¡Ups! ¡No me equivoqué! 86. LA SEGURIDAD DE LUCILA
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86. LA SEGURIDAD DE LUCILA

LILIAN:

El Pelirrojo se inclinó, asintiendo varias veces a Alessandro, que lo observaba con el ceño fruncido.

Sin embargo, se atrevió a decir que no creía que fuéramos familia.

El apellido Lemert era muy común en la zona de donde ellos vinieron de Escocia.

Contó que, según su abuelo, tomaron el nombre del señor que era dueño de todo aquello.

Es un pueblo casi en la punta del país, muy lejos de la capital, y era de pescadores solamente.

—No importa, averiguaremos bien. No me molestaría tenerte como primo, ni a una prima. Nosotros solo somos mi hermana y yo —le digo con la ilusión de tener otra familia.

—Gracias, señora, pero no lo creo —insistió el Pelirrojo.

En ese momento se abre la puerta de la casa del lago y por ella sale mi hermana menor, Lucila. Al vernos, viene a nuestro encuentro enseguida, intrigada porque estamos allí. Al verla, la saludo y tiro de ella hasta llegar al lado de Alessandro y el Pelirrojo.

—Luci, te presento al Pelirrojo, para ti solamente Acher Lemert —y le advierto de inmediato—. No quiero que nadie más sepa que se llama así.

—A partir de hoy es el jefe de tu seguridad —le informa Alessandro sin dejar de observar al Pelirrojo, que se pone algo nervioso.

—¿Mi seguridad? —se asombra Luci y me mira a mí, que asiento con la cabeza.

—Sí, señorita, usted va a poder moverse libremente a donde quiera que desee, siempre y cuando lleve a Acher con usted —continúa Ale. —Pelirrojo, dale tu teléfono personal.

Pero Luci lo detiene, diciendo que no hacía falta porque ella lo sabía. Pero opina que no necesita a nadie que la proteja en especial; ella solo anda dentro de la propiedad que está llena de guardias.

—No es así, señorita. Muy pronto irá a la escuela y a mi empresa.

Entonces los necesita, y no vine a preguntarle, vine a informarle —replica muy serio y firme Ale—.

Ellos cuidarán de la seguridad personal de ustedes.

A cualquier lugar que vayas, Luci, aunque sea dentro de la propiedad, deberás avisarle. Ellos te seguirán como una sombra.

—¡No me gusta sentirme vigilada todo el tiempo! —protesta como si fuera yo.

Alessandro levanta una ceja, como hace cuando me mira a mí. Me río y abrazo a mi hermana, llenándola de besos. Al separarnos, no le suelto las manos y trato de hacerla feliz, porque por la cara que tiene, esos granos la están matando.

—No protestes, Luci, es necesario. Pero te tengo una sorpresa —abre los ojos enseguida, esperanzada. —Mañana compraremos un pequeño auto para que hagas tus recorridos por la propiedad. ¡Te enseñaré a conducir, mi hermana! ¿Quieres?

—¿En serio, Lili? ¿Me enseñarás y tendré mi propio auto? —salta enseguida, feliz, olvidando todo lo demás.

Salto con ella, feliz, sin importar que los hombres nos observan. Le cuento que, además del auto, también la enseñaré a disparar un arma. Al escucharme, se detiene enseguida, muy seria.

—¡No quiero! —se niega y veo a Ale mover la cabeza, es como si estuviera viéndome a mí. —No me gustan las armas, mejor cómprame drones con armas.

—¿Drones con armas, Luci? —interviene Ale, muy interesado—. ¿Dónde los podemos comprar? ¿Sabrás manejarlos?

—Tú solo dime que puedo adquirirlos y yo me encargo de todo lo demás —dice ella antes de que pueda detenerla.

Alessandro saca una tarjeta negra y le dice que compre todos los adelantos tecnológicos que crea que nos servirán para protegernos. Le dejará la modernización de nuestra seguridad en sus manos.

—Y para ti también —añade Alessandro—. Cómprate todos los aparatos que creas que te puedan ayudar en tu trabajo.

—¡Ale, no le des ese permiso o llenará esto de aparatos raros! —le pido, asustada, porque ella a cada rato me enseña algo diferente que quiere comprar.

—No hay problemas, Luci. Moderniza todo lo que quieras —insiste Alessandro con una sonrisa al ver la cara de felicidad de mi hermana—. No tienes que pedirme permiso, solo infórmame, para saber que lo hiciste.

Luci por un momento titubea, mientras le pregunta si está hablando en serio. Yo no quiero que haga eso, porque la conozco muy bien. Pero a pesar de todas mis advertencias, Alessandro sigue diciendo que pague todo con el dinero de la empresa. Que utilice la tarjeta, que es suya y no tiene límites.

—¿Puedo modernizar la seguridad de la propiedad? Está obsoleta —continúa mi hermana emocionada.

Alessandro ríe divertido con ella; es como si le estuviera regalando juguetes a una niña, y eso me aterra. Pero Alessandro solo ríe mientras dice que si James la escucha diciendo que está obsoleta se iba a ofender.

—Ya se ofendió cuando se lo pedí al abuelo y no me dio permiso —cuenta Luci emocionada—. Quiero empezar por asegurar la habitación del abuelo, me da miedo que le hagan algo. Tiene muchas ventanas de cristal.

Alessandro, al escucharla, se pone serio. Todo lo relacionado con la seguridad de su abuelo le presta atención. De inmediato le dice que él es el que manda. Solo antes deberá enseñarle lo que quiere hacer, que él se encarga de todo lo demás.

—Pelirrojo, ya sabes, eres a partir de hoy la sombra de Luci —dice al fin—. Puedes retirarte a organizar todo. A partir de ahora, Lucila es tu jefa.

—Sí, jefe —y se aleja.

Después de verlo irse, seguimos hacia el interior de la vivienda.

Mamá, de inmediato, se pone a hacernos desayuno.

Nosotros aceptamos y nos sentamos felices.

Mamá me regaña al decirle que no he dormido mucho, por no decir nada.

Pero en verdad no tenía sueño. Al ver a una enfermera dirigirse al interior con mamá, le pregunto:

—¿Cómo sigue Damián?

—Lleva unos días que se mueve un poco más, pero no despierta. ¿Van a entrar a verlo? —quiere saber Luci enseguida.

—No, es muy tarde, tengo que hacer muchas cosas —se niega Alessandro—. Luci, recuerda, aunque vayas de paseo, llama al Pelirrojo.

—O puedes llamarme a mí —intervengo enseguida.

Luci, como siempre, me abraza, diciendo que no me preocupara.

Le dará un reloj al Pelirrojo para que sepa siempre dónde está.

Luego me pide que le haga una cura. Alessandro dice que estará afuera con sus hombres mientras lo hago.

Aunque está un poco mejor, el cuerpo de mi pobre hermana está lleno de granos dolorosos.

Al final, Alessandro se va y me deja con ellas en la casa. Me acuesto a dormir con Luci y permanecemos así todo el día. Mamá nos despierta en el atardecer para obligarnos a comer. Me siento bien al ver que desperté y sigo recordando todo. Es de noche cuando Alessandro vuelve a aparecer en mi busca.

—Hasta mañana y gracias, Alessandro, por todo —nos despide Luci feliz con lo que piensa hacer.

—No hay de qué, hermanita menor —se despide Ale mientras me toma de una mano.

Regresamos abrazados a nuestra casa. Cada vez estoy más feliz al lado de Alessandro; si alguien me llega a decir cuando lo conocí, no lo hubiese creído.

—¿En qué piensas, Ale? —pregunto al ver su ceño fruncido, mientras caminamos por el campo de golf.