¡Ups! ¡No me equivoqué! 79. LAS ESPERANZAS DE ADRIANO
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79. LAS ESPERANZAS DE ADRIANO

ANDY:

No he pegado un ojo en toda la noche, estoy muy emocionado por ir a encontrarme con Lili.

Me levanté bien temprano y mandé a estar listo el helicóptero de papá.

Bueno, no de papá, sino de Minetti, que se lo arrebató todo por medio del capo Cian.

Menos mal que dijo que lo podíamos seguir usando.

Ahora somos sus trabajadores. Me iré definitivamente a Roma, me casaré con Lili y desapareceré con ella y su familia.

Sé que ellas no me quieren por cómo trataba a Lili, pero a partir de hoy las trataré como a mi familia.

Ayudaré a Lili con el tratamiento de Luci, y querré a mi suegra como una madre.

Seremos una familia feliz. Yo las cuidaré a las tres; debí hacerlo antes.

Fui un estúpido por querer tenerlo todo.

Ya son más de las ocho, de seguro Lili ya se levantó.

Deja llamarla para que me diga dónde nos encontraremos y a qué hora.

—Hola, doctor Adriano —me responde, para mi sorpresa, el director Rufino.

—Buenos días, director. ¿Puedo hablar con Lili? —pregunto. ¿Qué extraño? ¿Por qué el director responde el teléfono de Lili?

—Siento decirte, doctor Adriano, que ella tuvo un lapsus mental ayer y por eso te llamó, pero todo volvió a la normalidad —explica, sin que entienda nada. —Por favor, déjala tranquila; le harás mucho daño si la molestas ahora. No está en condiciones después del accidente que tuvo.

—¿Accidente? ¿Qué accidente? —inquiero, con el corazón acelerado.

—Alguien intentó asesinarla y le dispararon en la cabeza —responde, para mi consternación. Las rodillas me fallaron y caí sentado.

—¡¿Qué?! ¿Quién fue? ¿Cómo está? ¿Cuándo fue eso? —exclamo, desesperado.

Mi terror es tan grande que casi no escucho cuando sigue explicando que la asaltaron el último día del simposio y, en cuanto a quién fue, yo mejor que nadie debía saberlo.

—Está mejor —siguió explicando—. Pero ayer fue que despertó después de todos estos meses en coma, por eso te llamó. Por favor, no la vuelvas a llamar, y si ella lo hace, dile la verdad, no le hagas creer que son novios todavía; ella es una mujer casada.

—¿Mi Lili estuvo en coma todo este tiempo? ¿Por eso no me contestaba ni sabía de ella? —balbuceé, incrédulo.

—Así es. Espero, si es verdad que la amas, sepas, como doctor, qué es lo que más le conviene a ella —me pidió con severidad.

Por un momento me quedé anonadado. Mi mente se había detenido en el momento en que escuché que le habían disparado en la cabeza a mi pobre novia. Asentí a lo que me pedía; ¿cómo no lo iba a hacer? Lili debía estar muy desorientada.

—Lo haré, director, descuide —logré al fin decir—. Sé que no me cree, pero yo la amo de veras; haré eso que me dice por el bien de ella. Sin embargo, si regresa a mí, no la rechazaré.

—Está bien, es justo —aceptó el director—. Hasta luego, Adriano.

—Hasta luego, director, y por favor cuide mucho a mi Lili —le pedí, con un nudo en la garganta.

Me dejo caer en la cama, sin poder aún creer lo que me acaba de decir el director.

¿Quién le pudo disparar a Lili? ¿Galatea?

Sí, seguro que fue ella, o mandó a hacerlo por lo que le dije aquella noche del baile.

La desprecié como mujer y dijo que la mataría; nunca pensé que lo hiciera en realidad.

Esto no se va a quedar así; se lo había advertido que si tocaba a Lili, le pegaría un tiro entre ceja y ceja.

Rebusco entre mis cosas hasta que encuentro mi arma, la tomo y bajo las escaleras corriendo.

Al abrir la puerta choco con Eva que iba a entrar.

—¡Andy! —grita al verme.

—¡Ahora no, Eva! —la rechazo furioso.

—Oye, ¿a dónde vas? ¿Qué haces con esa arma? —me agarra por un brazo, tirando de mí—. Ven acá, no te dejaré ir hasta que me lo cuentes todo. Dale, ven conmigo a mi habitación.

Y me lleva casi arrastrado hasta su habitación. La sigo porque si ella ha tenido que ver en esto, no me va a importar que casi es como una hermana para mí; la mataré. También sé que ella sabe todo de Galatea.

—Siéntate ahí y cuéntame de qué va todo esto —me exige frente a mí—. ¿A dónde pretendes ir con esa arma? ¿No te ibas a Roma a ver a Lili?

—Acabo de hablar con el director Rufino cuando llamé a Lili —contesté, sin dejar de mirarla—. Él fue quien respondió el teléfono. Resulta que a mi Lili, a mi Lili… ¡Oh Dios!...

Y no puedo aguantar más y me echo a llorar solo de imaginar a mi pobre ángel con un tiro en su linda cabeza. ¿Quién podría hacerle una cosa así si ella no se mete con nadie?

—¿Qué pasó, Andy? ¿Por qué estás llorando? ¿Qué pasó con Lili? —quiere saber Eva, realmente preocupada.

—¡Alguien le disparó en la cabeza el último día del simposio!

¡Todos estos meses, mi pobre Lili ha estado tirada en una cama de hospital en coma!

Despertó ayer y lo primero que hizo fue llamarme a mí, ¡a mí!

—contesto en un alarido—. Por eso estaba tan extraña.

Pobrecita mi Lili, pobrecita. Todo es mi culpa.

—¡¿Cómo?! —se asombra Eva—. ¡Eso no puede ser verdad, Andy! ¡Lili fue a su graduación!

—¿Fue a su graduación? —la miro con incredulidad.

El director no pudo ser tan cruel ni mentirme con eso. Él no haría una cosa así; es un excelente doctor. Miro a Eva mientras ella dice que no vio a Lili de cerca el día de la graduación, pero cuando llamaron para recibir el diploma, ella subió.

—No se veía bien el rostro; ya sabes cómo es tu novia, que nunca se peina. Ni siquiera ese día se hizo un peinado bonito —insistía, muy segura—. Todo su cabello le cubría el rostro.

—¿Estás segura de que era Lili y no Luci, que fue en su lugar? —pregunté, con una sospecha en mi mente. Rufino no podía haberme mentido. —Ellas se parecen mucho cuando Luci riza su cabello.

—No sé; no pude acercarme a ella —contestó, levantando los hombros—. Porque después que tomó el diploma, desapareció.

—¿No fue a la fiesta? —indagué, con mi sospecha en la mente. Eva negó, lo cual casi me hace estar seguro—. Entonces estoy casi seguro de que fue Lucila ese día.

—¡Que no, Andy! —protesta Eva—. Tiene que ser Lili; ella fue y discutió su tesis. Yo no estaba, pero todo el mundo hablaba de lo innovativa de su presentación. ¡Era Lili, te digo!