71. SIGUIENDO CON LO SUCEDIDO
ALESSANDRO:
Cierro mis ojos y recuerdo la tortura que le apliqué a Freya.
En este momento, me doy cuenta, ahora que estoy recordando todo, de un detalle.
¿Cómo no me di cuenta antes de ello? No sé por qué tengo la sensación de haber visto la foto de Minerva en alguna parte mucho antes de conocerla en persona, ¿pero dónde?
—Ale —escucho a Lili llamarme.
—¿No tienes sueño, amor? —inquiero enseguida, girando para verla. —Podemos seguir mañana.
—Estoy preocupada con esos resultados y no puedo dormir —confiesa, acomodando su cabeza mejor en mi pecho. —Sigue contándome todo, aunque tengo mis ojos cerrados, te escucho.
Le besé la frente y proseguí. Había llegado al aeropuerto y ya todo estaba listo. Rufo había hecho que acomodaran a Damián en una cama fuera de la habitación del avión, pero muy segura.
—Tú dormías plácidamente en nuestra cama. Parecías tan hermosa dormida —estreché con fuerza a mi esposa—. Me acosté contigo a la hora del despegue por si te despertabas, no te fuera a entrar el pánico. Al ver que seguías dormida, salí a conversar.
Saludé a Miguel, que estaba sentado, blanco como un papel, en uno de los asientos.
Le pregunté qué le sucedía y me contestó que no sabía.
Desde el día anterior no dejaba de vomitar, no se le quedaba nada en el estómago.
Rufo creía que era una comida que ingirió, pero me confesó que cada cierto tiempo le daban esos vómitos y dolores.
Pero esa vez no sabía si era por el susto de lo que habías hecho o por viajar todos los días; se sentía fatal.
—¿Se lo dijiste a Rufo, que te da a cada rato? —quise saber al ver que sudaba frío.
—Ay, chico, ¿cómo lo voy a preocupar con todo lo que está tratando de resolver? —fue su respuesta—. Lo conoces, mejor que nadie.
—Sí, Migue es así, esconde sus enfermedades —murmuró Lilian con los ojos cerrados—. ¿Se lo dijo a Rufo?
Le insistí en que debía decírselo porque a lo mejor era otra cosa. Le recordé que era lo más importante en la vida para Rufo. Nunca antes lo vi andar con una pareja para todas partes ni preocuparse como lo hace con él. Le exigí que se lo dijera porque no quería que lo desconcentrara.
—Se lo diré cuando lleguemos y acomode a todos, no se lo digas. ¿De acuerdo? Me siento fatal —se puso de pie y salió corriendo—. Espera, tengo que ir a vomitar de nuevo.
—¿A qué no le dijo nada? —quiso saber Lili de nuevo—. Migue es muy cabezón. Llevaba tiempo diciéndole que era el bazo, pero se negaba a ir al hospital. Me alegra que Rufo lo descubriera.
—No fue así, Lili, deja que te cuente —la interrumpí—. Lo vi alejarse corriendo rumbo al baño y dirigí mis pasos hacia Rufo, que estaba revisando a Damián. Realmente estaba muy demacrado, había bajado mucho de peso; no me había fijado en él.
—¿De veras estaba tan mal? —preguntó Lilian.
—Sí, muy grave, llegué a pensar que no lo iba a lograr —contesté con honestidad.
—Pobre Damián, y todo por salvarme —suspiró Lilian en mis brazos.
No pude dejar de recordarle que, aunque lo había salvado, también lo había raptado. Por suerte, ella estaba consciente de ello, recordando que Damián pretendía llevársela para una isla hasta que se enamorara de él. Pero eso no le quitaba el mérito de que la había salvado tres veces.
—No se lo quito, por eso está aquí —la besé con cariño.
Damián estaba realmente mal; Rufo se sentía mal por no haberlo atendido antes.
Me asusté mucho, en serio, no quería que muriera para evitar que ella se sintiera culpable, y porque es mi amigo.
Rufino había supuesto que lo estaban atendiendo bien, pero no era así.
Por suerte, Ignacio nos avisó. Ya le había puesto un buen tratamiento a ver si lograba revertir todo lo que le hicieron.
—Estaba pensando, Ale, no llevarlo para el hospital, sino a tu casa —señaló Rufo sin dejar de atender a Damián—. Así no tendremos que preocuparnos de su seguridad; podemos irnos Migue y yo a vivir contigo.
—¿En serio? —le consulté, contento—. No sabes el tiempo que llevo, desde que conocí a Rufo, queriendo que viviéramos juntos. Por eso acepté enseguida que trajera a Damián para aquí.
—Sí, no lo hago solo por él —me confesó Rufo—.
En realidad, lo estoy tomando de excusa para estar al lado del abuelo.
Quiero ver por qué de pronto se le ha acelerado toda la enfermedad.
Me preocupa realmente, su enfermedad avanza algunas veces rápido, pero no a esa velocidad.
Sé que se niega a que yo lo atienda porque soy joven; confía en su viejo y amigo doctor, pero quiero hacerlo, Ale.
Siempre he sospechado que es otra cosa lo que tiene.
Debes ayudarme a convencerlo de que sea su doctor.
Suspiré al escuchar a Rufo; también quería que lo fuera. Luego se me ocurrió la idea de pedirle a Luci que lo convenciera. Mi abuela la adora como si fuera su nieta de verdad; de seguro aceptaría.
—¿Entonces está bien que llevemos a Damián para tu casa? —insistió Rufo mientras el avión avanzaba con tranquilidad—. Pensaba hablar con la señora Libia; creo que el silencio de su casa sería ideal para él.
—No es mala idea, se lo pediré —acepté su sugerencia—. También por si Lili se despierta, no sufra de una conmoción. Tú préstale un poco de atención a Migue, no lo veo bien.
Rufo, al escuchar que mencionaba a Miguel, se giró buscando con la mirada, pero no había salido del baño, diciendo la excusa que le había dado aquel de que era una indigestión. Levanté una ceja con expresión de incredulidad. Pero antes de que fuera a verlo, tu voz nos interrumpió.
—¡Ale…! ¡Ale, amor! ¿Dónde estás? —me llamaste desde la habitación.— Ahí fue cuando despertaste la segunda vez, amor.
—¿En el avión? —preguntó Lilian, levantando la cabeza para verme.
No lo podía creer, que te hubieras despertado precisamente en el avión. Temí que te entrara el pánico; la abracé con fuerza y, siguiendo con la historia, le dije: —¿Qué fue eso, Rufo? ¡¿Lili despertó?!
—No tengo claro ese despertar en mi memoria —musitó Lili adormilada.
—No fue muy largo —me apresuré a contarle.
Rufo y yo salimos corriendo, abrimos la puerta. Ella estaba tratando de sentarse, mirándonos con expresión de no comprender nada. Me asusté pensando en que te podría entrar el pánico al volar.
—¡No te sientes, amor, no puedes! —dije mientras me sentaba a su lado—. Te dije al ver que intentabas hacerlo.
—Ale…