¡Ups! ¡No me equivoqué! 52. LA LLAMADA EN LA MAÑANA
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52. LA LLAMADA EN LA MAÑANA

ALESSANDRO:

Estoy celoso, no lo puedo negar. Desde que despertó Lilian, que recordaba a todos los demás y no a mí, que llamó a Andrea primero. Miro a Lilian de reojo. Puedo leerla como un libro abierto y sé que no tiene claro cómo manejar esto. Me concentro en la conversación telefónica.

—Siento decirte, doctor Adriano, que ella tuvo un lapsus mental ayer y por eso te llamó, pero todo volvió a la normalidad —explica con profesionalidad—. Por favor, déjala tranquila; le harás mucho daño si la molestas ahora, no está en condiciones después del accidente que tuvo.

—¿Accidente? ¿Qué accidente? —pregunta Andrea con preocupación.

—Alguien intentó asesinarla y le dieron un tiro en la cabeza —suelta Rufo sin más.

—¡¿Qué?! —exclama realmente asustado—. ¿Quién fue? ¿Cómo está? ¿Cuándo fue eso?

Rufo sigue contando todo con su frialdad característica. Le cuenta que fue el último día del simposio. En cuanto a quién fue, él mejor que nadie debe saber. Ya está mejor, pero ayer fue que despertó después de todos estos meses en coma, por eso llamó.

—Por favor, doctor Andrea, no la vuelvas a llamar —le pide muy serio—. Y si ella lo hace, dile la verdad, no le hagas creer que son novios todavía; ella ahora es una mujer casada.

—¿Mi Lili estuvo en coma todo este tiempo? ¿Por eso no me contestaba ni sabía de ella? —sigue averiguando Andrea.

—Así es, espero que, si es verdad que la amas, sepas como doctor qué es lo que más le conviene a ella —le pidió de igual manera Rufo.

Se hace un silencio en el que solo escuchamos la respiración de Andrea. Lilian me miraba nerviosamente; le aprieto la mano sin dejar de ver cada una de sus reacciones. Ella apretaba los labios y comenzó a jugar con su cabello, un tic nervioso que conozco demasiado bien.

—Lo haré, director, descanse —al fin dice Andrea. Sé que no me cree, pero yo la amo de veras; haré eso que me dice por el bien de ella. Sin embargo, si regresa a mí, no la rechazaré.

—Está bien, es justo —acepta Rufo mirándome fijamente—. Hasta luego, Adriano.

—Hasta luego, director, y por favor, cuide mucho a mi Lili —lo escuchamos despedirse.

Rufo cuelga la llamada y me lanza una mirada directa. Asentí, conforme con cómo había manejado la situación, como siempre.

—Ese chico de veras llegó a quererte al final, Lilian —habla Rufo al tiempo que le devuelve el teléfono—, lástima que se diera cuenta demasiado tarde.

—¿Por qué lástima, Rufo? —protesto molesto—. Lili nació para mí, nunca lo amó.

Lilian abrió los ojos de par en par al escucharme, soltando una risa nerviosa. Me miró mientras apretaba mi mano, tirando de mí y me besó suavemente en los labios.

—No te molestes, amor, es verdad que yo nunca amé a Andy de la manera que te amo a ti, y que él abusó de cierta forma de mí —aceptó para mi gusto—.

Sin embargo, creo que al final me tuvo un cariño verdadero, como dice Rufo, porque me respetó; no importa el motivo que tuviera, lo hizo.

Pudo obligarme a hacer cosas que no quería, pero no lo hizo; eso demuestra que, a su manera, me amó.

Tenía las mejillas encendidas y sus lindos ojos verdes brillaban con emoción. Abrí la boca y la cerré al verla tan hermosa. Antes de que pudiera decir más, Miguel intervino.

—Ese lo que debe es estar extrañando todo el trabajo que hacías por él; a mí no me engaña. Eso es lo que él amó de ti —opina molesto Miguel y estoy de acuerdo.

Lilian suelta una carcajada mientras abraza con cuidado a Miguel, que sigue diciendo cosas malas de Andrea, al tiempo que le da la razón.

Pero yo puedo ver algo de lástima y pena en su mirada.

La conozco muy bien, es muy fácil de leer.

Eso es algo que debo cambiar en ella. Porque si la dejo o nosotros tenemos problemas, creo que es capaz de volver con Andy.

"Alessandro, aguanta tus pensamientos nacidos de los celos. Ella te ama de veras a ti, no es capaz de hacer eso", pienso, sin dejar de observar cómo mira a su plato obstinadamente, lo que hace que los celos vuelvan a mí intensamente. ¿Sería capaz Lili de regresar a Andy si la dejo?

Mi sangre hervía con ese solo pensamiento. No podía entender por qué ella tenía esa expresión de melancolía al hablar de Andrea. Sus ojos verdosos, que me vuelven loco, mostraban un rastro de empatía que no estaba dispuesto a tolerar.

—Lilian —la llamé al ver cómo se quedaba pensativa—.

A mí no me importa si él llegó a respetarte o a amarte al final, porque lo que importa es que te utilizó, te engañó y te ridiculizó delante de todos.

Pero, sobre todo, abusó de ti al ponerte a trabajar para él, no dejando que ganaras suficiente dinero que te hubiera ayudado a cuidar de tu hermana y a sacar a tu madre de esa terrible lavandería.

¿No me digas que aún no ves eso, Lilian?

—¡Por todos los cielos, Alessandro! ¿De verdad vas a ponerte territorial por Andrea ahora? —dijo con una exasperación y un nerviosismo que la hacía lucir aún más hermosa de lo que era—. Ya te dije que no lo amo. ¿Cuántas veces tengo que repetirlo? ¡Eso es ridículo!

Pero a mí no me podía engañar, bueno, ni a Rufo ni a Miguel, que levantaba una ceja con un gesto de incredulidad que me hace sonreír.

Podía sentir cómo mi corazón batallaba entre el celo que nacía de un instinto primitivo y el deseo de creer en ella, en su verdad.

Rodeé la mesa hasta quedar a su lado, me incliné hasta que mi rostro estuvo a la altura del de Lilian.

—Señora Lilian Minetti, no te vuelvas a dejar engañar por Andrea —le dije con firmeza—.

Eres la primera dama de la mafia italiana y tienes que comenzar a pensar como ella.

No sabes lo que soy capaz de hacer si alguien se atreve a cruzar la línea contigo.

Si Andy vuelve a ti, aunque sea en sueños, va a pagar por ello.

¿Me escuchaste? Porque ese espacio ya está ocupado por mí.

Lilian me contempló diferente, sin saber si reír o enfrentarme. Pude ver su resignación con un rastro de arrepentimiento. Finalmente, se acercó y me besó profundamente. Al separarse, dejó escapar un suspiro pesado, apoyando su frente en la mía.

—Dios, eres imposible —murmuró, sacudiendo ligeramente la cabeza.

—No me importa ser imposible, Lili —respondí, inclinándome hasta que mi boca quedó cerca de su oreja. Sabía que estaba poniendo a prueba sus nervios, pero no podía detenerme. Debía dejar claro mi posición, nuestras reglas—. Eres mía, como yo soy tuyo. Para siempre. ¿Está claro?