; no se le parece en nada! —protesto, echando a andar—. Vino a hacer un trato conmigo. Quiere que la ayude a cambiarse con Lilian; dice que ella es la prometida de Minetti.

Eva vuelve a detenerme con incredulidad, mientras me pregunta si había aceptado. Negué de inmediato, diciendo que primero tengo que saber quién es en realidad esa mujer. No pondré en peligro a Lilian de nuevo. Echamos a andar en silencio.

—Hiciste bien; no sé por qué esa mujer no me da confianza ni me gusta.

¿Te dijo quién era? —cuestiona intrigada.

Niego con la cabeza. —Ya averiguaremos. Te tengo una noticia.

El Pelirrojo me dijo dónde viven Lilian y su familia.

En la casa oficial de Minetti, ella es su señora.

Y tu suegra y cuñada, en una casa cerca de un lago, dentro de la misma propiedad.

—¿Te dijo todo eso así de fácil? —inquirió, receloso.

Asiente, diciendo que todo el mundo lo sabe, que no es un secreto para nadie.

Además, le dijo que muy pronto harán una gran fiesta para celebrar otra especie de boda.

Pero que en casa del capo Minetti no hay quien entre; es una fortaleza.

Estoy de acuerdo con ella; siempre escuché a mi padre y a todos decir eso.

Y si alguien entra sin permiso, no sale vivo.

—Entonces, ¿por fin vamos a trabajar en esa clínica que te dije? —preguntó de nuevo.

—Lo haremos. Al menos pasaré todos los días por donde ella vive —acepté, con la esperanza de ver a Lilian, aunque sea de lejos—. Me alegra saber que está allí segura, donde nadie la puede atrapar y hacerle daño.

—¿Qué te pasa, Andy? ¿Por qué hablas así? ¿Renunciaste a Lilian? —pregunta Eva, mirándome intrigada.

La pregunta de Eva me dejó en el aire, pero no iba a admitirlo. En el fondo, sigue siendo un tema que me cuesta procesar sin que me hierva la sangre. Pero no, jamás renunciaré a mi prometida. Me detuve abruptamente, mirándola.

—No es eso, Eva —me defendí, porque nunca dejaría a Lili.

—Es solo que ella merece estar bien. Yo no puedo darle la seguridad que necesita ahora, y ese...

desgraciado Capo sí. Aunque me duela, tengo que dejarla por ahora con Minetti hasta que tenga todas las condiciones para desaparecerla de todo esto.

No tienes idea de cuantos están detrás de mi novia, es mejor dejarla con él por ahora.

Sentía que admitir esa realidad era como cuchillos punzantes introduciéndose en mi corazón.

Pero es la verdad aunque me duela reconocerlo.

El Capo di tutti i capi Alessandro Minetti, con toda su fortuna y poder, podía construir una fortaleza si era necesario para protegerla.

En cambio, yo todavía vivía entre los escombros de mis propias decisiones.

—No sé si lo dices porque realmente te importa Lilian o porque tienes miedo de verdad —añadió Eva, tan directa como siempre.

—No lo voy a negar —respondí de inmediato reconociéndolo ante ella—.

Es sentido común. No puedo competir con Minetti en estas circunstancias.

Y para mí la seguridad de Lilian es lo más importante.

Además, no puedo alejarla de su doctor, tú y yo sabemos que Rufino es la mejor opción.

Si no fuera por él, Lili no estaría viva.

El silencio de Eva lo dijo todo. Seguimos caminando hasta llegar a la consulta para luego salir hacia esa nueva clínica que queda por la casa de Minetti, donde según ella, nos esperaba una madre con su bebé en brazos.

—Termina con tu consulta y luego nos iremos a la clínica —continuó Eva. —Es una maternidad. Les dije que tú eras un excelente cirujano y podrías operar a un niño que lo necesita.

—De acuerdo, todavía no me han puesto cirugías. Iré contigo —dije con un suspiro con la esperanza de ver a Lilian aunque sea de lejos—. Lo operaré sin problemas.

—Nos vemos después del almuerzo. Llamaré al Pelirrojo para que me espere en la puerta —señaló mientras se alejaba. —Quizás puedas ver a Lilian de lejos.

La vi alejarse y caminé despacio hacia mi despacho.

Todavía no podía sacar de mi cabeza la enorme operación de Lilian.

Por suerte, la consulta siempre tenía la habilidad de concentrarme por completo, pero al final del día, mientras miraba los expedientes, mi mente regresaba a la misma pregunta: ¿Qué estará haciendo Lili ahora?

Pero sobre todo, ¿qué debo hacer para mantenerla segura cuando se la quite a Minetti?