46. CURANDO A MI HERMANA
LILIAN:
Un torbellino de emociones se acumulaba en mi pecho. Porque habían sucedido demasiadas cosas que venían a mi mente. Miraba a mi hermana, queriendo que me mirara, anhelante de saber si había recuperado todas mis memorias. La hice sentar a mi lado con cariño y cuidado.
—Sí, sí, me acuerdo bien de todo. El director, digo, Rufo, trató de que me acordara, pero no confiaba mucho en esos dos.
Me conoces, creía que me estaban engañando con lo de Andy, para hacerme aceptar a Alessandro.
Gracias, mi hermana, gracias —la abracé emocionada.
Siempre ella y yo habíamos tenido este lazo invisible que nos unía y nos complementaba—.
Ven, deja que te cure. De seguro mamá no lo hace bien, no te ha hecho la cura como debe ser.
Y te tranquilizas, deja de estar asustada, mírame, estoy aquí, tienes que ponerte bien.
Luci me miró todavía con incredulidad. Se levantó y me siguió al baño mientras me decía que suponía bien.
Le daba mucha pena porque se asustaba al ver las grandes llagas en su espalda.
Sabía que decía la verdad. Era yo quien siempre le realizaba las grandes curas en casa desde que su enfermedad empeoró, desde que éramos niñas.
—Estábamos ambas aterradas cuando te raptaron, Lili.
A mamá se le caía todo de las manos y se desmayó cuando se enteró de que te habías disparado en la cabeza —contaba con las manos temblorosas—.
Rufo tuvo que llevarla a verte porque ella no le creía que estabas viva.
Espera, me quito el vestido. Cúrame bien, Lili, como siempre haces, aunque me duela.
Mamá no lo hace así, le da pena conmigo.
Mientras ella hablaba y se desvestía, yo sacaba todas las cosas del botiquín y me ponía unos guantes para realizarle una buena cura.
Mi corazón se encogió al ver lo delgada que estaba y las llagas supurantes por todo su cuerpo.
Me sentí muy culpable en ese momento. Ella entró en la ducha y me tomó una mano antes de iniciar.
—Si te pasa algo, Lili, yo me voy a morir detrás de ti —dijo con un sollozo—. Mamá se quedará sola, si no se muere también de tristeza. La próxima vez que estés en una situación difícil, piensa en eso, que si tú mueres, nos llevas a nosotras contigo.
—¡No me digas eso! —protesté, tragando en seco y sintiéndome culpable—.
Lo haré, las pondré a ustedes en mi mente primero.
Pobre mamá, me imagino el susto que se llevó.
No lo volveré a hacer, ya verás. Me convertiré en una mafiosa igual que mi Ale.
Entrenaré duro, estaba destinada desde que nací a esta vida, entonces lo haré lo mejor que pueda.
Y tú también. Somos las hijas del dragón rojo, no podemos defraudarlo.
Luci me miró con anhelo y temor. Apretó mis manos con la misma fuerza que usaba para ocultar su propio miedo. Aunque era más joven que yo, en ese momento irradiaba un miedo que me hizo avergonzarme por todo lo que las había hecho pasar.
—¿Yo, Lili? —preguntó en un susurro—. ¿Qué voy a poder hacer en esta situación?
—¡Eres una hacker buenísima! —exclamé con todo el entusiasmo que pude reunir con tono alegre—.
¿Sabes lo importante que eres ahora para ayudarnos?
Así es como trabajarás y me ayudarás, con eso que haces.
Métete en el baño que te voy a hacer tremenda cura, tienes que ponerte bien, señorita.
Ya escuchaste a tu cuñado que te está extrañando, aunque no vayas a la empresa puedes ayudarlo desde aquí.
Comencé a limpiar las horribles llagas en su piel, con un dolor sordo en mi corazón cada vez que ella soltaba un gemido de dolor. Apretaba sus manos sobre sus piernas, mientras yo pasaba un antiséptico por las fístulas infestadas.
—¿Crees que Alessandro lo dijo en serio? —preguntó en un susurro.
—Debes de saber algo de Ale, nunca dice nada que no sienta. Así que prepárate, vas a tener mucho trabajo —dije con firmeza.
—Sería muy bueno, Lili, así dejaría de pensar en boberías —murmuró con los dientes apretados—. ¿Vas a ver a Damián?
—Sí, ¿cómo lo ves? —inquirí enseguida viendo que ella hacía el intento por conversar para olvidarse del dolor.
La observaba sintiendo un gran remordimiento al verla así. Era la primera vez que la veía tan afectada. Cada marca en su piel me recordaba que había soportado demasiado por culpa de mis decisiones impulsivas. Sin poder contenerme, la abracé, escondiendo las lágrimas que vinieron a mis ojos.
—Damián ha ganado algo de peso, pero sigue sin reaccionar —siguió diciendo haciendo muecas—. Le leo mucho y converso con él, hasta me quedo dormida a su lado casi todas las noches.
—¿De veras duermes con Damián? —pregunté intrigada—. ¿Mamá no te dice nada?
—Ella no lo sabe, Lili, hago lo que hacía contigo —dijo sonrojándose y esquivando mi mirada—. Pero como tú no estabas, lo hago con él. Cuando me despierto en las noches llena de dolor, no quiero asustar a mamá, voy y me acuesto con Damián.
Mientras seguía quitando toda la piel podrida de sus llagas hasta dejarla limpia y desinfectada, continuamos hablando de Damián. Según ella, a veces la abrazaba y se movía. Pero seguía dormido.
—Ten cuidado, Luci, no lo acostumbres —le advertí.
—Es que sabes que cuando me enfermo así, me da miedo dormir sola, y ahora tú no estás. ¿Te quedarás hoy aquí? —preguntó ilusionada.
Me negué enseguida. Le conté que Alessandro estaba aterrado porque lo había hecho sufrir al no recordarlo. Le reproché por no haber ido a dormir conmigo todo este tiempo. A lo mejor, al sentirla a mi lado, me hubiera despertado antes. Al escucharme, me miró tristemente.
—Perdóname, mi hermana, por no ir a verte más seguido. No quería que me vieran y huyeran de mí —se disculpó y bajó la cabeza.
—Tonta —le dije con cariño—. Todos saben que eso no es contagioso, ya viste cómo te abrazó Ale.
—Sí, me emocioné —sonrió ahora abiertamente—. No esperé que hiciera eso. Realmente, Lili, a pesar de ser quien es, te ama mucho.
—Yo también lo amo, Luci, me acuerdo ahora muy bien —mientras hablaba, le lavaba bien todo el cuerpo y comenzaba a curarla—. ¿Es extraña la vida, verdad? ¿Así que estaba destinada a ser suya desde que nací?
—Así es, Lili, de todo eso que nos contó mamá, lo único que me dolió un poco fue enterarme de que no somos de verdad del mismo padre y madre —dijo, y me detuve al escucharla para mirarla—. No lo soy, somos primas hermanas.
—¿Qué importa? Somos primas hermanas —enfaticé eso e hice una broma para hacerla reír—. Entonces, obviaremos lo de primas y seguiremos siendo hermanas, ¿no te parece?
Era algo que vi que le había afectado realmente mucho. Le apreté las manos mientras la hacía salir de la ducha desnuda para seguir con mi trabajo. Al escucharme, sonrió con los ojos brillantes.
—Claro que sí, Lili, eres mi única hermana —aseguró, apretando mi mano—. Solo me da pena que te hayas sacrificado tanto por mí sin serlo.
—¡Luci, si vuelves a decir eso, me voy a enojar seriamente contigo! —la regañé con firmeza—. Si fuera yo, ¿no habrías hecho lo mismo por mí? Me acabas de contar que mandaste un enorme cargamento de sangre de mi tipo a Marsella. ¿De dónde lo sacaste?