¡Ups! ¡No me equivoqué! 73. CONTINUACIÓN DEL REGRESO
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73. CONTINUACIÓN DEL REGRESO

ALESSANDRO:

Estaba tan feliz de que te hubieras despertado al fin que me dormí abrazado a ti todo el viaje.

Ese tiempo fue un infierno para mí. Extrañé tanto a mi esposa que, aún teniéndola conmigo, creí que iba a enloquecer.

Tu silencio me mataba, pero despertaste y, al parecer, ibas a estar bien, con un poco de secuela que Rufo decía que se te iba a quitar.

Me desperté cuando el avión aterrizó. Me levanté y miré por la ventanilla.

Todo estaba listo: las ambulancias, mis hombres, los autos.

Observé a la señora Libia, Luci y mi abuelo junto a James, esperando ansiosos al lado de un auto.

Giré hacia ti; estabas tan bella en la cama.

Me acerqué y te besé suavemente en los labios, tratando de despertarte sin que te asustaras.

Pero no lo hiciste, cariño, no lo hiciste, y empecé a desesperarme.

—Cálmate, Ale, debe ser por el viaje —me dijo Rufo.

—Está bien. ¿Crees que vuelva a hacerlo, Rufo? ¿Cuánto tiempo crees que le lleve esta vez despertar? —Estaba consciente de que no tenía respuesta para eso; sin embargo, le pregunté por el miedo que me embargaba.

—No lo sé, Ale, no lo sé —respondió, y pude observar su rostro preocupado, aunque trataba de disimularlo delante de mí.

Lo conozco muy bien, y escuchar que no sabía qué pasaba contigo, Lili, hizo que mi corazón se contrajera de angustia. ¿Si él no sabía? ¿Quién? Y mi pensamiento fue hacia el único que tenía la respuesta.

"Dios, por favor cuida de mi Lili, cuídala mucho y devuélvemela." Recé en mi mente mientras me dirigía a la cama para tomarte en mis brazos.

—Oh, Ale… te amo, te amo, cariño. No sabía que se podía amar tanto —Lilian me estrechó muy fuerte—. Perdóname, cariño, por hacer esa locura y por hacer que tú sufrieras otra vez. ¿Cuánto tardé después de eso en volver a despertarme? ¿Tuviste que esperar mucho?

—Deja que te siga contando todo lo que pasó en orden, como me pediste —le pedí con una sonrisa—.

Te tomé en mis brazos, me puse feliz al ver cómo acomodaste tu cabeza en mi pecho y te abrazabas, a pesar de que estabas dormida.

Eso me llenó de alegría; al menos es algo que no hacías antes.

Es verdad, pensé, quizás el viaje te había cansado o el despertar de pronto.

Bajamos del avión; todos vinieron a recibirnos.

Lucila corrió hacia nosotros con lágrimas en los ojos, mientras mi abuelo se mantenía firme con preocupación en su rostro. Con Lilian en mis brazos, dejé que la revisaran.

—Ale… ¿cómo está? ¿Cómo está mi Lili? —quiso saber entre sollozos la señora Libia, mientras te acariciaba y te llenaba de besos llorando—. Lili, hija, ¿cómo pudiste atentar contra tu vida?

El bullicio de los hombres de seguridad acomodando todo nos rodeaba.

Algunos miraban a Lilian de reojo, preocupados al verla en ese estado en mis brazos.

Era algo que llenaba su atención porque jamás me habían visto mostrando vulnerabilidad desde que era su Capo.

Pero eso era algo que no me importaba. Confiaba en todos ellos, y en ese momento, la única que me importaba era mi esposa, que seguía completamente dormida.

—Pobre mamá, ¿cómo pude hacerlos sufrir a todos así? —murmuró Lilian a mi lado. La miré para ver si estaba dormida, pero sus ojos verdes estaban brillosos por las lágrimas y la tristeza—. Fue una locura, ¿cómo no pensé en eso?

—Ya pasó, Lili, sé que no lo volverás a hacer —le besé el centro de su cabeza.

—Sí, no lo haré. No importa lo que tenga que aguantar, jamás seré egoísta y pensaré en mí nada más —la voz de Lilian sonaba ahora segura—.

Por mi culpa, mamá ha sufrido demasiado, Luci tiene una enorme crisis, Damián está muriendo, y tú, amor, te he hecho sufrir tanto que no sé cómo voy a hacer para resarcirte de eso.

—Solo mantente saludable, viva y siempre a mi lado —le pedí cubriéndola con la colcha ante el frío de la madrugada.

—Lo haré. ¿Por qué no me llevaste a mí para casa de mamá? —cuestionó con un suspiro.

Mi memoria volvió de nuevo a ese instante en que llegamos a nuestra casa. Rufo daba instrucciones rápidas a las enfermeras que estaban listas para asegurarse de que todo estuviera bajo control.

—Tu mamá, Libia, me lo pidió —contesté de inmediato—. Rufo había dicho que tenías que estar en un lugar que reconocieras, y esa era mi habitación. Yo no quería separarme de ti, amor, por eso no te llevé con tu mamá. Pero le dije que podía pasarse todo el tiempo que quisiera con nosotros.

Cerré los ojos, recordando la sensación de angustia que me invadió cuando mi suegra me pidió varias veces que la dejara cuidar de Lilian y que la llevara para su casa en el lago.

Pero no pude permitirlo; no podía separarme de ella ni un instante.

La quería a mi lado, el único lugar que sentía lo suficientemente seguro para que nadie pudiera hacerle daño.

—¿No se ha despertado todavía? —quiso saber Luci, también al acercarse. Ahora que lo pienso, ese día no me fijé bien en ella, pero estaba muy demacrada. Pero le respondí: —Lo hizo en el avión un rato, pero se volvió a dormir. Seguro despierta pronto.

Al ver su expresión de temor, traté de darle ánimos porque era el mismo miedo que yo tenía, de que no despertara. Lucila estaba al tanto de todo lo que había sucedido con su hermana. Se dedicó a acariciar a su hermana con lástima.

—Pobrecita —murmuró con lágrimas en los ojos.

—Vamos, dejen que lleguemos a la casa —nos interrumpió Rufo, y todos en silencio hicimos el recorrido.

—Alessandro —me detuvo Ninetta al entrar a la casa—. ¿Cómo está la señora?

—Mejor, Ninetta, pero ahora volvió a dormirse —expliqué mientras trataba de subir las escaleras.

—Ninetta, deja que la suba a la habitación —intervino mi abuelo, que me miraba con unos tremendos ojos de preocupación—. Hijo, ¿cómo estás?

Me había quedado asombrado mirando a mi abuelo acercarse a mí con pasos lentos y seguros. Era algo que no esperé ver; él había dejado de hacerlo y se movía en su silla de ruedas. Me detuve y esperé que llegara.

—¿Abuelo, caminas solo? —La pregunta salió sin que pudiera impedirlo.

—¿Qué hace Damián aquí? —preguntó al ver que llegaba la segunda ambulancia y los camilleros abrieron la puerta dejando ver a Damián. —¿Por qué no me avisaste?