17. PREOCUPACIONES DEL CONSIGLIERE
MINETTI:
No contestó de inmediato, pero tenía que reconocer que era cierto lo que decía. No solo era el Capo di tutti i capi, sino que me había convertido en el Uno de "Los Dragones", a los cuales todavía no había conocido ni dirigido; solo los había utilizado para recuperar a Lilian.
—Me llamó uno de la organización "Los Dragones" para preguntarme si estábamos seguros de que Lilian era la verdadera hija del dragón rojo —me informó Rufo para mi desconcierto.
—¿Qué? ¿Por qué preguntaron eso? Esos viejos me están llenando mi copa —dije, dirigiéndome a la salida de la habitación donde yacía Lili.
Rufo suspiró, pasando una mano por la cabeza; sabía que estaba agotado por todo el trabajo que tenía, no solo como doctor, sino como mi segundo al mando.
Había descuidado todo mi trabajo por estar al lado de Lilian, temía que si me movía de su lado, me extrañaría y no despertara. Era hora de retomar mi trabajo.
—No lo sé, me parece que hay alguien detrás de esto —y mientras hablábamos, me sacó de la habitación, dejando a mi Lili dormida—. Estuve investigando y creo que son los Conti; la que iba a ser tu esposa apareció ahora y está regando muchos rumores sobre Lilian.
—¿De veras? —eso me había sorprendido—. Después de la boda fallida desapareció, ¿qué quiere ahora esa chica descabellada?
No le había prestado atención después de que desapareció el día de la boda; estaba tan concentrado en mi pelirroja alocada que se me olvidó por completo. Sabía que un día me traería problemas, pero lo olvidé hasta ahora.
—No lo sé, Ale, pero creo que tenemos que estar muy alertas. Ellos ya de antes se habían aliado con nuestros enemigos. ¿Recuerdas? —me recordó.
Y era cierto, ellos me habían vendido a su hija, a la espera de beneficiarse de nuestra alianza matrimonial. Realmente no le había dado ninguna importancia. Lilian me había absorbido por completo. Pero era hora de que resolviera ese asunto.
—Fue una de las cosas que utilizamos para que cediera a vendértela el desgraciado de Conti.
Lo que nunca imaginé es que esa chica caprichosa, que consideramos tonta y manejable, fuera más que eso —siguió hablando Rufo—.
Y que aparezcan ahora que eres el Uno, no me da buena espina; creo que vas a tener que afrontar una lucha de poder en esa organización.
Lo miré pensativo. Odiaba haber tenido que asumir esa posición en el mundo bajo y oscuro de esa mafia desconocida para mí.
Pero lo había hecho y no iba a retractarme.
De esa posición dependía la seguridad de mi esposa; no quería que apareciera otro insensato reclamando a Lilian. Ese punto tenía que solucionarse.
—¿Qué quieres decir con eso? —pregunté, listo para resolver todo.
—Me parece que vas a tener que luchar para mantener no solo tu puesto, sino a Lilian —puso en palabras lo que ya me temía—. Por lo que escuché, esa chica dice que tú la desposaste y que debes tomar responsabilidad.
—¿Qué quiere decir con ese disparate, si no nos casamos? —lo miré realmente sorprendido.
Esto era el colmo; me parecía que Rufo tenía razón, estaba tan concentrado en Lilian que había dejado que se olvidaran de quién soy.
Eso no lo podía permitir. Sobre todo ahora que no solo soy el Capo di tutti i capi, sino el UNO.
Tenía que darles una demostración de a quién habían obligado a ser su jefe.
—Lo sé, Ale, lo sé —aceptó Rufo al ver cómo entrecerraba los ojos; me conocía muy bien y sabía que compartía mis pensamientos—. Tenemos que descifrar cuál es su juego. ¿Estás seguro de que no estuviste con ella?
—¡Jamás le toqué un cabello, eso era parte del arreglo! —exclamé molesto—. Rufo, encárgate de eso. No quiero que mi Lili, cuando despierte, se encuentre en medio de una batalla con esa desquiciada. ¡No lo voy a permitir! Primero le meto un tiro entre ceja y ceja.
De pronto me sentí furioso. ¿Quién se creían los Conti para pensar que me podían presionar de esa manera? Eso no se lo podía permitir a ninguno de ellos. Tenía que demostrar quién era Alessandro Minetti, el Capo di tutti i capi y el UNO.
—Tranquilo, estoy en eso, Ale, pero necesito de tu ayuda —se apresuró a decir Rufo, sabiendo lo que significaba que me molestara y fuera a cobrar cuentas.
Aunque para mi complacencia, dijo:— Tienes que recordarles a todos quién eres.
No por gusto te llaman el dragón negro. Parece que estos meses has desaparecido, se han creído que estás dormido.
—Pues eso lo arreglaré hoy mismo. Esta furia y frustración que siento, tengo que descargarla en alguien —dije, decidido a teñir todo de rojo—. ¿Dime por dónde empiezo a cortar cabezas?
Rufo sonrió complacido con mi respuesta. Él, como yo, deseaba hacer una limpieza y soltar un poco de la rabia que nos embargaba por lo sucedido y que no habíamos tenido tiempo de liberar por estar atendiendo a Lilian y no hacer lo que acostumbrábamos.
—Ahora mismo te digo, empezaremos esta misma noche —dijo de inmediato con una amplia sonrisa—. También tenemos que hacernos cargo de los de la organización "Los Dragones".
—¿Qué pasa con ellos? —pregunté con desgana—. Ya acepté ser el UNO. ¿Qué más quieren?
Rufo se detuvo al escucharme. Era una conversación que, como el UNO y el DOS, no habíamos tenido. De inmediato me recordó que llevé años negándome a ser el UNO. Ellos se acostumbraron a mandar sin mí, y ahora, de la nada, lo había aceptado.
—No creo que les agraden todas las medidas que hemos impuesto sin dar la cara —. Eso era cierto; solo fue una medida para quitármelos de encima, pensé—. Solo insistieron en que tomaras el cargo para que se desbloquearan todas las cuentas que Kenet había bloqueado.
Me había dado cuenta de ello. Me habían estado llegando peticiones para el uso de ese dinero que, hasta ese momento, no entendía del todo.
—Rufo, vuelve a bloquear todo ese dinero para que solo tú o yo podamos disponer de él.
—Me quedé pensativo. Había muchas cosas misteriosas de esa organización que no sabía—.
Tenemos que tenerlos muy controlados. También me llama la atención la insistencia en que les devuelva todas las empresas a Lilian.
Creo que algo traman, y esos rumores de que es falsa son sospechosos.
Rufo estuvo de acuerdo. Era claro que estaban tramando un plan para separarme de Lilian y desmoronarme. Para ellos no era un secreto que asumí por ella.
—Pienso igual que tú. Al poner en duda que Lilian sea la hija de Kenet, están jugando fuerte —dijo pensativo—. Todavía no descifro su juego claramente. Por un lado, pienso que quieren separarte de ella para destruirte a ti y, a través de Lilian, apoderarse de todo…
—¡El que se atreva a tocar a mi Lili no tendrá piedad! —afirmé rabioso, sobre todo ahora que tenía un poder ilimitado—. Que no despierten el dragón dormido en mí, o lo van a lamentar.