¡Ups! ¡No me equivoqué! 4. LA AYUDA AL ABUELO
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4. LA AYUDA AL ABUELO

LUCILA:

Después de que Alessandro se fuera con Rufo a rescatar a mi hermana, mamá y yo nos hemos quedado en la casa de Minetti.

Aunque hemos visitado la casa del lago, ahora vivimos oficialmente con ellos aquí.

Me la paso en la computadora tratando de encontrar dónde está Lili.

Ese día estaba en lo mío en la cocina cuando unos gritos me hicieron salir a ver qué sucedía.

—Luci, Luci, hija, ¿dónde estás? —llamaba el abuelo mientras se mueve lo más rápido que puede apoyado en su bastón. 5

Salgo corriendo desde la cocina con un plato de frutas en una mano y mi computadora en la otra, el cabello alborotado. Al verme, avanza directo hacia mí.

—¿Qué sucede, abuelo? —pregunto al verlo así—. ¿Encontraron a Lili?

—No se trata de eso, hija —responde, llegando hasta mí—. Necesito que hagas algo muy importante conmigo ahora. ¿Puedes hacer que tu cabello se parezca al de tu hermana?

—Sí, solo debo mojarlo y dejarlo secar. ¿Por qué? ¿Supo algo de Lili? ¿La tiene ya Alessandro? —vuelvo a preguntar, sin entender qué se trae entre manos.

El abuelo sacude la cabeza mientras me dice que no se trata de eso, sino de la empresa. Sin más, me ordena que vaya al cuarto de mi hermana y me vista como si fuera Lilian.

—No estoy entendiendo nada, abuelo —digo al ver lo agitado que está.

—Hazme caso, hija, ponte unas gafas oscuras —sigue pidiendo con urgencia, sin que entienda nada—. Hazlo rápido, Luci. Hoy tengo que impedir que ese canalla se salga con la suya ahora que no está Alessandro.

—¿Qué canalla? ¿Qué sucede? ¿Por qué no habla claro? —lo lleno de preguntas en lo que me dirige hacia la escalera.

Mientras me hace ir hacia la segunda planta, me dice que me va a contar en el camino. Pero ahora debo transformarme en Lilian.

—Vete a hacer lo que te dije y llénate de joyas —sigue pidiendo—. Demuestra que eres una Minetti. ¡James, James! ¡Trae la maldita silla!

Al verlo tan agitado, lo abrazo muy fuerte al tiempo que lo apoyo para ver cómo se estremecía. Le doy dos besos en la mejilla para tranquilizarlo.

—Cálmese, abuelo, lo que sea lo arreglaremos —le digo con cariño.

—Ojalá, hija, ojalá —responde sentándose en la silla—. Ve a hacer lo que te pedí, que sea rápido. Te espero en el despacho. Esta maldita enfermedad, no sé si voy a tener el tiempo de arreglar todo para ese muchacho.

Veo al abuelo alejarse y subo corriendo las escaleras. No quiero que siga así de molesto; me asusta pensar que se pueda poner peor.

—Migue, Migue —lo llamo al pasar por la habitación de Miguel, que está tratando de hablar con Rufo, pero no lo logra.

—¿Qué es, Luci? ¿Supieron de ellos? —sale enseguida de su habitación, también se ha venido a vivir con nosotros—. Llevo un tremendo rato llamando a mi Rufo y no me contesta.

—No es eso, Migue; tampoco sabemos nada —le digo entrando en la habitación de Lilian y Alessandro—. Pero el abuelo me acaba de pedir que me convierta en Lili y no sé por qué. Ven a asistirme, por favor.

—¿Qué te conviertas en Lili? ¿Por qué? —pregunta, pero me sigue dentro del closet.

Levanto los hombros en lo que rebusco para ponerme algo que me quede bien; soy más delgada que mi hermana. Por suerte, Migue es de gran ayuda y enseguida me encuentra lo adecuado. Mientras mojo mi cabello, le contesto que no tengo idea de por qué el abuelo me pide que haga esto.

—Mientras sigo alborotando mi cabello, escógeme joyas y todo lo que combine. Tengo que parecerme a Lilian —le pido, tratando de secar mi cabello.

—Déjame eso a mí —me pide buscando entre las cosas de Lili—. Tú ve a mojar ese cabello que yo te lo alboroto. Y ya me meto en el closet.

Hacemos todo lo más rápido que podemos; al final, el resultado es increíble. Soy la viva imagen de mi hermana, solo que más delgada. Pero Miguel me ha puesto una ropa que lo disimula bastante.

—Ahora, Luci, recuerda lo alocada que es tu hermana —me recuerda Migue en lo que caminamos fuera de la habitación.

—Lo sé, no olvides que me gusta imitarla desde niña —bajamos las escaleras y vamos al despacho—. ¿Abuelo, así está bien?

—Hija, si no conociera a Lilian, diría que eres tú —dijo, respirando aliviado al verme y empujando la silla—. Vamos ahora. Miguel, si quieres, puedes venir también.

Migue se pone feliz al escuchar al abuelo y yo también. Con él a mi lado puedo hacerme pasar por mi hermana mejor. Así, la escena será más convincente; todo el mundo sabe que es el mejor amigo de Lilian.

—¿Qué vamos a hacer? —pregunto, caminando a su lado.

—Tú serás Lilian Minetti, la Prima Donna de la mafia y esposa del UNO. Y lo más importante, la dueña de mi empresa, con todos los derechos que te concedió Alessandro para ordenar en ella —me dice el abuelo para mi sorpresa.

Por su expresión puedo ver que se trata de un tema muy serio. Asiento a todo lo que me pide y sigo escuchando lo que debo hacer vestida de mi hermana.

—Primero, montémonos en el auto y te explico —me pide el abuelo al salir de la casa y llegar al parqueo—. Toma, colócate esos anillos; son iguales a los que tiene Lili de matrimonio. Eran de mi esposa.

—Está bien —los tomo y me los coloco—. Vaya, me quedan muy bien.

—Ella era delgada, así como tú —aclara el abuelo, mirando mi mano con nostalgia.

Nos montamos en el auto y el abuelo empieza a explicarme en qué consiste su plan. Me asusto un poco, dudando de que pueda hacer eso.

—¿Quieres salvar la empresa de tu hermana, Luci? —pregunta muy serio el abuelo.

—¡Claro que quiero! —respondo de inmediato.

—Pues tienes que aparentar ser ella hoy. Alessandro juró ayer y desapareció; no da señales de vida, ni él ni Rufo —dice con manos temblorosas. Puedo ver que está muy nervioso—. La canalla de Rodrigo ha reunido a todos los inversionistas hoy que no está Alessandro.

Lo miro muy seria, comprendiendo lo que está pasando. Ese tal Rodrigo quiere complicar las cosas ahora que todos faltan. Sabe que el abuelo está enfermo y que no puede tomar legalmente ninguna decisión.

—Él pretende hacer que aprueben hoy unos convenios que involucran las empresas de ustedes y las nuestras —sigue diciendo el abuelo, nerviosamente—. Es decir, quiere revocar los convenios que hicieron Alessandro y Lilian sobre tu enfermedad. ¿Te estudiaste todo el material que te di?

—¿Esas que me dijiste que estudiara? ¿Las empresas de Escocia y las de aquí de Europa? —pregunto, viendo que en verdad es un gran problema.