60. LO QUE HIZO DAMIÁN
ALESSANDRO:
Apoyé mis manos en sus hombros, manteniendo la calma que claramente no podía compartir con ella.
Todo lo que decía me daba más razones para agradecer a Damián.
A pesar de todas nuestras rencillas, estaba consciente de su lealtad hacia mí.
Además, estaba convencido de que cualquier cosa que había hecho Damián tenía una intención, como buen mafioso que era.
—Cálmate, no te alteres así, no llores, dime lo que sea. Vamos, Lili, me estás asustando —traté de calmarla, recordando lo que me había advertido Rufo.
—Damián… —siguió sollozando Lilian—. No solo me salvó esa vez… ¿Cómo pudo hacer eso?
—Amor, deja de llorar ya, por favor. Ven, deja que te limpie la cara, no llores más o no seguimos hablando de eso —le llamé seriamente la atención—. Lo sé, no te salvó una sola vez; en el hotel también lo hizo llevándote con él cuando te introdujiste en su auto.
—No, no, Ale, no me refiero a eso —Lilian se alejó un poco de mí, revolviendo su cabello.
Se detuvo y me miró fijamente—. Cuando Demon llegó a la casa, yo estaba esperándote, lista para saltar por la ventana.
Damián me llamó, yo no podía correr, sollozaba sin poder controlarme.
Y él me llevó cargada hasta la habitación de su papá, con la voz quebrada seguía contándome, me escondió en un pequeño clóset detrás de un cuadro, entre lágrimas.
Yo quería que se metiera conmigo, pero no lo hizo, ¡se negó!
—No había necesidad. Demon confiaba en él —dije, haciendo que se sentara de nuevo—. Deja de llorar ya, linda, todo pasó, ya estás a salvo. Eso te puede hacer daño. Mejor no seguimos hablando de esos malos recuerdos.
—Quiero hacerlo, Ale. Tengo que decirte lo que realmente sacrificó Damián por mí.
Es verdad que Demon confiaba en él y, al parecer, eso que dijiste lo pensaba él también —se detuvo para sonar su nariz—.
Pero Demon le exigía que le dijera dónde yo estaba o mataría a su papá.
¡Damián dejó que mataran a su papá por no delatarme! ¡Él hizo eso por mí!
Y se echó a llorar desconsoladamente. Me quedé de una pieza, tampoco puedo creer que él haya hecho eso por Lilian.
Su padre era la única familia que tenía, jamás lo sacrificaría por nadie.
Confió demasiado en Demon y cometió un error.
Para tranquilizar a Lili, y porque considero que fue lo que pasó, le digo:
—Amor, de seguro pensó que Demon solo estaba alardeando. Nunca imaginó que le fuera a matar a su papá de verdad —expliqué mientras le apartaba el cabello del rostro lloroso—. Damián seguro confiaba en que, si no te encontraba ahí, Demon dejaría de desconfiar de él y se iría.
Lilian guardó silencio sin dejar de mirarme. Luego, más tranquila, estuvo de acuerdo en que yo tenía la razón porque Damián le había advertido, cuando la escondió, que no hablara, que de eso dependía que nos mantuviéramos vivos.
—¡Pero ese diablo de Demon no solo mató a su papá, sino que le dio un tiro a Damián!
—gritó desconcertada—. Escuché cuando él gritó cuando mataron a su papá y amenazó con matar a Demon.
Luego sentí cómo cayó contra la puerta del clóset en que yo estaba.
Me costó mucho trabajo salir. Pero lo curé, Ale.
¿Eras tú el que ibas detrás de la camioneta que nos perseguía Demon?
Asentí mientras la abrazaba, arrepentido de no haberla alcanzado por estar persiguiendo a Demon. No debí dejar que se alejaran, pero me detuve eliminando a todos los que podía, y ellos se alejaron.
—¿Así que eso fue lo que pasó? Ahora entiendo.
Por suerte Ignacio, el guardaespaldas personal de Damián, era el que nos guiaba.
Me dijo que estarían seguros —seguí contando lo sucedido—.
Lo que no me di cuenta fue de que Demon se me había adelantado, había mucha niebla.
¡Dios, cariño, quise morir al abrir la puerta y ver cómo te disparabas en la cabeza!
El mundo se paró para mí en ese instante.
Cerré los ojos con un escalofrío recordando el instante en que abrí la puerta y vi lo que había hecho, sentí que el mundo se paralizaba.
Quise morir en ese instante al darme cuenta de que Lilian, mi amada, se había disparado en la cabeza.
Era como si la vida se me escapara de las manos.
Mi corazón se hundió en un abismo de desesperación, una mezcla de horror y culpa que me estrujaba el pecho. ¡No pude hacer nada!
Me sentí impotente, incapaz de protegerla, y ya todo era un eco lejano de lo que podría haber sido. Los brazos de Lilian rodeándome hicieron que abriera los ojos.
—Perdóname, amor, no lo volveré a hacer —susurró mientras me llenaba de besos. —Pero en serio, me aterraba la idea de que me atrapara Demon. ¿Entonces fue ahí donde volvieron a herir a Damián, tratando de salvarme por tercera vez?
Tomé aire, queriendo salir de aquel terrible recuerdo.
Estreché a Lilian muy fuerte, agradecido a la vida que estuviera viva en mis brazos.
Cuando perdí a Celia y a Alessandrito fue un golpe devastador; la vida que construimos juntos se desmoronó, y todo lo que quedó fue un vacío insoportable.
Pero ese dolor no era ni la mitad de lo que sentí cuando observé esa escena.
—Aunque me duela admitirlo, Damián te salvó tres veces —acepté volviendo al relato de lo sucedido. —Por eso es que estoy haciendo todo por él.
—Sigue contándome qué más pasó —exigió ella. —¿Cómo es que decidiste traer a Damián con nosotros para Italia? ¿Quién quería matarlo?
—Está bien, fue el propio Ignacio quien lo descubrió.
Después de hablar lo del testamento y de ordenarle al abogado que comprara todo.
Que para mi sorpresa lo hizo al instante, adquirió todo lo de Damián —conté con satisfacción.
—Esos desgraciados tenían en venta casi todas las acciones de las empresas; mandé a Luci que les ofreciera un mejor precio, para que no se dieran cuenta de que era yo, y aceptaron enseguida.
—¿Pagaste todo ese dinero a esos traidores? —cuestionó con incredulidad.
Negué riendo, satisfecho por la pericia de su prima Lucila.
Me ayudó a recuperar toda la fortuna de Damián.
También ella hizo que la cifra fuera a parar a las cuentas de la empresa central, que los muy estúpidos le dieron, para dar a entender que era Damián quien vendía y que creían que controlaban por tener firmas autorizadas.
Pero cuando transfirieron todo a su nombre, Luci al momento puso como requisito que tenían que solicitar su firma para extraer cualquier cantidad de dinero. Abuelo la ayudó con un amigo del banco.
Lilian me observaba con incredulidad mientras seguía explicando todo lo que había hecho con la ayuda de su prima, que es muy buena.
Además, como los requisitos de los bancos cuando son transferencias grandes, se llevan unas cuantas horas y a veces días para que se aclare todo y puedan disponer de ese dinero. Lo habíamos utilizado a mi favor.
—En estos momentos, todo lo de Damián está no a nombre mío, sino de Elsie Lemert, es decir, Luci —confesé con una sonrisa. —Pero en cuanto despierte Damián, lo pasaremos a su nombre.
—¿En serio, Ale, confías tanto en mi prima? —preguntó mirándome con admiración.