94. NEGANDO LA PROPUESTA
ANDY:
Miraba a esta mujer que quería hacerse pasar por mi Lili con incredulidad, pero decidido a averiguar todo lo que pudiera para advertir a mi novia. No dejaría que nadie le hiciera nada. Ella era la mujer que amaba con todo mi corazón y la protegería sin importar lo que tuviera que hacer.
—Eso traté de hacer —continuó ella sin percatarse de mi mirada—.
Me presenté a los abogados de mi familia en Escocia, pero no me creyeron.
Los Minetti se han apoderado de todo, por un poder que les dejó papá antes del accidente en que murieron.
Mi tío siguió las orientaciones de él, nos llevó a hacer un tatuaje.
Luego nos dejó en Francia a mi prima Elsie y a mí, para irse con tu novia a entregársela a unos amigos de papá, pero el avión se cayó y se mató.
Me contuve y no dije nada; esa historia ya la conocía, pero debía saber qué conocía ella sobre toda la historia.
—Todo eso lo sé, ¿entonces, Lucila quién es? —seguí preguntando.
—Ella es la hija de mi tía Lara, que usted conoce por Libia —respondió como si recitara una historia aprendida.
No pude dejar de reírme mientras le decía que era evidente que tenía una fértil imaginación. Ella se molestó, asegurando que me decía la verdad.
—Casi me convence, pero eso último que acaba de decir sé que es mentira; Luci no es hija de la señora Libia. Lo sé muy bien, y puedo demostrárselo —señalé, mirando cómo abría los ojos.
Saqué un expediente de Lucila que tomé del buró de Lilian, donde se demuestra con pruebas de paternidad que ella no tiene ningún lazo consanguíneo con mi suegra.
—Mírelo usted misma; Luci no tiene nada que ver con la señora Libia —le mostré los resultados—. Así que deje de hacerme cuentos, porque me está haciendo perder el tiempo y debo atender a mis pacientes.
—¡Esto tiene que ser un error! —exclama mientras lee una y otra vez los resultados de la prueba de paternidad entre Lucila y Libia—. ¿Quiere decir que entonces la verdadera Elsie era la que estaba conmigo en Francia?
—No sé de qué habla —indiqué, recogiendo los papeles—. Por favor, creo que ya le he dedicado demasiado tiempo. ¿Puede retirarse para que pueda realizar mi trabajo?
Guardó silencio por unos momentos, pero en vez de retirarse, me pidió que le concediera cinco minutos más. Luego aseguró que me iba a traer las pruebas para que vea que no mentía.
—Sin embargo, mi propuesta sigue en pie —insistió de nuevo—. Insisto en que la mejor solución para ambos es cambiarme con Lilian, ya que Minetti la aceptó. De esa manera, puedo engañarlo y todos salimos ganando. Yo recupero toda mi herencia y tú a tu novia. ¿Qué me dice?
—Eso con Minetti no va a funcionar; quita de su cabeza ese plan —solté con desprecio—. Acabo de verlo, se ve que está totalmente enamorado de mi novia. Y de veras me da pena, porque ella está enamorada y me ama a mí.
—¿En verdad crees que te ama? —se giró para preguntarme burlonamente—. Sí que ha sabido engatusarte bien. Ella está enamorada de Minetti; mis fuentes me lo han confirmado, pero él de ella no; solo la usa para obtener poder y seguir siendo el dueño de toda mi herencia.
No iba a discutir con ella, por lo que le contesté que podía decir todo lo que quisiera, porque yo sabía la verdad. Y no la ayudaría, porque estaba convencido de que Minetti, como yo, puede reconocer a Lilian.
—Minetti no va a caer en esa trampa —repuse, perdiendo el interés—. Puedes retirarte. Ah, y si te atreves a hacerle algo a mi novia, no te lo dejaré pasar.
—¿Me estás amenazando? ¿Es que acaso sabes con quién te estás metiendo? No tienes ni la menor idea del poder que tengo, así que te dejo mi número aquí —amenazó, vociferando, poniéndose de pie y colocando una tarjeta encima de la mesa—. Por si lo piensas bien y decides ayudarme, llama a ese número.
Y se marcha dejándome pensativo. Tomo la tarjeta, observo que solo tiene un número sin nombre y la guardo.
No quiero perder buenas conexiones que a lo mejor me sirvan en un futuro.
Porque aunque me negué a ese trato que ella me propuso, me parece muy bueno.
Quién sabe si es lo que realmente necesito: cambiar a Lilian por otra que se quede con el Capo di tutti i capi.
Al final, si Minetti lo que quiere es su herencia, que la tome; no nos hace falta.
Con el dinero que tengo, podemos vivir por el resto de nuestras vidas.
Más su trabajo y el mío son más que suficientes para formar una familia feliz.
Investigaré bien quién es esa mujer y si puedo confiar en ella.
Quién sabe, después que Lili se ponga bien hago el intercambio y me desaparezco con ella.
No por gusto estuve robándole dinero a papá todo este tiempo que él pensó que era mamá con sus juegos.
Con eso puedo vivir el resto de mi vida donde escoja con mi esposa, hacer mi familia tranquila y feliz.
Hasta quizás me alcance para hacer una pequeña clínica donde trabajemos juntos y seamos felices.
Los toques en la puerta me traen a la realidad.
—Adelante.
—Doctor Adriano —entra una enfermera, y la reconozco enseguida; es la ayudante del director—, el director quiere verlo en su oficina.
—Gracias, iré enseguida —me quedo en silencio, pensativo. ¿Qué querrá el Rufino?
Me dispongo a salir, cuando escucho la voz cantarina de mi Lili que saluda y se ríe con todos en emergencias.
—Lili, ¿vas a trabajar en este hospital? —quiere saber alguien.
—No, por ahora me dedicaré a descansar por todo un año —contesta de igual manera.
—¿Lilian, es verdad que te casaste con el millonario Alessandro Minetti o es solo un teatro por lo que te hizo Andy? —cuestiona una enfermera.
—Prefiero no responder eso —dice ella—. Ahora me voy.
—¿No vas a saludar a Andy? —escucho que le pregunta alguien más.
—¿Andy está aquí? —la escucho preguntar ansiosa.
—Sí, se incorporó hoy; aquella es su consulta —la misma voz le contesta.
—¿Está aquí? ¿En serio? —insiste con ansiedad.
Al escucharla, retrocedo enseguida para esconderme sin saber por qué, cuando escucho la voz de Miguel, su amigo, decir:
—Lili, tenemos que irnos.
—¿Puedes esperar un momento, Migue? —le pide ella, caminando a mi encuentro.