55. CONVERSACIÓN SINCERA
ANDY:
No podía sacar de mi mente lo que me había dicho Lili: "Un poco cansada y mareada, nada de qué preocuparse." Me embargaba la sensación de que se me escapaba algo importante. Mi instinto de doctor me gritaba que a mi novia le pasaba algo.
—¿En serio, Lilian te llamó así como si nada y quiere verte? —la voz de Eva me sacó de mis pensamientos.
—¡Sí, sí, te lo dije! ¡Ella me ama a mí, yo sabía que cuando se le pasara la molestia me iba a buscar!
—contesté feliz a pesar de la extraña sensación que me dejó; estaba dichoso de que me hubiera llamado.
—¡No sabes lo contento que me ha puesto!
Esta vez la trataré como una reina; mañana mismo me casaré con ella, ya verás.
—¿Por qué le preguntabas tanto si estaba bien? —quiso saber Eva, haciendo que me detuviera.
Me quedé en silencio mientras emociones complejas me embargaban. Esa extraña sensación que me había dejado su ronca voz. La manera de comportarse como si nada seguía haciendo que me sintiera preocupado por Lili.
—No lo sé —confesé con la verdad—. Tenía la voz ronca, pero me dijo que había estado durmiendo y que por eso no me había llamado. ¿Qué quiso decir con eso?
—¿Será verdad eso que escuchamos de que la habían asaltado y que estaba muy mal? —un destello de recuerdo cruzó de pronto por mi mente.
Un estremecimiento me recorrió el cuerpo con solo imaginar que le hubiera sucedido algo a la mujer que amaba más que a nadie, aunque me hubiera dado cuenta un poco tarde.
—No, después viste que era solo un chisme. Ella ha estado visitando la empresa de Minetti y está muy bien —respondí, aunque tenía el pecho apretado—. De seguro se refería a hoy, pero eso no es lo importante aquí, Eva, sino que me llamó y me dijo que me ama.
—Tienes razón, ella no ha desaparecido. ¿Te dijo que te ama? —inquirió con desconfianza.
—Sí, cuando le dije que la amaba mucho, me respondió como siempre que ella también me ama mucho —dije, sintiendo de nuevo esa sensación de que algo no estaba bien con mi novia.
Miré la lluvia que había comenzado a caer. Eva seguía observándome a mi lado con el ceño ligeramente fruncido. Ella era una de las pocas personas que me conocía y sabía que, en este momento, mi rostro era algo que yo mismo no lograba entender.
—Andy, no quiero ser pesimista —comenzó a hablar mientras se pintaba las uñas sin mirarme—. ¿Pero no te parece extraño que, después de casi cinco meses, ella te llame ahora como si nada?
Su pregunta sonaba a advertencia y compasión. Me pasé una mano por el cabello, nervioso. Aunque quería negarlo, el nudo en mi garganta se agrandaba. Ambos éramos doctores, científicos. Estábamos acostumbrados a separar las emociones de los hechos.
—¿Qué hay de extraño en eso? —pregunté, tratando de escapar buscando una excusa convincente—. De seguro, donde estaba, no podía hacerlo. O quizás todavía estaba muy furiosa. La conoces; estoy seguro de que me ha extrañado tanto como yo y no pudo aguantar más castigarme y me llamó.
Eva dejó el esmalte de uñas sobre la mesita de centro y se giró para mirarme. Aunque no es que me amara con locura, yo era lo más parecido a un hermano que ella tenía y siempre había demostrado preocupación por mí.
—¿Te dijo dónde estaba, qué le había pasado? —preguntó y agregó—: Ella no está trabajando.
—No me dijo, y tampoco le pregunté. Quería lograr que aceptara escucharme y lo hizo; ¡lo hizo!
—dije sin poder contener la alegría de que Lilian me hubiese llamado a pesar de todas las dudas—.
Mañana nos vamos a encontrar para hablar de nosotros.
Ya verás, todo se va a resolver; haré feliz a mi Lili; la defenderé de todos.
¡Qué feliz soy, qué feliz soy! Me iré a preparar todo; mañana mismo me voy de aquí y jamás regresaré.
Había decidido obviar todo lo demás. Para mí, lo más importante era que se había abierto la posibilidad de recuperar a mi novia. Pero Eva me detuvo con una mano.
—Andy, te sugiero que esperes a mañana para alegrarte de verdad. No sé por qué siento que todo esto es muy extraño —dijo con seriedad.
—Eva, yo sé que no te gusta Lili, pero ella no es del tipo de persona engañosa. Ya verás; mañana volveremos a ser felices —aunque el miedo todavía estaba en mi pecho, no quería dejar de disfrutar de la dicha del momento.
Caminé hacia el ventanal y miré la ciudad oscura iluminada a lo lejos.
No podía quitarme la sensación de vacío en mi pecho que seguía creciendo, pero ahora parecía más profunda.
Eva levantó la mirada, accediendo al verme así no decir nada más.
Pero insistía en que no se lo dijera a nadie, recordándome que había muchos detrás de Lilian.
—Ni tú tampoco lo digas a nadie, Eva —le advertí de inmediato—. Te considero mi amiga; por favor, esta vez quiero que estés de mi parte. Nos criamos como hermanos, Eva.
—¿Hermanos? —rió descaradamente—. No tanto así porque nos acostamos. Pero está bien; a partir de ahora te doy mi palabra de que estaré de tu lado. Te ayudaré a ser feliz y nunca te traicionaré.
Una emoción que no conocía brotó de lo más profundo de mi corazón.
Era hijo único; por eso me había pegado a Eva, la hija de los trabajadores de mi casa de mi edad.
Tanto, que había obligado a mi padre a pagar los estudios de ella y había obligado a que estudiara medicina igual que yo, para que me ayudara.
—Gracias, Eva, muchas gracias —agradecí al escucharla de todo corazón—. No te vas a arrepentir, siempre te ayudaré. Seremos hermanos desde hoy; no volveremos a acostarnos. ¿Estás de acuerdo?
—Lo estoy —rió divertida, como cuando éramos niños—. ¡Vamos, que no era que disfrutaba mucho el sexo contigo!
—¿Ahora me vas a salir con que no te gustaba? —sonreí mientras la abrazaba por la espalda.
Ella se soltó riendo mientras me decía que yo no tenía ni idea del tipo de sexo que más le gustaba a ella. Me asombré al escucharla. Ella de pronto se puso seria.
—Tú con Lilian vas a ser feliz porque ella es una mojigata que solo tú vas a enseñar y tocar —dijo, volviendo a sus uñas—. Pero a mí me gustan los hombres que me dan duro de todas las maneras. Me gusta experimentar todo tipo de sexo, usar aparatos, qué sé yo, todo lo salvaje.
No pude impedir soltar una estridente carcajada mientras le decía que debió decirme lo que le gustaba. No me hubiera molestado en experimentar nuevas cosas con ella. Me senté a su lado, sintiéndome cómodo hablando con ella de esas cosas.
—Para que veas cómo es la vida, contigo a mí sí me gusta tener sexo y lo disfrutaba; eres muy pasional —confesé, colocando su cabello detrás de su oreja con cariño. Al darme cuenta de lo que hacía, me alejé—. Bueno, a partir de ahora seré fiel a mi Lili; no volveré a mirar ni a tocar a otra mujer.
—¿En serio, Andy? —Eva giró a verme—. Ahora que te sinceraste, déjame preguntarte: ¿en verdad amas a ese nivel a Lilian?