¡Ups! ¡No me equivoqué! 56. LA AMO CON TODO MI SER
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56. LA AMO CON TODO MI SER

ANDY:

Guardé silencio ante su pregunta. Sí… sí la amaba, ¿o no? ¿Estaría encaprichado con ella? La duda pasajera me inquietó por un instante, pero la borré de mi mente tan rápido como había llegado. Lilian se había metido en mi corazón para siempre.

—Sí, la amo con todo mi ser —contesté sin titubear—. Haré todo lo que me pida con tal de que me perdone.

Eva se quedó mirándome fijamente unos segundos, luego se encogió de hombros, volviendo su atención a sus uñas, pero conocía ese gesto. No necesitaba hablar para saber que todavía dudaba de mi sinceridad.

—Suerte, la vas a necesitar. Porque si la estrenó Minetti, no creo que regrese a ti.

Ese hombre es una fiera en la cama. —Mientras hablaba, levantó la cabeza para mirarme antes de decir descaradamente—: ¡Lo que diera yo por tener una noche con él!

Una vez lo vi en un club de sexo, ¡madre mía!

Lo que ese hombre tiene vuelve loca a cualquier mujer que agarre, y es un experto, te lo advierto.

Así que si él inició a Lilian, te vas a tener que emplear a fondo para borrárselo del cuerpo.

Era tan descarada que por un momento deseé estrangularla. Pero no pude evitar estremecerme al imaginarme a Lilian debajo de Minetti. No, mi Lili no haría una cosa como esa. Ella no rompería su promesa. Aunque Eva podía tener razón en lo que decía. Lilian había anunciado que era la señora Minetti.

—Dudo mucho que Lili se entregara a él, la conoces —me negué a admitirlo—. Ella le prometió a su papá llegar virgen a la boda, y sé que lo cumplirá.

—Bueno, ojalá, Andy —dijo con un suspiro de impotencia—. Otra cosa que quería advertirte ahora que somos hermanos: cuídate de esa mujer que confundimos la otra vez con Lilian en aquel club.

—¡Yo no me confundí! Me di cuenta enseguida de que no era mi Lili.

Es más baja y no posee el color verde tan hermoso que tiene Lilian —aclaré de inmediato porque era cierto—.

Tampoco tiene el lunar como una estrella que tiene Lili en el hombro, ni sus piernas son tan hermosas como las de ella, ni sus labios son…

—¡Oye, oye, oye, detente! ¡Sí que estás enamorado de Lilian! —me dio una palmada riendo para que me detuviera—. Pues yo sí me confundí. Y no sé por qué, Andy, pero creo que ella quiere hacerse pasar por Lilian.

No dije nada recordando a aquella mujer que nos habíamos encontrado que me había dejado confundido. No había vuelto a pensar en ella, pero ahora que Eva lo mencionaba, pensé seriamente en aquella situación que ahora me parecía sospechosa. Nuestro encuentro había sido extraño, demasiado extraño.

—¿Por qué dices eso? —pregunté, queriendo saber su opinión.

—Ayer la volví a ver en otro club, se sentaron justo detrás de mi mesa —siguió informándome Eva—. Estaba acompañada de un ruso, un alemán y creo que un chino. Había mucho ruido, pero escuché que se presentaba con el nombre de Lilian.

Me quedé pensativo al escuchar a Eva. Aún así, sus dudas tenían peso. Tenía que estar alerta a todo lo que rodeaba a mi Lili. Estaba consciente de que había muchos detrás de mi mujer, y no iba a permitir que nadie le hiciera daño ni se apoderara de ella.

—¿Estás segura de eso, Eva? —inquirí serio.

—Sí, Andy. La escuché varias veces presentarse como Lilian, pero otras lo hacía como Leslie —musitó pensativa—.

Ese fue el nombre: Leslie. Y no solo eso, hablaban de reclamar no sé qué puesto.

No lo pude escuchar muy bien. Luego ellos se fueron, yo los seguí disimuladamente y los vi reunirse con el tipo ese que trabaja para Minetti, ¿cómo era que se llamaba? ¡Rodrigo! Sí, estoy segura.

Rodrigo. No me decía nada ese nombre. Aunque, si trabajaba para el capo Minetti, no debía ser cualquier hombre.

Alessandro Minetti, el Capi di tutti i capi que todos temían, incluido yo, no estaba rodeado de buenas personas.

Si él estaba involucrado, de seguro Lilian estaba en peligro.

Miré a Eva, interesado en lo que contaba.

—Escuché, entre otras cosas, que te mencionaron a ti, Andy —eso me tomó por sorpresa—. Esa mujer dijo que ya te había conocido, que todo marchaba de acuerdo al plan.

—¿El plan? —Eso no era un juego ahora que lo escuché. Me puse en alerta de inmediato—. ¿Pudiste escuchar qué plan era?

Ella se quedó pensativa, con los ojos entrecerrados, su gesto característico de cuando trataba de recordar las cosas.

Sentí que la cosa era seria. Estaban creando un plan donde mi Lili era el centro, y al parecer querían utilizarme, y eso no se lo iba a permitir.

Yo amaba a Lilian; jamás iba a dejar que le hicieran daño.

Tomé aire, llenando mis pulmones y tratando de pensar con claridad.

—No dijeron qué plan era —contestó Eva, mientras me tomaba una mano—.

Pero tengo miedo, Andy. No me parecieron buenas personas.

Quieren no sé qué dinero y puesto. Lilian está involucrada en ese plan de ellos.

Así que, si es verdad que la amas, desaparece en cuanto la encuentres.

Es un presentimiento que tengo. Llévatela con su familia bien lejos de Italia, a donde nadie sepa de ustedes.

Aunque tengas que obligarla, yo te ayudaré.

Observé a Eva viendo que decía la verdad.

Ella podía ser muchas cosas, pero al final siempre era mi aliada en todo.

La simple idea de que Lilian estuviera en serio peligro era un martirio que no podía soportar ni permitir.

¿Qué tan lejos estaba dispuesto a llegar para protegerla?

Mi mente daba vueltas intentando encontrar una alternativa.

Todavía tenía que hacer que dejara a Minetti y volviera a mi lado.

—Tenemos que averiguarlo muy bien, Eva —reflexioné de inmediato—. Conocer exactamente qué planean y lo que quieren hacer. No sé qué planean conmigo y con Lilian, pero te aseguro que si creen que pueden hacernos daño, están muy equivocados, por muy mafiosos que sean.

—Andy. —Eva tiró de mi mano muy seria—. Tienes que prometerme que pensarás muy bien las cosas antes de actuar. Esto no es un juego, esas personas son muy poderosas. Porque si no, tú terminarás muerto, y Lilian quedará al alcance de todos ellos.

No respondí de inmediato. Tenía razón, como siempre.

La mafia no era un simple grupo. Si habían puesto las miras en mi novia, encontraría a Lilian.

Pero a pesar de la advertencia de Eva, si alguien pensaba que podía tocarla, yo destruiría todo lo que estuviera en mi camino por salvarla sin importar lo que tuviera que hacer.

—Andy, sé que no te va a gustar esto que te voy a preguntar —habló Eva de nuevo, haciendo que le prestara atención—. ¿No crees que es mejor, por ahora, dejársela a Minetti?