¡Ups! ¡No me equivoqué! 33. EL DESPERTAR
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33. EL DESPERTAR

LILIAN:

El sonido de mi estómago hace que abra los ojos, muero de hambre.

Miro el reloj en la pared, ¿cómo pude quedarme dormida todo el día?

Son más de las siete de la tarde. Me levanto con mucho esfuerzo, un gran vahído hace que me recueste de nuevo; noto que me cuesta mucho moverme.

¡Diantres! ¿Qué me pasa? Respiro profundo varias veces, miro un punto fijo, concentrada.

Al fin, después de mucho esfuerzo, lo logro; me siento en la cama.

Otro fuerte mareo me ataca, pero me aguanto; con mucho trabajo, me pongo de pie y salgo dando tumbos en dirección al baño.

¡Dios, estoy muerta! Apenas puedo caminar; si no llega a ser por las ganas tan grandes que tengo de orinar y la voracidad que me está matando, me quedaría acostada hasta mañana.

¡Rayos, por poco me mato! ¿Qué les pasa a mis piernas?

¡Concéntrate, Lilian, estuviste a punto de caerte!

He dado un gran traspié que por poco me hace dar con mis huesos contra el piso.

Me vuelve a dar un gran vértigo; rápido me sostengo de la pared hasta que me recupero.

¿Qué rayos me pasa? Cuando llegué no me sentía mal, ¿por qué ahora me despierto así?

Deja ver, no tengo fiebre; mi temperatura está normal. ¿Por qué me mareo así?

Mi estómago ruge como si hiciera meses que no como.

Siento todos mis músculos engarrotados y débiles.

Tengo que decirle a Alessandro que afloje con el entrenamiento; me siento morir.

Con mucho esfuerzo y agarrándome de la pared, llego al inodoro, me siento y alivio mi cuerpo; por poco me hago encima.

Mi cabeza está pesada, es como si saliera de una gran resaca.

¿Estaré enfermando? Quizás me quiera coger una gripe, debe ser eso.

Lilian, tienes que cuidar de tu salud; deja los excesos, no debí bañarme al terminar los ejercicios con esa agua helada.

Le diré a mamá que me haga una sopa, de esas ricas que espantan el resfriado, ahora cuando la vea.

Vuelve a darme otro vahído al intentar levantarme.

Sí, debo estar enfermando; esto no es normal.

Después de esperar un rato a que se fuera el mareo, logro ponerme de pie sujetándome fuertemente del lavabo.

Definitivamente, estoy enfermando; estoy segura ahora.

No puedo enfermar ahora con mi tesis por terminar, Lilian; no puedes darte ese lujo.

Al ir a lavar mis manos y mirarme en el espejo, me doy cuenta de que me han cortado el cabello en el lado derecho de la cabeza.

¿Por qué me pelaron así y cuándo? De seguro Luci aprovechó que estaba dormida.

Bueno, no es que se vea mal, pero es muy corto.

Palpo mi cabeza en esa parte y noto que tengo una enorme cicatriz.

¿Cuándo me hice eso? Abro mi cabello y la veo; va desde arriba de mi oreja hasta más allá del centro de mi cabeza.

Hasta parece una operación muy bien hecha, apenas si es un fino hilo.

Lilian, se te está escapando algo aquí; a lo mejor tenías esa cicatriz de cuando el accidente en el avión de niña y nunca te la viste por tu cabello.

¿Me habrán operado y no lo recuerdo? No, que va, Lilian; ¿cómo va a ser eso?

Este pelado cómico de seguro fue Luci con sus maldades; cuando la agarre, me va a oír.

Esa manía que tiene de practicar conmigo se la voy a quitar.

Menos mal que solo tengo que tirar el cabello largo para ese lado y no se ve.

¿En qué diablos estaba pensando para pelarme así?

¿Estará llegando mi cumpleaños? Siempre me hace una maldad el día de mi cumpleaños.

¿A qué estamos? No me acuerdo; mejor báñate, Lilian, estás toda pegajosa, casi mueres de hambre y debilidad.

Limpia y con el estómago lleno, todo lo demás se resuelve.

Por mucho que me esfuerzo en recordar si me pasó algo después del entrenamiento con el señor Minetti, no viene nada a mi memoria.

Tengo una enorme niebla en mi cabeza, como si saliera de una enorme resaca.

Lilian, lo que sea lo recordarás o alguien te lo dirá; así que no debes preocuparte.

Dejo de pensar; la prioridad ahora es alimentarme, siento que voy a desfallecer de tanta voracidad.

¡Dios, parece que llevo siglos sin comer!

Me meto en el baño y realizo una ducha bien caliente que logra hacer que, de a poco, mis músculos comiencen a trabajar mejor.

Salgo despacio, con cuidado de no caerme; la habitación me parece enorme.

Camino pausadamente rumbo al clóset, mientras reflexiono sobre esa enorme cicatriz.

Le preguntaré a mamá cómo me hice eso en la cabeza.

No entiendo por qué, cuando la palpo, me duele un poco.

Nunca antes había sentido esa cicatriz. ¿Habré tenido un accidente y perdí la memoria?

Ja, ja, ja, ¿ya empezaste a imaginar cosas, Lilian?

Aunque eso sería una explicación razonable para esa cicatriz.

¿Dónde está mi teléfono? Rebusco hasta dar con el viejo en la gaveta de la cómoda.

Lo enciendo; tengo cientos de llamadas y mensajes de Andy.

Seguro debe estar furioso porque no lo he llamado.

Le marco enseguida; da varios tonos, pero al ir a colgar, contesta.

—¿Lilian? ¿Eres tú, Lili? —responde de inmediato.

—Sí, ¿quién más crees que te puede llamar con mi número? ¿Para qué me has llamado tanto? ¿Qué pasa contigo? —lo llené de preguntas—. Tengo cientos de llamadas y mensajes tuyos; no te respondí porque me quedé dormida. ¿En qué nuevo problema te metiste ahora, Andy?

—¿Te quedaste dormida tanto tiempo? ¿Qué quieres decir con eso, Lili? —inquirió de nuevo Andy, y su voz me pareció preocupada.

—¡Me dormí, Andy, y ahora fue que desperté! —grité, realmente molesta—. ¿Dime qué quieres? Muero de hambre y no me siento muy bien.

Estaba realmente molesta y desesperada porque quería ir a comer. Andy guardó un inquietante silencio. Podía escuchar su respiración descompasada y, como caminaba por la calle, el ruido ocasional de bocinas en el fondo. Parecía que corría en medio del tráfico.

—Lili, necesitamos hablar a solas; te juro que todo lo hice por nosotros, cariño.

Perdóname por no decirte que me llamo Adriano Mancini y quién es mi familia, pero te lo explicaré todo por qué lo hice, sin esconderte nada —Andy hablaba angustiado y a una velocidad que me desconcertaba—.

Te amo, Lili, eres el amor de mi vida, bonita. Por favor, acepta escucharme.

—¿Te llamas Adriano Mancini? ¿En serio? —No entendía de qué estaba hablando realmente y mi mente seguía embotada—. Andy, ahora no puedo hablar ni entiendo de qué hablas. ¡Te dije que tengo hambre! Hablamos después…

—¡Lili! ¡Lili, espera, no cuelgues…! —gritó Andy—. ¿Dime dónde estás? Iré ahora mismo.