14. EL DESPERTAR DE LILIAN
ALESSANDRO:
Según los días pasan, Rufo tiene que regresar a su trabajo en Roma. Pero se la pasa viajando, lo hace con Miguel. Se va en la mañana y regresa en la tarde. Hasta trae a la señora Libia por una semana. Ella quiere quedarse más tiempo, pero prefiero que cuide de mi abuelo.
Al fin la inflamación cede y le vuelven a colocar el hueso.
Pero Lili sigue sin abrir los ojos. Estoy feliz, no importa cuánto tarde en hacerlo, al menos está viva.
Aunque no voy a negar que, con el pasar del tiempo, los días se vuelven semanas, las semanas meses, y mi Lilian sigue inconsciente.
Me estoy desesperando un poco. ¿Y si nunca vuelve en sí?
Hoy la he visto mover sus ojos más de lo normal. Rufo dice que parece que quiere despertar. Ojalá lo haga pronto. La extraño a morir. Agonizo por escucharla gritarme, llevarme la contraria, hacerme volver loco. Lo prefiero a que esté en esa cama sedada.
Aunque le agradezco a Dios que me la salvó, cumpliré mi promesa de servirle y ayudar a hacer todo el bien que pueda. Ya, junto a Rufo, hemos trazado nuevas estrategias para empezar a luchar contra todos esos que están acabando con la humanidad.
Nunca antes comprendo por qué mis padres se metieron a mafiosos.
Somos de una familia muy adinerada, no teníamos necesidad de entrar a ningún lugar ni de hacer negocios turbios.
Mi abuelo solo asume el cargo de capo mayor después de que mis padres desaparecen.
Se mete a mafioso para averiguar quiénes son los que asesinaron a su hijo y a su nuera.
Porque, aunque todos dicen que desaparecen en el mar, no se encuentra un solo indicio de que eso sea verdad.
Está convencido de que los mataron, o los tienen prisioneros en algún lugar.
Por eso también se mete en la organización de los Dragones, y a mí con él.
Mi abuelo resulta ser un mafioso muy competente, tanto que hace crecer la organización en un año como nunca antes lo habían hecho.
Organiza, apoderándose poco a poco de una gran cantidad de fracciones de mafiosos que solo luchan y se matan entre sí.
Reparte territorios y divide los negocios.
Ellos, ante las mejores ganancias y condiciones de vida, están gustosos de servirnos.
Pasan de ser unos simples rateros a dirigir casinos y otros negocios que les dan cierto estatus social.
Luego, cuando crezco y me lleno de odio por la muerte de Celia y mi hijo, me vuelvo el brazo justiciero de la mafia.
Aun cuando mi abuelo trata de detenerme, hago que nos teman.
Y, a pesar de que nunca quiero ningún cargo, como saben, tengo que aceptarlos todos.
Por mi fama ganada de mano dura e intransigente, pero a la vez de ser un ganador en los negocios que emprendo, todos están de acuerdo en que sea el Capo di tutti i capi, y ahora, por mi Lili, el número uno.
Me inclino sobre mi esposa que se ha estado moviendo. La beso con delicadeza en su frente. Me percato de que las pestañas se estremecen. ¡Parece que va a recobrar la consciencia! Me lleno de emoción y salgo corriendo fuera de la habitación en busca de mi amigo.
—¡Rufo, Rufo! —lo llamo, pero no responde.
Sigo corriendo en busca de Rufo cuando una voz que he estado añorando con todo mi ser se escucha llamándome y hace que me quede paralizado.
—¡Ale, Ale…! ¿Dónde estás? ¡Ale… Rufo…!
Regreso corriendo a su lado y me quedo observándola.
Aún tiene los ojos cerrados y permanece inmóvil.
No puede ser una alucinación, ella me llama, lo escucho.
Es el momento que había estado esperando con cada fibra de mi ser.
De pronto veo a Lilian hacer un esfuerzo supremo, concentrando toda su energía en regresar a mí.
Como un milagro, sus párpados comienzan a abrirse lentamente.
Mi corazón late acelerado al volver a ver esos hermosos ojos verdes que tanto he extrañado.
Aunque es solo por un instante, sé que está de vuelta.
Me inclino rápidamente para abrazarla, pero justo cuando lo hago, Rufo interviene con su profesionalismo habitual, revisándola con atención médica.
Lilian parpadea confusa mientras él le hace preguntas básicas para evaluar su estado.
Yo permanezco en silencio, ansiando intervenir, pero comprendo que este es un momento delicado.
—¿Estás despierta, Lilian? —pregunta Rufo, evaluando sus respuestas—. ¿Cómo te sientes? ¿Sabes quién soy? ¿Te duele mucho la herida?
Siento su desesperación cuando intenta incorporarse, y un nudo se forma en mi garganta al verla tan vulnerable, deseando regresar a la seguridad de nuestro hogar, a mis brazos.
Es una mezcla de impotencia y esperanza, notando sus tímidas sonrisas de reconocimiento mientras escucha y sigue con diligencia las instrucciones de Rufo.
—Rufo —murmura Lilian, identificándolo con dificultad, lo cual para mí es un alivio. Significa que está aquí, en el presente, luchando.
En un intento por sentarse, su frustración aumenta, y el temor me invade cuando veo su ansiedad por encontrarme. Ella forcejea y yo me encojo por el deseo de evitar su angustia.
—Enfermera, póngale un somnífero leve para que se calme —ordena Rufo con urgencia—. No podemos permitir que se siente ahora.
Miro a Rufo sin interponerme en su decisión. Es el doctor y confío ciegamente en lo que decide, aunque no me gusta.
—¿Por qué la sedas de nuevo, Rufo? —pregunto con un tono que denota incomodidad.
—Disculpa, Ale, pero tiene el cráneo descubierto.
No puedo permitir que se siente ahora, la presión de la sangre sería mucha —me explica Rufo, con su calma característica—.
Pero es una buena señal que haya vuelto en sí y tenga todos sus reflejos.
Ya verás que cuando pase el efecto del medicamento abrirá los ojos de nuevo, pero no la dejes sentarse.
Asiento, reconociendo la lógica médica detrás de su decisión, aunque mi espíritu anhela tener a Lilian alerta y en mis brazos, fuera de todo peligro.
El saber que ha recobrado la consciencia, aunque sea brevemente, me otorga una nueva esperanza, la chispa de que nuestra batalla aún puede ganarse juntos.
Su mano sigue apretando la mía. Me inclino y beso con suavidad sus labios. Me emociono al sentir los de ella respondiendo a los míos. Siento cómo se relaja y deja que el sueño se apodere de ella.
—Tranquila, amor, estoy aquí a tu lado. Descansa, linda, y vuelve a mí pronto —le digo, sentándome a su lado mientras acaricio su rostro—. Cuando lo hagas, estaré aquí esperándote.