15. UN NUEVO DESPERTAR
LILIAN:
Un sonido fuerte de un motor me despierta. Me muevo en la cama, siento que es diferente, ya me duele menos todo. Abro despacio mis ojos, me cuesta trabajo enfocar, estoy en penumbras. Cuando al fin logro divisar el lugar, no lo puedo creer. ¡Estoy en el avión de Ale, en su avión!
La alegría me embarga. Voy a sentarme; un mareo intenso hace que me recueste de nuevo.
Me doy cuenta de que no me da miedo saber que voy volando.
Levanto mi mano y es cuando me percato de que llevo enganchado un suero y una transfusión de sangre.
Vuelvo a hacer el intento de sentarme, pero se repite el mareo, por lo que opto por permanecer acostada.
Escucho unas voces en el exterior y puedo distinguir una muy bien.
—¡Ale, Ale, amor! ¿Dónde estás? —lo llamo lo más fuerte que puedo. La cabeza me duele tanto que cierro los ojos.
Al escuchar unos pasos presurosos, los abro.
Para mi felicidad, lo veo aparecer delante de mí con una expresión de increíble alegría y de susto a la vez.
Intento sentarme, pero un gran mareo me embarga y hace que vuelva a recostarme.
Mi Ale sonríe mientras trata de disimular las lágrimas que aparecen en sus ojos, y corre a mi lado.
—¡No te sientes, amor, no puedes! —me dice y con delicadeza acomoda las almohadas detrás de mí—. Estás operada de la cabeza, Rufo dijo que debía permanecer acostada.
—Ale… —murmuro.
Extiendo mis manos hacia él, tratando de hablar y no puedo por la emoción que me embarga.
Alessandro viene y me abraza como si fuera de cristal.
No comprendo por qué está tan asustado, pero quiero consolarlo.
Me abraza con firmeza y me llena de besos.
No se me escapa como se estremece, como si ocultara un sollozo.
—¡Regresaste, Lili, al fin regresaste a mí, amor! —exclama Ale emocionado—. ¡Gracias, Lili, muchas gracias! Te amo, te amo, gracias por despertar.
Me estrecha con intensidad en sus brazos, haciendo que me embargue una alegría incontrolable.
Añoro tanto sentirme así, en el lugar más seguro del mundo para mí.
En los brazos de mi querido esposo, que ahora me sostienen con firmeza contra su pecho, mientras me besa con delicadeza, llenándome de su infinito amor.
—Gracias, Lili, muchas gracias por no dejarme solo —vuelve a decir y hunde su cabeza en mi hombro—. Tuve tanto miedo de que no despertaras, de que me dejaras para siempre.
—Jamás, amor, jamás te librarás de mí —alcanzo a decir, sintiendo que llevo mucho sin hablar. Mi garganta me duele y está muy reseca—, en vida soy tu esposa y si muero seré tu fantasma. ¿Me escuchas?
—De acuerdo, no quiero librarme. Pero ahora deja que te revise Rufo un momento —habla preocupado—. ¿Te duele algo?
—Un poco la cabeza. ¿Qué pasó? —pregunto sintiendo que no recuerdo muy bien las cosas—. También tengo mareo. ¿Tuvimos un accidente?
—Ahora no, cariño —me interrumpe—. Deja que te revise Rufo, lo voy a hacer pasar, ¿de acuerdo?
Asiento. Estoy muy intrigada al no recordar nada.
Llevo mi mano a mi cabeza y está vendada.
No entiendo nada y me duele mucho. No recuerdo haberme golpeado.
Todo es muy confuso en mi mente; tengo una gran oscuridad que envuelve mis memorias.
También siento que me cuesta mucho moverme, sobre todo mi brazo izquierdo.
—Hola, Lili, no te preocupes, todo va a estar bien. Tuviste un pequeño accidente y tuve que operarte. A ver, vamos a examinarte —explica el doctor Rufino cuando llega.
Rufino comienza a hacerme una exhaustiva examinación. No comprendo por qué, pero hago todo lo que me pide porque quiero que Ale vuelva. Puedo sentirlo hablando con alguien en la puerta.
—Alessandro, pasa ahora —lo llama Rufo, y mi corazón salta desbocado al ver a mi Ale—. Todo parece estar bien. Cuando lleguemos le haré todos los chequeos correspondientes. No la canses. Al parecer, sus manos siempre firmes le tiemblan levemente, lo que me dice que es muy serio lo que me sucedió.
—¿Qué accidente? —trato de averiguar, pero me cuesta mucho hablar; mi voz sale gruesa y me duele la garganta—. ¿O me dieron otro tiro?
Alessandro no me contesta. Tampoco me sostiene la mirada.
Pero por mucho que trato de recordar lo sucedido, mi mente no me trae nada con claridad.
Como doctora sé que una operación en la cabeza puede ocasionar falta de memoria temporal.
Por ello dejo de esforzarme. Además, estoy preocupada por el peso que siento en mi lado izquierdo. ¿Me habrá dado una isquemia?
—Ya pasó lo peor ahora que despertaste. Todo va a estar bien, Lilian, te lo aseguro. Estarás bien —repite una y otra vez, pero sin mirarme a los ojos, lo que me dice que algo muy malo debe haberme sucedido.
En ese momento llega Rufo con unas enfermeras y se pone a evaluarme con seriedad. Al parecer fue él quien me operó. Puedo ver que sus manos siempre firmes le tiemblan levemente, y un escalofrío me recorre. Si algo pone nervioso a Rufo, es porque de verdad es grave
—Confía en mí, cuñada. Haré que vuelvas a estar como nueva —dice sin dejar de revisar todas mis reacciones—. Esa pesadez en ese lado va a pasar.
Rufo sigue explicando, sonriente y mirando hacia la puerta donde veo a mi mejor amigo Miguel llorando emocionado. No entra, me tira dos besos sin acercarse. No insisto porque sé que Alessandro quiere quedarse a solas conmigo.
—Descansa Lilian, la operación es cerebral. No es necesario que te explique lo que no debes hacer —dice con severidad Rufino—. Ahora solo debes tener paciencia. Todo está evolucionando como debe. Va a ser un largo camino, que recorreremos juntos. Debo irme, dejé un paciente en la consulta.
Afirmo con la cabeza mirando como Migue me tira besos y me pide que no me mueva y que vendrá luego.
Pero las lágrimas en sus ojos me dicen que me están escondiendo algo, pero no pregunto.
Los veo como se van abrazados, cerrando la puerta al salir.
Aunque entiendo lo que quiso decir con eso de que hiciera reposo.
Al parecer me di un golpe en la cabeza en algún tonto accidente, debe haber sido cuando escapábamos, pero no lo recuerdo. Ale se acerca de nuevo y me abraza.
—Te amo, Ale, gracias por venir por mí —susurro en su oído, sintiendo mi lengua algo entumecida—. ¿Qué me pasó?
—Ahora debes descansar. Rufo me dijo que no te hiciera hablar mucho.
Yo te adoro, Lili, te adoro —acaricia mi rostro con adoración—.
Siempre vendré por ti, cariño, siempre. Nunca lo dudes, confía en mí.
Pero, sobre todo, espera por mi llegada.
¡Nunca más vuelvas a hacer eso que hiciste, cariño, nunca más! Gracias a Dios que estás bien, amor.
Y me estrecha aún con más intensidad, acostándose a mi lado en la cama.
Soy inmensamente feliz, siento que he estado separada de él mucho tiempo.
Hundo mi cabeza en su pecho mientras en mi mente no dejo de gritar: ¡Mi Ale vino por mí, vino por mí y me salvó!
¿Qué más le puedo pedir a la vida? Me relajo, al sentirme segura vuelvo a caer en un profundo sueño, solo que esta vez estoy segura.