¡Ups! ¡No me equivoqué! 37. NO SON SUEÑOS
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37. NO SON SUEÑOS

LILIAN:

Alessandro abrió la boca sin que saliera un sonido, con sus ojos negros clavados en mí. Tensó su mandíbula, amenazante, pretendiendo aguantar la tormenta, una que sabía que yo, en mi siempre impulsiva reacción, estaba a punto de desatar. Pero antes de que me respondiera, Rufino contestó.

—No, doctora Lilian, no es nada de eso —dijo muy serio, mientras Minetti abría y cerraba la boca queriendo hablar sin hacerlo—. Mejor cuénteme los sueños y pesadillas que mencionó antes.

—Está bien —acepté sin quitar la mirada de Alessandro, furiosa. Estaba convencida de que mi nuevo accidente tenía que ver con él—. He estado recordando muchos sueños locos e increíbles y algunas pesadillas horrorosas.

—Doctora, míreme a mí —me pidió Rufino, tomando, por primera vez, una de mis manos, haciendo que dejara de mirar con rabia a Alessandro—. Lilian, eso no son sueños. Son sus memorias de todos los días después de esa que recuerda.

Abrí la boca con incredulidad. Me quedé paralizada al escucharlo. Rufino tiró de mí, cerrando la distancia entre nosotros, y presionó un poco mi mano para que lo mirara, lo cual hice.

—Concéntrese, Lilian —exigió el director con firmeza—. Eso que llama sueños y pesadillas no lo es. Su cerebro aún no los procesa como debe ser porque ha estado mucho tiempo inflamado y dormida. Vamos, esfuércese un poco y trate de verlos como memorias, no como sueños.

¡Qué demonios! Miré, más que concentrada, al doctor Rufino fijamente, buscando que aquel infierno que me estaba contando fuera un producto de mi imaginación. Sin embargo, el doctor hablaba demasiado en serio para que fuera una broma. Él era demasiado profesional como para que me estuviera mintiendo.

—Pero… pero entonces yo… yo… —a mi mente llegó una serie de imágenes que, de ser verdad… ¡Oh, Dios!

Y mientras más recordaba, más me ponía colorada bajo la mirada del señor Minetti, que me observaba ansioso. Eso no podía ser verdad. Yo no había podido hacer eso que veía en mi memoria.

—Lili —me llamó Alessandro, dando un paso hacia mí, pero retrocedí.

—Alessandro, ¿no es un sueño? ¿Tú… tú me dijiste que me amas? —pregunté en un susurro apenas audible, al recordar su confesión de amor cuando estábamos abrazados, desnudos en el baño. ¡Dios! ¿No era un sueño? ¿Qué había estado haciendo, Lilian?

—¡Sí te lo dije porque es verdad! ¡Te amo, y tú me amas a mí! —respondió, viniendo a mi encuentro, y me tomó de las manos, mirándome… ¿con amor?

—¿En serio no son sueños míos? —balbuceé sin poder mirarlo a los ojos.

—Nada de eso es un sueño, cariño, pasó de verdad. Por favor, Lili, recuérdame —me pidió desesperado.

No podía ser que eso hubiera pasado de verdad.

¿Qué había estado haciendo en estos días, Lilian?

¿Qué pasó con Andy? ¿Lo traicioné con el señor Minetti?

Mi mente se llenó de recuerdos confusos, las imágenes se entremezclaban con sensaciones tan fuertes que me hicieron tambalear y retroceder.

Levanté la mirada y allí estaba él… el capo Alessandro Minetti, parado frente a mí, pidiéndome, exigiéndome, incluso suplicándome que lo recordara.

—¡No puede ser verdad! —grité, liberándome de sus manos, mientras retrocedía, tratando de escapar de esa verdad que empezaba a revelarse—. ¡Esto no está bien! ¡Yo tenía una vida antes de todo esto! ¡Tenía a Andy… y tú, tú lo arruinaste todo!

Alessandro no retrocedió, apretó la mandíbula cerrando los ojos. Dio un paso hacia mí y luego otro, pero yo retrocedía ante él hasta que mi espalda chocó contra la pared.

—¿No… no, no es un sueño? —tartamudeé todavía sin poder creerlo—. ¿El mar, la playa, tú y yo en aquella casa…?

—¡No es un sueño, Lili! Cogiste a Andy con su prometida Galatea.

Luego te diste cuenta de que es a mí a quien amas —me contó de un tirón, apretando mis manos y mirándome con agonía, diría yo—.

Por favor, cariño, no me hagas esto ahora, no me hagas esto.

Te he estado esperando con ansias, amor, te necesito, Lili, te necesito, recuérdanos.

Bajé la cabeza y me escapé por un costado, caminando hacia Rufino.

La cercanía de Alessandro comenzaba a asfixiarme, pero lo peor era que mis propias emociones empezaban a traicionarme porque sentía que lo que me decía era verdad.

Y eso no estaba bien. No era una adúltera.

Al verme correr a su lado, el director me protegió.

—Ale, cálmate —le pidió con serenidad, impidiendo que siguiera presionándome—, deja que recuerde todo de a poco. Ya sé lo que le pasa.

Alessandro se detuvo al escucharlo y yo también. Observé a Rufino con preocupación, queriendo saber más. Necesitaba la verdad de lo sucedido y el motivo por el que no recordaba lo que me decían, aunque todavía estaba recelosa.

—Lilian tiene una regresión —yo era doctora y sabía lo que significaba, no así Alessandro—. Se quedó en sus memorias donde no había sufrido todos los hechos que desencadenaron el accidente. Lilian, eso que cree que son sueños no lo son.

—¿No lo son, director? —pregunté realmente alarmada—. ¿Todo eso que recuerdo como sueños, pasó de verdad?

—Sí, Lilian, ven, siéntese, quiero que cierre los ojos y se concentre a partir de la memoria clara que tiene, y deje que fluyan las demás —me pidió el director. Lo hice realmente asustada. Y del miedo que se apoderaba de mí, le pregunté:

—¿Tiene que ser ahora? Muero de hambre, tengo mareos de la debilidad y mi estómago no deja de sonar pidiendo comida. Creo que si como, todo se organizará en mi cabeza. Siempre ha sido así; no puedo pensar con mi estómago vacío.

Mi cuerpo entero se estremeció, cada palabra de mi director se incrustó en mi alma. Era un profesional demasiado serio como para que me engañara. El director se quedó mirándome fijamente. Llevé las manos a mi cabeza, sentándome en la cama muy confundida.

—Está bien, por hoy es suficiente —habló el director—. Alessandro, voy a ver a Migue. Tú lleva a Lilian a comer. Cuando terminen, suban para seguir con este proceso. Y, Ale, compórtate como lo hacían antes de todo.

Alessandro asintió mientras se acercaba a mí. Su mirada no se apartaba de mí, con una intensidad que me desarmaba. Rufino caminaba hacia la puerta, justo antes de salir se detuvo y regresó.

—Lilian, antes de irme, camine de aquí a la pared aquella y regrese, por favor —me pidió con seriedad.

No pregunté nada. Me puse de pie e hice, sin protestar, lo que me pidió Rufo. Caminé muy bien y regresé sonriente por haberlo logrado sin dar tumbos. Aunque me puse colorada cada vez que mi mirada chocaba con la ansiosa de Alessandro.

—Todo está bien, eso se le pasará rápido —dijo Rufo y luego se dirigió a Alessandro—.

Habla con ella, cuéntale todo lo que te pregunte, no le ocultes nada, hazlo en orden, paso a paso; no te saltes nada o la confundirás más.

Si lo haces como te digo, más rápido comprenderá que sus sueños son memorias.

—Está bien. Vamos, Lili. Ninetta hizo una comida muy rica —me pidió con infinito amor. Me tomó por el brazo.

Bajamos las escaleras despacio. Llegamos a la cocina, nos sentamos y no dejé de mirar a Alessandro, lo que hizo que me pusiera colorada cuando él me agarró haciéndolo. ¿No podía creer que hubiera tenido sexo de veras con él?