78. FIN DE LA RETROSPECTIVA
ALESSANDRO:
Había regresado y debía ponerme al día sobre mis asuntos, sobre todo de lo que hacían nuestros enemigos. El abuelo me contó que tenía vigilada a Enrrieta, la mujer de Rodrigo. Pero ella no se había movido de la casa. Y me incitó a hacer algo pronto con ellos.
—Abuelo, lo primero es ver si eso que sospecha Rufo es verdad sobre ti.
No sabes lo contento que estoy de saber que puede no ser esa terrible enfermedad —dije, dejando claras mis prioridades.
—También ver que Luci siga correctamente el tratamiento.
Iré paso a paso, no te preocupes, acuérdate de que mi consigliere es un genio.
—¿No vas a utilizar los antiguos consiglieri? —quiso saber muy serio.
—Sí, pero Rufo será el principal —contesté, sabiendo que no los podía sustituir de pronto.
El abuelo aceptó, no queriendo herir el orgullo de los hombres que por mucho tiempo le habían servido.
Luego quería saber qué iba a hacer con el grupo de Demon que había traído conmigo.
Lo miré muy serio; no se le escapaba nada, seguía siendo el capo mayor.
No le escondí nada, le confesé que casi había eliminado a todos.
—Pero Rufo cree que la mejor opción es ganarlos como amigos, para que no aparezca ninguno queriendo reclamar a Lilian —le informé.
—Tienes que presentarla pronto y demostrar que ella tiene la marca que la hace tuya desde nacimiento —sugirió el abuelo. —Reúne todas las pruebas para formar el caso y presentarlo en la organización.
—Lo haré, abuelo —me puse de pie; era noche cerrada y estaba cansado—. Ahora voy a descansar, realmente me siento agotadísimo ahora que llegué aquí.
—Es lógico, hijo, es el lugar donde te sientes seguro —sonrió, palmeando mi hombro, complacido por mi regreso—. Ve, yo todavía quiero hacer algo, luego descansaré. No te preocupes, iré mañana a ver a Rufo, debí hacerlo desde el inicio. Buenas noches, hijo.
—Buenas noches, abuelo —me sentí complacido al escucharlo.
Pasé por la cocina, tomé un vaso de leche tibia que siempre me prepara Ninetta. Subí las escaleras para ver a la señora Libia contándole historias a Lilian, abrazada de ella. Se levantó al verme.
—¿Ya arreglaron todo en la casa? —inquirió enseguida.
—Sí, le mandé unos sirvientes y unas enfermeras, señora Libia. Ahora que Lili está así, creo que los van a necesitar para cuidar de Damián —le informé de inmediato.
—Está bien, hijo, porque en verdad quiero estar con mi hija todo el tiempo. Quizás al escuchar mi voz despierte —señaló ella, sin dejar de acariciar a Lilian.
—También lo considero —me acerqué a ella despacio—. Señora Libia, ¿puedo hacerle una pregunta sin que se ofenda? Verá, están corriendo unos extraños rumores de que Lili no es la hija real de Kenet, sino Luci.
—¡¿Qué locura es esa?! —exclamó enseguida, ofendida—. ¡Lilian es la verdadera hija de Kenet y mía! ¡La única que tuvimos! Lucila es su prima, ¡su prima!, ya te lo dije. No creas nada de eso, no son ciertos esos rumores.
Aunque sabía que era verdad, necesitaba escucharlo de ella.
Pero sus palabras y las mías no eran suficientes para demostrar que era verdad, por eso le dije que necesitaba hacer unas pruebas de paternidad para demostrarlo en la organización.
Para mi alegría, estuvo de acuerdo con realizarlas de inmediato.
—Además, tengo unos cabellos de la barba de Kenet guardados —agregó, para mi alegría—. ¿Te servirá?
—Sí, eso sería genial —respondí, más animado—. Nos evitaría tener que desenterrarlo, o eso creo. Bueno, cuando vaya a hacer todo, te aviso.
—Está bien, hijo, no importa lo que necesites hacer para lograr eso, yo te apoyaré.
Quiero que al fin mi hija esté segura, y eso solo lo va a lograr estando a tu lado.
Gracias, Alessandro, por ello —se puso de pie con un suspiro—.
Ahora me voy, Luci no está nada bien; esta crisis es de las más grandes que le han dado. No me gusta para nada.
—Está bien, señora Libia, mandaré que la acompañen —comenté, viendo el cansancio en su rostro—. Hasta mañana, cuidaré muy bien de Lili.
—Cualquier cosa me llamas, hijo —me pidió, sin dejar de mirar a su hija—. Buenas noches.
—Lo haré, señora, descuide —le aseguré, acompañándola a la puerta de la habitación.
Realicé un baño caliente que relajó todo mi cuerpo. Luego me acosté a tu lado, te besé suavemente en los labios y me gustó mucho ver cómo te girabas y te metías entre mis brazos.
—¿Hice eso dormida, Ale? ¿Te reconocía de veras en mi sueño? —cuestionó, ilusionada, Lilian.
—Sí, cariño, lo hiciste todo el tiempo que permaneciste dormida —contesté, estrechándola fuerte—. Y yo cada noche te hacía la misma pregunta antes de dormirme.
—¿Cuál? —preguntó, llena de curiosidad.
—¿Cuándo vas a despertar, cariño? —susurré en su oído—. Te extraño tanto; por favor, dame la alegría mañana, despierta para siempre, Lili. Era lo que te pedía.
—Oh, Ale, te amo tanto —dijo, besándome con pasión.
Luego te estrechaba fuerte contra mi cuerpo, así como ahora; tú seguías acomodándote encima de mi pecho, tu hermosa melena cubriendo mi rostro como siempre. Extrañé tanto que me dijeras "buenas noches, amor", de veras.
—¿Por qué demoraste tanto en aparecer en mi vida? —quise saber, sonriente.
—No lo sé, amor, pero ya estoy aquí, para siempre —me aseguró con una sonrisa.
—Gracias a Dios que escuchaste mi ruego. Regresa a mí, Lili, por favor. Regresa, ya no sé vivir sin ti —te rogaba cada noche antes de dormirme—. Lo hiciste, y espero realmente que sea para siempre.
—Yo también, Ale, yo también —contestó a mi reclamo.
Fin de la retrospección.
—Y eso fue todo lo que pasó mientras dormías, cariño. No me salté nada de la otra vez que despertaste, ¿te acuerdas, verdad? —Lilian asintió—. Bueno, después de esa vez, volviste a despertar una semana después, que también te acuerdas. ¿Contenta?
—Sí, mucho. Tenía este vacío en mi cabeza y no me gustaba que hablaran todos de cosas que no sabía —confesó, acomodándose en mis brazos—. Pero así como me lo contaste, es como si hubiera estado presente. ¿Sabes que tienes una excelente memoria? Contaste todo con mucho detalle.
Estuve de acuerdo. En la vida de un mafioso no podemos olvidar nada. Cada detalle puede significar la vida o la muerte. Por eso, ella también tenía que entrenar su mente a observar cada cosa; de eso podía depender que viva o muera.
—Hasta ahora has ido por la vida con un único pensamiento: salvar a Luci —dije con firmeza—. Tienes que cambiar eso.
—Es verdad, nunca me he fijado en nada más —aceptó ella—. Mis amigos y Luci me lo dicen, que voy por la vida sin mirar a mi alrededor.
Todos tenían razón; en el tiempo que llevamos conociéndonos me di cuenta de que no le interesa nada de lo que pasa a su alrededor. Pero eso tenía que cambiar; a partir de ahora la entrenaría para que observe cada cosa.
—Está bien, cariño —aceptó Lilian—. Sabes que soy muy buena aprendiendo cuando me lo propongo. ¿Recuerdas que aprendí todo lo de las armas y el funcionamiento en una tarde?