68. EL DIAGNÓSTICO DE RUFINO
ALESSANDRO:
Salgo de la habitación casi corriendo rumbo a la de Rufo. La puerta se abre justo cuando la voy a golpear y él sale con unos papeles en las manos. Levanta la cabeza al verme con una mirada intrigada.
—¿Y esa cara, Alessandro? ¿Algún problema? Ahora mismo iba a verlos —señala queriendo continuar, pero lo detengo.
—No pasa nada, vine a preguntarte algo —digo, deteniéndolo—. Pero dime tú primero qué cosa nos ibas a decir. Además, Lilian se está bañando ahora.
—Está bien, le puedes llevar tú los resultados —me extiende los papeles que tiene en las manos—.
Sé que es muy difícil, Alessandro, aguantarte, pero mira, no sé por qué le subió de nuevo la presión cerebral.
¿Se ha quejado de dolor de cabeza o apretazón?
¿La ves moverse incoherente o de lado? ¿Has notado si se le mueven los ojos rápidamente?
Tomo los papeles y los observo sin entender, pero todas las ganas que traía de estar con mi mujer se desvanecen ante sus palabras. Niego con la cabeza a todas las preguntas que me hace, que me están asustando.
—¿Es tan serio? —inquiero, sintiendo la apretazón en mi pecho crecer.
—No lo sé. Tengo que hacerle unas pruebas mañana para descubrir qué es lo que está pasando con ella y saber por qué tiene esos niveles —me contesta fríamente, como es su costumbre—. ¿No has hecho nada, Alessandro? ¿Juegos sexuales ni nada?
Niego con vehemencia, explicando que precisamente a eso era a lo que había venido a preguntarle. Quería saber si podíamos intimar. Le digo que solo nos besamos, y no muy profundo.
—La estoy cuidando bien, Rufo —aseguro con seriedad.
—¿Te ha dicho si está muy excitada? —cuestiona con seriedad.
—¿Cómo lo sabes? Excitada no, está quemándose, y a mí con ella, por los deseos que tengo de hacerla mía —respondo enseguida—. No te miento, Rufo, creo que no me voy a poder aguantar. Me está enloqueciendo.
—Pero, Alessandro, tú puedes aliviarte solo —me advierte de inmediato—. Ella es la que no debe excitarse en lo absoluto. Tiene que estar lo más calmada y tranquila posible.
Doy dos pasos fuera de la habitación, apretando el puente de mi nariz. Rufo se acerca, cerrando la puerta detrás de él. Lo miro, confesándole que eso va a ser muy difícil. Le cuento que Lilian me acababa de confesar que con solo abrazarla o besarla la vuelve loca.
—¿Qué crees que deba hacer, Rufo? —quiero saber, preocupado.
Rufo guarda silencio, analizando todo lo que le he dicho. Luego sugiere que es mejor que la ponga a dormir con Lucila o su mamá. Porque un día no me voy a poder aguantar, ni ella, y lo vamos a hacer.
—Si eso pasa, Ale, me temo que le dé un derrame cerebral con esos niveles que están reflejados aquí —el corazón me dio un vuelco—. Toma, llévaselos para que ella comprenda la seriedad del asunto y te ayude.
—Está bien, gracias, Rufo. ¿Cómo está Miguel? —pregunté, cambiando de tema.
Rufino mira hacia atrás, y cuando vuelve a verme, me dice que casi está bien.
La recuperación fue increíble. Puedo ver el brillo en su mirada y sé que Miguel estará bien.
Él suspira y me pide que le diga a Lilian que si tiene alguna pregunta, que se la haga mañana en el desayuno o cuando vaya al hospital.
—Está bien —acepto resignado—. ¿Rufo, qué pasó con Milena, la hija de tu conocido?
Me cuenta que se la dio a su padre y la están investigando, porque hay algo en ella que no le cuadra. No sabía explicarlo, pero aún sentía que estaba escondiendo un secreto.
—¿Sabes qué me dijo cuando estaba saliendo de la anestesia? —continuó en voz baja—. Dijo que conocía al Dragón del Fuego.
—¿Dragón del Fuego? —lo observo intrigado—. ¿Quién es ese y por qué no me dijiste nada hasta ahora?
—Porque pensé que deliraba —contesta enseguida—. Pero ahora me dijeron que así le decían a Kenet. Además, me contactó para pedirme trabajo, que si no la podía poner de sirvienta aquí en la casa. Pensé en ponerla en la casa de la señora Libia, ¿qué crees?
Me quedé observando a Rufo, pensativo. Esas nuevas informaciones me daban que pensar.
En el mundo de la mafia, las coincidencias no existían.
Mi mente ya estaba elaborando posibles conexiones y movimientos.
Ser el UNO me había sobrecargado de trabajo.
Tenía que asumir completamente ese cargo.
Debía aprender cada cosa que se relacionara con ellos.
Pero alejarme de Lilian no era una opción; mis nervios explotarían si no la tenía a mi lado.
—No, Rufo, no hagas tal cosa —negué de inmediato—.
Si en verdad a Milena la raptaron cuando era muy pequeña, como me dices.
Ella debe haberse enamorado de Demon de verdad, quiere utilizar el hecho de que te conoce y su padre te ayudó para entrar en la casa.
No sé por qué, estoy sospechando que el que está detrás de todo esto es de los Dragones y ella es un peón más.
—También lo pensé, Ale, por eso quería traerla, para ver si le extraía todo lo que sabe —insistió en su idea—. Pero tienes razón, mejor le ofrezco algo en el hospital y veré cómo lo hago.
—Haz eso, Rufo —miré el reloj, viendo que era muy tarde—. Hasta mañana y no te preocupes, yo me aguanto.
Avanzo despacio rumbo a mi habitación con los resultados de las pruebas de Lilian en mi mano. Toda la calentura que tenía se había ido como por arte de magia. Al abrir la puerta, veo a Lili acostada en el centro de la cama.
—¿Adónde fuiste? —quiso saber en cuanto me vio—. Perdóname cariño, solo jugaba un poquito contigo. Ji, ji, ji… ¿Qué son esos papeles?
—Me los dio Rufo para que te los trajera; dice que no puedes excitarte, que debes estar muy calmada, cariño. Nada de juegos de ningún tipo —le entrego los resultados que toma sentándose en la cama—. Toma, yo no entiendo nada. Me voy a bañar en lo que los estudias.
Sin esperar su respuesta, me meto en el baño y cierro con cerrojo; sé que ella es capaz de colarse conmigo en el baño.
Para mi alivio, no me molesta y me deja bañarme tranquilo.
Al salir, la veo sentada muy seria en la cama.
Camino despacio secando mi cabello mientras la observo.
Al verme, levanta la cabeza de los papeles para mirarme.
—Es verdad lo que dice Rufo, no podemos hacer nada, Ale, ni siquiera besarnos. ¿Crees que puedas resistir, cariño? —pregunta con preocupación—. Si no, me puedo ir a dormir con mamá. ¿Qué opinas?