¡Ups! ¡No me equivoqué! 22. LO QUE RECUERDO Y LO QUE PASÓ
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22. LO QUE RECUERDO Y LO QUE PASÓ

LILIAN:

Negué con la cabeza, confundida. ¿De qué estaba hablando Alessandro? Sus palabras resonaban en mis oídos como un eco distante, pero no encontraba nada en mi memoria que tuviera sentido con lo que decía.

—Ale... no entiendo. ¿Qué es lo que no recuerdo? Jamás haría una cosa como esa, yo amo la vida —le contesté, pero algo me decía que lo hice.

Llevé mi mano a la cabeza; me dolía, y un pequeño destello de una memoria borrosa llegó a mi mente: estar acorralada por Demon, sus ojos amarillos y su sonrisa siniestra, un arma en mi mano, alguien atrapándome, pero nada más. Todo era tan desorientador.

Observé cómo Ale me miraba interrogante mientras se sentaba a mi lado en la cama, sin dejar de contemplarme, algo confundido. Alessandro suspiró profundamente, cerrando los ojos un instante. Cuando volvió a abrirlos, me miró fijamente, tratando de leer mi mente.

—¡No me mires así, no me dispararé en la cabeza! —le aseguré sin convicción, porque en verdad no recordaba nada de eso—. ¿Cómo me hice este golpe? No recuerdo golpearme la cabeza cuando me tiré por la ventana.

—¿Qué ventana, cariño? —preguntó Alessandro intrigado.

Lo miré con seriedad; todo estaba tan embrollado en mi cabeza que no podía decir qué era verdad y qué no.

Alessandro tomó mis manos entre las suyas.

Las imágenes comenzaban a asomarse en mi mente, borrosas e intensas.

Yo, sosteniendo un arma. Demon gritándome sus amenazas.

Mi corazón palpitaba al límite de lo soportable.

Mis manos temblaban. Sentí que mi cuerpo entero revivía aquel instante de terror.

Quería saber, por eso me giré con cuidado para mirarlo.

—La ventana de la casa de Damián. Aunque había nieve cuando salté, tú me recibiste —lo vi abrir los ojos con incredulidad, por eso pregunté con duda—.

¿No fue así? ¿No salté por la ventana como me pediste?

¿No me rescataste de la casa de Damián? No sé bien, Ale, es todo muy confuso.

También recuerdo salir corriendo con Damián y un gran fuego.

Su padre murió de un tiro en la frente, Damián muriendo…

¿Lo mataste, Ale? ¿Fuiste tú? ¿Mataste a Damián y su papá?

Alessandro no dijo nada de inmediato, su mandíbula se tensó y apretó los dientes nerviosamente. Seguía mirándome intrigado, buscando en lo profundo de mi ser una explicación a la historia que le estaba contando.

—Lili... —dijo, por fin, en un tono bajo y grave—. No cariño, nada de eso pasó. ¿Seguro no recuerdas cómo escapaste? ¿Cómo te hiciste eso en tu cabeza?

Estaba al borde de las lágrimas, odiando el miedo que sentía. Odiándome a mí misma por no poder recordar con claridad lo que sucedió. Tenía derecho a saberlo, ¿no? Era mi vida, mi pasado, mi desorientación, y todo eso estaba atado a ese hombre.

—No recuerdo nada, eso que te cuento es muy confuso en mi cabeza. Pero no recuerdo nada más —confesé, apretando sus manos—. Cuando me esfuerzo, solo veo los ojos amarillos y la sonrisa diabólica de Demon. No quiero recordar eso, me da mucho miedo.

Alessandro respiró profundamente mientras me abrazaba con una delicadeza que me hizo sentir segura. Su pecho subía y bajaba con aquel aire de poder inquebrantable que tanto detestaba y amaba al mismo tiempo. Era mi Ale, mi esposo, mi amor.

—No te esfuerces por recordar, amor, no es necesario, no son memorias hermosas. Me alegra saber que no recuerdas nada más. Promételo, nunca te dispararás a la cabeza ni a ningún otro lugar —me insistió, muy serio.

Lo observé con incredulidad, pero la mirada que me devolvía me decía que no mentía.

Parecía que en verdad me disparé yo misma.

Un escalofrío recorrió mi columna, como si mi cuerpo recordara lo que mi mente aún no lograba procesar.

Hundí mi cabeza en su pecho. Luego levanté mi mirada y lo miré fijamente.

—Lo prometo, siempre y cuando tú me prometas que vendrás siempre por mí como ahora; que, pase lo que pase, tú no descansarás hasta rescatarme —le pedí con temor en mi voz—.

Si me prometes eso, resistiré cualquier cosa que me hagan, porque sé que, como ahora, no descansarás hasta tenerme contigo de vuelta. Eso te lo juro, Ale.

—Te lo juro, Lili, te lo juro. Eres mi vida, aunque tenga que revolver cielo y tierra si algún día vuelve a pasar lo de ahora —se enderezó de rodillas en la cama—.

Pero haré todo lo posible porque no vuelva a suceder.

Yo, Alessandro Minetti, el Capo di tutti i capi, el uno, te doy mi palabra de honor: no descansaré hasta rescatarte.

Por eso, tú esperarás empleando todos los métodos a tu alcance para mantenerte viva.

Porque yo iré por ti, cariño, lo haré. Confía ciegamente en mí como yo lo haré en ti.

Lo miré mientras tomaba aire sintiendo que era irreal y temiendo que fuera un sueño.

La cálida luz de la lámpara apenas lograba iluminar el rostro de Alessandro.

A pesar del juramento que acababa de decir, seguía perturbada.

Mis recuerdos fragmentados me parecían un rompecabezas con enormes huecos que mi mente intentaba llenar desesperadamente.

—Lo haré Ale, esperaré siempre por ti —le aseguré, entrando en sus brazos—. Confiaré en ti mi amor. Tuve tanto miedo Ale, mucho miedo de que ese monstruo me atrapara.

Me estremecí al cerrar los ojos y unos ojos dorados acompañados de una sonrisa macabra mientras avanzaba a agarrarme hizo que los abriera de inmediato. Alessandro, parecía adivinar lo que pasaba por mi mente, me estrechó con cariño mientras hacía que me recostara en la cama.

—Ven cariño, deja que te abrace, estás segura ahora —murmuró con voz baja y ronca, mientras con un movimiento suave me recostaba en la cama—. Extrañé tanto escuchar tu voz todos estos meses.

—¿Meses? —Me senté de un golpe y pregunté asustada—. ¿De qué meses hablas?

—Deberías descansar ahora. Aún no recuerdas todo. Y tal vez sea mejor así —respondió, cubriéndome con la sábana—. Luego hablamos de eso, tengo curiosidad de algo. Vamos a ver qué recuerdas, te haré preguntas y tú responderás lo que recuerdes sin esforzarte, ¿quieres?

Me miraba anhelante, y aquel brillo peligroso que trataba de ignorar se intensificó.

Sentí que mi corazón estaba a punto de salir disparado de mi pecho.

¿Quería recordar? No lo sabía, un temor apretaba mi pecho.

Tragué saliva y respondí, porque sí, soy testaruda y no mido consecuencias cuando algo me atormenta.

¡Quería saber si había hecho tal atrocidad!

—Está bien, pero no te hagas muchas ilusiones —le advertí, girando para verlo a los ojos—. De veras siento como si se me borraran las memorias.

—No te esfuerces, dime lo que realmente recuerdes —Alessandro me miró, luego tomó aire y comenzó a preguntar—: ¿Qué pasó, por qué había tanta sangre en el auto? ¿Damián te cortó? ¿O fue Demon? ¿Te obligaron a algo Lili? Cuéntame qué pasó desde que dejé de verte si te acuerdas.