12. TODAVÍA EN FRANCIA
ALESSANDRO:
Rufo dijo que sí con la cabeza mientras tiraba de mí para sentarnos en un banco, uno al lado del otro, como tantas otras veces, solo él y yo.
Aseguraba que Damián realmente impidió que Lilian se volara los sesos.
Si no hubiera tirado de su mano, el proyectil hubiera entrado en la cabeza de mi esposa.
—Él está muy mal, según escuché. Ya tenía un tiro en el hombro que al parecer Lilian le extrajo la bala y se lo cauterizó —explicaba, mientras trataba de limpiar sus manos que no dejaban de temblar.
Se las tomé y comencé a darles calor—. Pero Demon le dio otro disparo en el torso a Damián.
Está en coma por la enorme pérdida de sangre que tuvo.
La operación salió bien. Sus hombres también están bien.
Mi ex amigo Damián. Le fallé al no cuidar a su Celia, permitiendo que la eliminaran, y él no lo hizo con mi amor.
Salvó a Lilian sin importar que la secuestró y la trajo a este país.
Un estremecimiento me recorrió al recordar la escena de nuevo, ese terrible momento en que Lili se disparó en la sien.
—No te asustes, Ale —Rufo me apretó la mano con fuerza—. Si no hay ninguna complicación, Lilian va a estar bien. Perdóname, mi hermano, por asustarte. Nunca me había encontrado en una situación como esta. Por ello es que no permiten que los doctores operemos a nuestros familiares.
—Rufo, deja de pedir perdón, mi hermano. Te entiendo, te entiendo —estreché su mano con fuerza—. ¿Podemos moverla de aquí?
—No, Ale, no podemos —contestó de inmediato—. Al menos hasta que pase toda la etapa crítica y yo pueda volver a colocarle el hueso en su lugar.
Lo miré al escuchar eso. ¿El hueso en su lugar?
La imagen de la cabeza de Lilian regresó a mi mente.
El miedo no se había ido de mi pecho. Todavía no estaba fuera de peligro.
Me preocupaba que estábamos en Francia, donde tenía demasiados enemigos.
Pero tenía que aguantar, debía proteger a Lilian hasta que pudiera llevarla de regreso a Roma.
—¿Quedará con alguna secuela? —me atreví a preguntar.
—No lo sé, Ale. Te soy honesto —explicó Rufo—. No tuve tiempo de hacer un estudio exhaustivo antes. Me esmeré como nunca en toda mi carrera. Ahora todo depende de lo que le rozó la bala, que repito, no fue mucho. Si no hay complicaciones ni infecciones, creo que se va a recuperar bien.
Se detuvo para mirarme, pasando la mano por su frente en ese gesto que hacía cuando no estaba seguro de todo. Pero no dije nada. Lilian estaba viva, eso era lo único que me importaba.
—Lo que me preocupa, Ale, es que ya la sangre que poseían de su grupo aquí se acabó. Le puse la última bolsa hace un momento —dijo, muy preocupado—. Creo que tienes que llamar a los de la organización para que te manden.
—Está bien. Eres mi Consigliere y lo seguirás siendo con ellos también. Llámalos y diles que la quiero antes de que se acabe la que tiene Lilian —le pedí, porque no creía que pudiera ordenar nada. Estaba todavía en medio de la confusión.
Levanté mi mirada buscando a los hombres que habían llegado.
Estaba seguro de que me vigilaban desde afuera.
Se lo dije a Rufo. Creía que estaban en el hospital.
Habían venido a saludarme. También vi que unos cuantos hombres me apoyaron cuando habíamos llegado, aunque no habían vuelto a acercarse después de que apareció el director.
—No he querido hablar con nadie. Permanecí aquí esperando por ti —dije, sintiendo que mi cabeza estaba a punto de explotar.
—Está bien, lo hago ahora. Dame ese teléfono negro que te dieron —se puso de pie, extendiendo su mano hacia mí—. Vamos a hablar con el director. Es un buen cirujano, me ayudó mucho. Creo que pertenece a nuestro grupo.
—Lo es, me llamó jefe —lo seguí, queriendo ver a mi Lili—. Así que es uno de nosotros.
—Eso está mejor. De seguro se encarga de todo —pasó un brazo por mis hombros. No sabía si era para guiarme o sujetarse—. Vamos para que veas a Lilian, y luego ver dónde nos aseamos. Ah, toma, son los anillos de ella.
Miré los anillos que le había regalado a Lilian y los apreté con fuerza. Ella tenía que salir de esto, no me importaba cómo fuera. Debía volver a colocar esos anillos en su dedo y celebrar una boda muy hermosa. Después de colocarlos en mi bolsillo, recordé lo que me había dicho mi hombre.
—Deja que llame al abuelo, y tú deberías llamar a Migue —dije, deteniendo a Rufo, que miraba el teléfono de la organización—. Y creo que debemos asearnos primero. Así como estoy, no puedo acercarme a Lili.
—Tienes razón, vamos —aceptó de inmediato—. Primero deja que llame a Migue. Tengo cientos de llamadas perdidas de él.
Ambos hicimos nuestras respectivas llamadas. Nos bañamos en una habitación que nos facilitó el director, que también se encargó de traernos ropa, y entramos al salón de recuperación. Vi que mi Lili estaba al lado de Damián, ambos inconscientes. Fui y le tomé la mano a mi ex amigo.
—Te lo agradezco, Damián. Aunque sé que tus intenciones fueron robarla de mí, terminaste salvándola. No permitiste que Demon la atrapara, ni tampoco que ella se suicidara, y eso es algo que siempre te voy a agradecer —no sabía si podía escucharme, pero se lo agradecí de corazón.
Luego fui donde dormía mi adorada esposa.
Me quedé largo rato observándola. Toda su cabeza la tenía vendada, con parte de la cara inflamada y azul.
Le acaricié una mano, apoyé mi cabeza en su pecho hasta escuchar el latido acompasado de su corazón.
Besé su mejilla y seguí a Rufo para arreglar todo.
No sin antes susurrarle a Lili en su oído:
—No olvides que te amo, y que estoy aquí esperando por ti. Despierta pronto, linda. Te haré feliz, ya verás.
Al otro día, todavía no despertaba cuando la trasladaron para una habitación.
Rufo me explicó que la tenían bien sedada por las primeras setenta y dos horas, a veces más.
Mandé a poner a Damián y a los suyos en otra habitación, custodiada por sus hombres.
No fuera a ser que los del grupo de Demon vinieran a terminar el trabajo.
El viejo Ignacio, su guardia personal que lo cuidaba desde niño, a pesar de estar herido, estaba a su lado. Por suerte, arregló el entierro de su papá. Quería esperar que Damián despertara, pero Rufo lo convenció de que tardaría en hacerlo.
No podía creer que le debía la vida de mi Lili a Damián. Mi abuelo me dijo que me quedara todo el tiempo necesario. Aunque para tener mi mente ocupada en algo, trabajaba desde la silla al lado de mi esposa.
Los de la organización "Los Dragones" me habían estado visitando y poniéndome al tanto de todo.
Había hablado por teléfono con los grandes jefes de todos los países.
Estaba asombrado de que mi cuñada Lucila hubiera sido de gran ayuda.
Dirigía la empresa junto al abuelo como si fuera toda una empresaria, haciéndose pasar por Lilian.
Pero siempre me hacía la misma pregunta: ¿Despertará mi hermana? ¿Sigue en coma?