¡Ups! ¡No me equivoqué! 80. LAS DUDAS DE ADRIANO
27%

80. LAS DUDAS DE ADRIANO

ANDY:

La miré sin entender. Lilian se pone nerviosa cada vez que tiene que hacer una presentación.

Según Eva, casi toda su exposición la hizo mediante videos de ella investigando las cosas y llegando a una conclusión.

Apenas habló; a la gente le había gustado mucho porque representó toda su investigación con increíbles efectos y su voz de fondo.

—Fíjate si explicó todo tan bien, que nadie le preguntó nada después. Recibió la máxima puntuación —terminó de contar Eva, emocionada.

—Pues eso que me cuentas me convence más de que fue Luci, no mi Lili —afirmé, convencido de que había sido así.

—Tú estás loco, Andy. Ella llegó con el director Rufino, que es su tutor. ¿Cómo crees que él va a permitir un fraude así? —quiso saber ella, pero él tampoco me hubiera mentido en algo que era fácil de comprobar.

Luego de guardar silencio y analizar cada uno de los hechos que había relatado Eva, seguía convencido de que el director Rufino me había dicho la verdad sobre lo sucedido con Lilian.

—Eva, investigaré todo —acepté la duda que ella tenía—. Ahora dime, ¿fue Galatea quien le hizo eso a mi Lili?

—¿Por qué me preguntas eso? —eludió la respuesta.

—Eva, estoy consciente de que tú eres la ayudante de ella —advertí con severidad, sin dejar de mirarla fijamente—. Contéstame con la verdad antes de que te meta un tiro.

—No sé si fue ella —contestó, esquivando mi mirada.

—¡Eva! —comencé a apuntarla con mi arma.

Eva retrocedió asustada, levantando las manos mientras me explicaba que era verdad que en el simposio Galatea la obligó a que le presentara a Minetti y Rufino porque quería acostarse con ellos por dinero.

—Pero a nada más, Andy —subí mi arma y le coloqué el cañón en la frente.

—A mí no me puedes engañar, Eva; nos criamos juntos —sentencié con frialdad—. O me dices la verdad o te mato aquí mismo. ¿Qué fue lo que hicieron?

Al ver que hablaba en serio, comenzó a ponerse nerviosa, sobre todo cuando le quité el seguro al arma, y aceptó contarme todo lo que sabía.

Galatea la había hecho buscar al Pelirrojo, el hombre de Minetti del que me había hablado.

En aquel entonces, lo habían despedido porque dejó pasar a Lilian a la iglesia el día de la boda.

—Por eso lo busqué, para que matara a Lilian —no podía creerlo. Ella, al ver cómo la furia me invadía, se apresuró a aclarar: —¡Pero él no aceptó, Andy, no aceptó porque quería el dinero por delante y Galatea no tenía! ¡Lo juro por Dios que yo te lo iba a decir la noche de la fiesta!

—¡Eva! —apreté el cañón de nuevo en su frente.

—¡Es verdad, Andy, te lo juro por lo más sagrado! —siguió jurando mientras retrocedía y hablaba a toda prisa.

Había convencido a Galatea de que Lilian, cuando se enterara del compromiso entre ella y yo, me iba a dejar.

Prometió esperar y no hacerle nada a mi novia, y eso tenía sentido porque era verdad.

Después, cuando Lilian volvió a aparecer el lunes, y me había dicho todo aquello en la recepción, comprobó que era cierto.

—De pronto tenía más guardaespaldas que el propio Minetti; no pensé que le pudieran hacer nada. Esa es la verdad, Andy. Yo podré ser todo lo que sabes, pero no soy una asesina —aseguró, haciendo que bajara el arma—. Si Galatea contrató a alguien más, no lo sé; ¡te juro que no sé nada!

Todo lo que decía Eva tenía sentido y Galatea había estado a mi lado todo ese día. Por lo que bajé el arma para analizar y seguir investigando. La miré con frialdad, diciendo que la perdonaría por ahora porque veía que era sincera. Nunca había podido engañarme.

—De acuerdo, pero me ayudarás a averiguar si fue Galatea —insistí, a continuación, volviendo a apuntar mi arma hacia ella.

—Está bien, lo haré, lo haré —aceptó enseguida—. Pero baja esa arma, Andy, por Dios. ¿Qué piensas hacer ahora?

—Irme a Roma. Regresar al hospital —contesté al instante—. Si Lilian en verdad pasó eso, allí es donde irá.

—¿Seguirás trabajando en el hospital? —inquirió de nuevo Eva.

—Tú seguiste; ¿por qué yo no puedo? —la increpé—. Al final, apliqué por una licencia de seis meses. Ya casi se cumple. Empezaré hoy mismo.

—Está bien, vamos —aceptó ella, poniéndose de pie—. Me iré contigo; te prometí ayudarte y lo haré.

Aunque no confío completamente en ella, aceptaré su ayuda. Estoy decidido a todo por mi novia; averiguaré quién se atrevió a hacer semejante cosa. Lo mataré sin importarme nada más. Protegeré a mi mujer de todos.

Después de acomodar todas las cosas, juntos tomamos el auto rumbo a Roma. Estoy tan desesperado por llegar y saber si es verdad todo lo que me dijo el doctor Rufino que acelero al máximo, queriendo llegar lo antes posible.

—¿Oye, Eva, crees que mi Lili quedó muy mal de ese tiro? —quise saber, sin poder dejar de pensar en ella.

—Depende, Andy, de dónde fue y de lo que le afectó —responde con profesionalidad, y sé que es cierto—. Pero ayer te llamó como si nada.

—Es verdad —respondí, pensativo—. Pero parecía que había olvidado todo lo del simposio.

—Pues alégrate, porque así no se va a acordar de nada y podrás decírselo tú; ella confía en ti ciegamente —sugirió Eva—. De seguro te perdona todo cuando le digas que eran cosas de tu papá y te cases con ella. En verdad, Lilian te ama, Andy.

—Lo sé; fui un estúpido —dije en voz baja.

Llegamos al hospital y vamos hasta emergencias.

Todos nos observan, pero pretendo que no lo noto.

Muchos me felicitan por mi compromiso, que enseguida aclaro que eso no tenía nada que ver conmigo, que eran cosas de mi padre que ya se rompió, y que a quien yo amo y considero mi novia es a Lilian.

Me miran extraño cuando lo digo, pero así es.

Estoy atendiendo a un paciente cuando veo a Eva que viene corriendo y me hace señas de que vaya.

—¿Qué es lo que pasa? —cuestiono enseguida.

—Lilian está aquí; acaba de llegar —me avisa, para mi sorpresa.

—¿De veras? —me pongo de pie de un salto—. ¿Dónde está?

—Espera; vino en compañía de Minetti, el viejo Minetti, la hermana Lucila, su mamá y el director Rufino con su amigo español, Miguel —me cuenta en lo que me lleva hasta la puerta—. ¡Mírala allá, Andy, parece que te busca!

La sigo con el corazón acelerado. Es cierto, están en la entrada. No me dejo ver mientras miro a Lilian a lo lejos girando la cabeza como si me buscara, o eso creo. Me oculto de inmediato.

—¿Por qué te escondes? —pregunta Eva.