¡Ups, me equivoqué papá, me equivoqué! (SERIE ¡UPS! nº 3) 253 . EL DESENLACE
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253 . EL DESENLACE

ALESSANDRO:

Un fuerte estruendo se escucha alrededor del campo de golf.

Mi temido cuerpo de élite de la muerte, al que todos temen, se pone de pie apuntando a la multitud con armas largas, seguido del sonido de compuertas que se abren en la tierra desde todas las esquinas, de las cuales emergen ametralladoras pesadas listas para disparar.

—Pero lo más importante: Francesco Rinaldi es aliado de mi nieto Alessandro Minetti, como lo fue su padre conmigo —continúa retumbando la voz de mi abuelo—.

Solo les digo esto para que tengan todos los hechos con los que deben decidir.

Mi hijo no heredó nada ni lo hará, y mucho menos su esposa Camil, que no es más que una traidora.

Su verdadero nombre es Sarami Shanguí, hija de una de las tantas esposas milenarias de las que hablan los japoneses, la cual falló en su intento de darle un heredero.

Las imágenes de mi madre de cuando era joven y vivía en Japón comienzan a proyectarse en la gran pantalla, mostrando su iniciación en la organización del dragón ancestral milenario.

Mamá se mantiene estoica, levantando la barbilla como si aquello fuera un gran honor.

Todos la observan con incredulidad y los que antes la rodeaban se alejan de ella.

Mi mirada se fija en mi padre, que la contempla como si no supiera nada al respecto.

—Ahora Camil quería que mi nieta Alessia —quien les anuncio que contrajo matrimonio anoche con su novio Gianpiero D'Milano— fuera una más de esas mujeres ultrajadas por todos ellos.

Y al mismo tiempo, pretendía que los japoneses se apoderaran de todas nuestras riquezas y poder —prosigue mi abuelo—.

¡Ese es el verdadero objetivo de esta conspiración que llevo investigando desde hace más de veinte años!

El silencio sigue siendo sepulcral. Los ojos de mi madre están inyectados en sangre mientras mira a Shirai.

Sin decir más, este desenvaina su enorme espada y arremete contra Gianpiero, comenzando un combate encarnizado.

Por suerte, mi yerno está preparado y lo enfrenta con maestría.

En un descuido, Alessia, que observa aterrorizada cómo han herido a su novio, siente el metal frío en su cabeza y se asombra al ver que es su abuela Camil quien la apunta con una pistola.

—Dile a Gianpiero que se detenga y que te irás con nosotros —la amenaza—. Nos iremos juntas y jamás volverán a vernos.

Pero mi esposa Lilian le da un enorme manotazo en la muñeca, haciendo que suelte la pistola, y la apunta de inmediato con la suya propia.

Yo estaba concentrado en dirigir el perímetro sin esperar que mamá hiciera tal cosa.

Por un momento me quedo observando a mi madre, incapaz de creer que estuviera decidida incluso a matar a mi hija por salirse con su plan.

—¡No puedo creer que hasta este momento estuve dudando de que en verdad fueras lo que decía el abuelo! ¡Traidora! —le grita Lilian furiosa—. No te llevarás a mi hija, vieja bruja.

Alessia corre hacia Gianpiero al ver que Shirai es verdaderamente diestro con la katana. Aunque Gian domina bien el sable, ha sido alcanzado por la hoja varias veces. Mi hija va dispuesta a defenderlo cuando se escucha un disparo seco.

—¡Gian…! —suelta ella un grito horrorizado al verlo caer junto a Shirai.

Al llegar, lo ve enderezarse y extraer su espada del cuerpo de su oponente. Ella se abraza a él llorando, asustada. Miro a mi yerno mientras trato de proteger a Rufo. Gianpiero me hace una señal indicando que está bien; aunque está sangrando, no es nada grave.

—Creí… creí que… —escucho cómo solloza Alessia.

—Te dije que confiaras en mí, cariño. Él será todo un samurái, pero yo soy de la calle y no me rijo por sus códigos.

Le metí un tiro cuando vi que era mejor que yo con la espada —ríe divertido, mostrando el arma corta en su mano libre—.

Ahora vamos a ayudar a los demás, mira hacia allá, aún no hemos terminado.

Y deseo hacerlo rápido para ir a resolver cierto asunto que dejé pendiente porque saliste corriendo a decirle a tu papi lo que habíamos hecho.

Tengo que hacerte mi esposa con todas las de la ley hoy mismo.

No te separes de mí, no quiero que te vayan a robar.

—¿Cómo puedes pensar en eso estando herido? —pregunta Alessia poniéndose completamente colorada mientras me mira apenada—. Deja que mamá te revise, ya hay demasiados luchando. Mira a mi hermano, es el mejor, igualito a papá. ¿Y quiénes son todos esos?

—Son de tu primo Alexander, llegaron hace un rato. Míralo cómo lucha, ya van a terminar. Así que me daré un baño y vamos directo a la cama, ¿eh? —dice meloso, atrayéndola por la cintura—. No quiero esperar más, todos creen que ya te hice mía.

En ese mismo instante, Gian ve cómo alguien se abalanza blandiendo una espada para matar a Alessia.

Instintivamente alza la suya al tiempo que gira con rapidez.

De pronto, sus ojos se abren de par en par al ver cómo el acero se hunde en el torso de mi madre, Camil, quien se había lanzado por la espalda.

—¡Abuela! —al grito de Alessia, me detengo en seco para ver cómo mi padre recibe en sus brazos a mi madre. Gian solo había levantado la espada por puro instinto defensivo.

—¡Eres un maldito, Alessandro! No sacaste nada de mí, eres igualito a tu abuelo…

—alcanza a decir mi madre mientras Lilian la examina rápido y niega con la cabeza—.

¡No me toques, buena para nada! ¡Tú eres la culpable de todo!

¿Cómo pudiste borrarle la marca a Alessia?

¡Ella sería una mujer digna, esposa del milenario dragón dorado!

—¡Ella ya es una mujer digna! —interviene Gianpiero—. ¡Es mi esposa! La esposa del dragón morado, primogénito del capo Cian D'Milano, ¡y la haré la mujer más feliz de la tierra!

—¡Imbécil! —brama mamá entre un torrente de sangre que sale de su boca.

Me arrodillo a su lado sin poder evitarlo. Por un instante, en medio de la sangre y el odio, sus ojos me buscan como si quisieran decir algo más, no sé si arrepentimiento, o solo el miedo de quien sabe que se le acaba el tiempo. Nunca llegaré a saberlo.

Mi madre me observa con odio, aparta la mano de mi padre que está arrodillado a su lado y, en un último estertor, fallece.

Me quedo mirando su rostro inmóvil un segundo de más. Sigue siendo mi madre, a pesar de todo lo que intentó hacernos. Ese pensamiento pesa más de lo que esperaba, y lo guardo rápido en algún lugar donde no me estorbe, porque todavía hay una guerra que terminar de apagar.

Papá, al intentar ponerse de pie, cae convulsionando a mis pies. Corro, lo levanto y ordeno enviarlo de inmediato al hospital junto a Rufo y Lilian.

Luego me giro para comprobar que mi hijo Kenet, junto a todos los demás, ya ha neutralizado a los pocos que intentaron rebelarse.

—Papá, ¿qué hacemos con ellos? —pregunta señalando a los prisioneros.

—Deja que Humberto y Franco se encarguen con los demás —le pido mientras le paso un brazo por los hombros—. Bravo, hijo, todo resultó bien. Debemos terminar la reunión y elegir al próximo Uno por votación.

—¡Ya lo tenemos! —exclaman varios jóvenes a su alrededor.

—Lo elegimos a usted como nuestro Capo di tutti i capi y el dragón, el Uno —anuncia otro muchacho con una pequeña inclinación—. También al señor Rufino como su Consigliere.

Antes de que pueda negarme, todos vuelven a poner una rodilla en el suelo, el puño cerrado sobre el pecho, y vociferan al unísono haciendo retumbar todo el lugar:

—¡Larga vida a nuestro Capo di tutti i capi, nuestro Uno y a su Consigliere!

—Papá, no puedes negarte —me susurra mi hijo al oído al abrazarme—. Todavía estoy muy joven para este puesto. ¿Aceptas?

¿Qué podía decir? Por un momento soñé con sacar a mi familia de esta vida, pero eso es solo un sueño. Soy el Capo di tutti i capi de la mafia. El dragón negro, el Uno. Y en mi mundo, las fantasías son solo eso.