13. MI SUEÑO DE RESCATE
LILIAN:
Estoy sentada en la cama, en la habitación de la casa de Damián.
Abro la ventana ante el sonido de algo que choca contra ella.
Hay muchas sombras corriendo. Trato de ver a mi Ale, pero nada.
Una explosión muy grande se escucha en algún lugar, hay fuego.
Corro por un pasillo sin fuerzas, no sé dónde estoy.
Demon me persigue y Damián me quiere agarrar.
Las llamas me rodean, no puedo escapar hasta que voy a dar a una ventana.
Quiero escapar, pero el fuego no me deja. Alguien tira de mí por una mano. Escapamos llenos de sangre. Los ojos amarillos de Demon me persiguen. Casi me atrapa. Estoy acorralada. Escucho su escalofriante risa, lo veo avanzar hacia mí, viene a atraparme.
—¡Ale, Ale, me va a atrapar! ¡Me va a atrapar! ¡No, no quiero que me atrape, no quiero que me atrape! —lo llamo una y otra vez—. ¡Ale, Ale! ¿Dónde estás, dónde estás?
Alguien atrapa mi mano. Una fuerte explosión se escucha. Algo me golpea. La puerta se abre violentamente y mis ojos captan a mi Ale, pero ha llegado tarde.
—¡Noooo…! —lo escucho gritar con todas sus fuerzas, mientras lo que ha golpeado mi cabeza hace que me abandonen las fuerzas.
Todo se vuelve negro. ¡Quiero ver a mi Ale, quiero correr a su encuentro! ¡Ale… Ale… Ale…! Pero nada sucede.
Todo parece una pesadilla, todo se vuelve rojo alrededor. Puedo escuchar los gritos, los tiros. Trato de luchar contra alguien que me atrapa. Un terrible dolor en mi cabeza, como si se hubiera abierto, me estremece mientras voy entrando en una completa negrura.
Alguien comienza a hacerme algo en la cabeza, pero yo solo quiero ver a mi Ale. Trato de concentrarme en medio de esta penumbra que me envuelve, el dolor y la debilidad, y lo escucho muy lejos, demasiado lejos:
—¡¿Cómo pudiste hacer eso, amor?! ¡¿Cómo?
! ¡Perdóname por llegar tarde, cariño, perdóname!
Todo es mi culpa, mi culpa. Pero no debiste hacer eso, amor.
No debiste. ¡Solo tenías que esperar dos minutos!
¡Dos minutos por mí, cariño! ¿Cómo se te ocurrió quitarte la vida, amor?
¿No sabes que si mueres de ahí no puedo rescatarte?
¡No lo hagas, Lili, no te atrevas a irte y dejarme solo!
Escucho esa voz mientras siento cómo corre conmigo en sus brazos, o eso creo. La voz sigue tintineando en mis oídos.
—Por favor, resiste, Lili, no me puedes dejar. Resiste —le ruego al sentir cómo su sangre corre por mi cuerpo—. No soy nadie sin ti.
No puedo contestar porque el llanto me lo impide, pero todo es muy extraño.
El vacío me envuelve y escucho todo lo que pasa a mi alrededor sin comprender nada.
Me abraza muy fuerte, llenándome de besos, creo.
Alguien aprieta mi cabeza. Me levanta en sus brazos y lo siento correr conmigo.
Quiero hablar, pero algo me lo impide. Quiero decirle tantas cosas y lo intento, pero no creo que me escuche.
—Ale, perdóname. No debí dejar a los guardias. Otra vez me metí en problemas por no escucharte —trato de explicarle, pero creo que no sale nada de mi boca y él no me escucha porque sigue diciendo otras cosas.
—Te vas a poner bien, Lili —escucho que me dice—.
No puedes hacerme esto. No puedes dejarme solo, ¿me escuchas?
Te metiste en mi vida a la fuerza, me hiciste amarte como nunca he amado a otra mujer.
Por eso, amor, despierta para mí, por favor.
Aunque no lo creas, me estoy muriendo de miedo, sí, miedo, Lilian. Me aterra la idea de que no despiertes.
Hago el intento de moverme, de abrir mis ojos, pero algo más poderoso que mi voluntad me mantiene atrapada. Escucho muchos gritos, luego las sombras y el silencio me envuelven.
Cuando vuelvo a tener conciencia, trato de abrir mis ojos, pero no puedo. Intento mover mis brazos y siento que están adoloridos y llenos de agujas.
Muero de frío, no creo que pueda despertar, me estoy durmiendo. Estoy realmente muy débil. Me duele mucho la cabeza. Cuando me resigno a que no puedo hacer nada, escucho la voz de mi Ale que me habla al oído.
—Disculpa, cariño, no te estoy presionando. Descansa, cariño, todo está bien ahora —me susurra—. No te preocupes, me tienes a mí para cuidar de ti. No me moveré de tu lado ni un instante. Te cuidaré la vida entera, la vida entera, Lili. Te llevaré en mis brazos.
Sigo envuelta en esta penumbra. No sé si duermo, sueño o tengo una pesadilla que nunca termina.
A veces escucho que me hablan diferentes personas.
Hago mi mayor esfuerzo para comunicarme, para salir de este estado en que me encuentro, pero nada pasa.
Algo más poderoso que mi voluntad me mantiene atrapada.
Últimamente escucho seguido una frase en la voz de mi Ale:
—Regresa, amor, regresa. Te extraño tanto, cariño. Regresa a mí, despierta. ¿No crees que ya has dormido demasiado?
Entre el vacío de la inconsciencia y la vaguedad de los sueños, siento una chispa de urgencia, una necesidad de volver, no solo por mí, sino por él.
La voz de Alessandro es mi ancla, la cuerda que me sostiene a la vida mientras floto entre recuerdos y sombras.
Con cada súplica suya, algo en mí lucha por salir a la superficie.
El mundo a mi alrededor sigue siendo un torbellino de luces intermitentes. Entre todo, su colonia, ese olor que ya es mi hogar.
En mi mente, los momentos compartidos con él pasan como un carrusel de imágenes brillantes: nuestras risas, sus gestos protectores, su mirada intensa que cala en mi alma. Esas memorias se convierten en mi motor, el combustible que necesito para intentar salir de esta prisión de negrura.
Hay un día en particular en que sus palabras resuenan con más claridad que nunca.
"Ya has dormido demasiado", dice. Es como un llamado, un marcapasos que sincroniza el ritmo de mi corazón con el anhelo de despertar.
Siento una pequeña respuesta en mi cuerpo, un leve movimiento de mis dedos, apenas perceptible, pero que me hace sentir que estoy más cerca de regresar.
Sin embargo, otra vez el vacío me atenaza.
Las fuerzas me fallan y todo sonido desaparece a mi alrededor.
Cuando vuelvo a recobrar mi consciencia, me esfuerzo por abrir los ojos y moverme.
Me parece que logro mover los dedos de los pies.
Respiro profundamente y muevo las manos.
Pero mis párpados se niegan a abrirse. ¡Oh, Dios, ayúdame! No quiero que mi Ale siga sufriendo.
—Hola, cariño, ¿no vas a despertar hoy tampoco? —escucho a mi esposo y siento cómo se inclina para besar mis labios.
¡Despierta, Lilian!