¡Ups! ¡No me equivoqué! 54. LA LLAMADA INESPERADA
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54. LA LLAMADA INESPERADA

ANDY:

Eva detuvo lo que hacía para mirarme. Sé que Galatea es su amiga, pero también nunca le he ocultado nada. Pero podía ver la curiosidad en su mirada al escuchar lo que acababa de asegurar. Nadie mejor que ella sabía que me había enredado con ella desde mi juventud.

—¿De veras no sientes nada por ella? —quiso saber al fin.

—No, nunca me ha gustado Galatea —contesté, sosteniendo su mirada. —Solo me quitaba las ganas con ella porque se me ofreció, y ni eso lograba; no me gusta como mujer. Pero la tenía para aguantar hasta casarme con Lili.

Eva me observó, esta vez con el ceño fruncido. Bajé la mirada, sin sentirme avergonzado. Ella, mejor que nadie, sabía que no me gustaba; me había acostado con Eva muchas veces. Debía conocerme mejor que nadie.

—¿En serio, Galatea no significó nunca nada para ti? —inquirió de nuevo.

—No, y no creas que no sé que se acuesta con muchos hombres para sacarles dinero —aclaré, con la certeza de que ella lo sabía, pero me lo ocultaba.

—Ahora mismo sé que ya se enredó con el capo Cian, ese que me entró a golpes el día que debía verme con Lili y decirle todo.

Estoy seguro de que Minetti impidió que ella se encontrara conmigo.

—¿Y tienes una pista de dónde se metió Lilian? —preguntó, sin defender a Galatea, como esperaba. —El día de la graduación no se alejaba de Rufino y luego desapareció en cuanto le dieron el diploma.

El nombre del director Rufino encendió una chispa en mi interior que no pude ignorar. Miré a Eva con los labios fruncidos; esa podía ser una pista, por eso debía volver a Roma.

—No tengo idea de dónde la desapareció Minetti —contesté pensativo—. De seguro la tiene raptada, a ella, a su hermana y a su mamá. Pero ya contraté un detective.

—Si quieres, puedo preguntarle al Pelirrojo —ofreció su ayuda Eva, como siempre. Al ver que no sabía quién era, continuó—: Es un amigo mío que trabaja para Minetti.

—Hazlo, por favor —le pedí de inmediato—. Estoy loco por encontrar a Lili.

—Está sonando tu teléfono —me avisó Eva.

—¿Mi teléfono? —Lo saqué con desgana hasta que vi quién me llamaba. —¡Es Lili! ¿Lilian? ¿Eres tú, Lili?

—Sí, ¿quién más crees que te puede llamar con mi número? ¿Para qué me has llamado tanto? ¿Qué pasa contigo? —me llenó de preguntas—. Tengo cientos de llamadas y mensajes tuyos, no te respondí porque me quedé dormida. ¿En qué nuevo problema te metiste ahora, Andy?

—¿Te quedaste dormida tanto tiempo? ¿Qué quieres decir con eso, Lili? —inquirí confundido.

—¡Me dormí, Andy, y ahora fue que desperté! —gritó, molesta—. ¿Dime qué quieres? Muero de hambre y no me siento muy bien.

Aunque no entendía por qué se comportaba como si nada, me apresuré a pedirle que debíamos hablar a solas.

Le juré que todo lo que había hecho era por nosotros.

Le pedí perdón por no decirle que me llamo Adriano Mancini y quién es mi familia.

Se lo explicaría todo, por qué lo hice, sin esconderle nada.

—Te amo, Lili, eres el amor de mi vida, bonita —dije emocionado—. Por favor, acepta escucharme.

—¿Te llamas Adriano Mancini, en serio? —preguntó, para mi desconcierto.

—Sí, Lili, ¿por qué me lo preguntas si lo sabes? —estaba realmente preocupado por cómo se estaba comportando. —Nunca quise que te enteraras así. Te lo juro, Lili, te lo explicaré, bonita; ya verás que me entiendes.

—Está bien —aceptó, como más antes, para mi sorpresa—. Pero no voy a tolerar más que sigas haciendo eso, Andy. Te dije que teníamos que sentarnos a analizar nuestra relación.

—¿Lili, te sientes bien, bonita? ¿Sabes de lo que te hablo? —insistí, realmente desconcertado.

La andanada de preguntas que siguieron me dejó descolocado y sin saber qué pensar.

Me regañó, como siempre, por preguntarle seguido si estaba bien.

Yo era doctor y mis instintos me decían que algo no estaba bien con mi novia.

Ella se comportaba como si no supiera nada.

Trataba de pensar mientras la escuchaba regañarme.

—¡No puedes seguir haciendo lo que te da la gana en nuestra relación, no lo permitiré! —siguió gritando—. ¿Me escuchas?

—¿Qué cosa no vas a permitir, bonita? —cada vez estaba más ansioso. —No tienes que aguantar nada, amor; ya terminé todo, estaré solo contigo. ¿Seguro que estás bien, Lili?

—Claro que estoy bien, nada más un poco mareada; parece que me está cayendo gripe. ¿Por qué me lo preguntas seguido? —cuestionó de nuevo, pero yo podía sentir su voz extraña—. ¿Y qué quieres decir con eso de que estarás solamente conmigo, Andy? ¿Es que acaso tenías otra?

—¿Te sientes bien, cariño? —repetí de nuevo. Lili no se escuchaba como ella; su voz estaba ronca—. ¿Te acuerdas de todo lo que pasó entre nosotros?

—¡Claro que me acuerdo! —contestó, pero no se sentía normal—. ¿Por qué me preguntas eso de nuevo?

Decidí no insistir y le pedí que habláramos de cerca.

Ofrecí ir a verla a su departamento ahora.

Le aseguré que la he extrañado mucho y le rogué que, por favor, me dejara verla.

Yo sabía que cuando pasara el tiempo, me iba a llamar, porque sé que me ama tanto como yo a ella.

Estaba consciente de que solo estaba molesta y confundida, y eso lo entendía; todo era mi culpa.

—Haré lo que me pidas con tal de que me perdones, te lo juro, Lili, estoy muy arrepentido de todo, tienes que creerme —seguí diciendo—. ¿Voy ahora mismo a verte a tu apartamento o donde me digas?

—Mejor mañana; es muy tarde ahora, estoy cansada y muero de hambre. Y lo que tenemos que hablar es muy serio —se negó, para mi desconcierto—. Te llamo para avisarte dónde encontrarnos.

—Gracias, Lili, muchas gracias por esto —dije, con el corazón alborotado—. No te vas a arrepentir, bonita; te juro que te haré feliz. Cuídate mucho, amor, no te escucho bien. ¿Seguro que estás bien?

—Ya te dije que nada más estoy un poco cansada y mareada; nada de qué preocuparse —repitió de nuevo, pero mi instinto me avisaba que algo no estaba bien.

—Está bien, bonita, solo me preocupo —acepté, para no presionarla—. Te amo mucho, Lili.

—Y yo a ti, Andy. Hasta mañana —se despidió, como siempre.

Me quedé mirando el teléfono, todavía sin saber si era verdad o me lo estaba imaginando. Lilian parecía haberlo olvidado todo. ¿O, como siempre, no creería las cosas? No, eso no podía ser. Ella me había enfrentado delante de ella, me había dicho terribles cosas y esta Lilian… ¿qué estaba pasando?