¡Ups, me equivoqué papá, me equivoqué! (SERIE ¡UPS! nº 3) 252 . EL INICIO DEL FIN
98%

252 . EL INICIO DEL FIN

ALESSANDRO:

No digo nada, la observo subiendo despacio mis labios en una sonrisa que es más una mueca. Puedo ver el momento exacto en que mi madre se congela. Niega con la cabeza al ver cómo los dragones blancos de Xialong aparecen de la nada y los rodean armados con espadas.

—¿Qué hacen ellos aquí? —pregunta mamá señalando a Xialong—. Él no tiene hijos casaderos. ¡Tiene que irse!

—Xialong tiene todo el derecho de estar aquí aunque no tenga hijos. Es un miembro de la cúpula de los dragones. El dragón blanco —digo con firmeza—. Bueno, creo que debemos seguir en lo nuestro.

—¡Alessandro! —exclama mamá de nuevo, pero papá la hace callar y sentarse.

Mi hijo Kenet se adelanta y avanza hasta colocarse al lado de Gianpiero. Levanta la mano y todos los jóvenes dejan caer las capas que los cubrían, destacando los verdaderos colores de sus dragones. Ponen una rodilla en el piso y un puño en el corazón.

—¡Los integrantes de la nueva organización, Neo Dragones, exigimos derogar todas las leyes de la vieja organización y asumir la nueva! —aclaman al unísono.

—¡¿Qué?! ¡Eso no pueden hacerlo! —Mamá se levanta como un resorte, seguida por todos los viejos y muchos de los padres de los chicos—. ¡Eso es traición! ¡Mátenlos a todos! Esta es la organización de los dragones, bajo el mando de los Yakuza, del clan Yamaguchi-gumi.

—¡¿Qué?! —se giran todos los dragones que la rodeaban, asombrados ante lo que ella ha vociferado—. ¿Dirigidos por quién? ¿Por los mafiosos japoneses? ¿Qué locuras dices, mujer?

Pero mamá hace caso omiso a lo que le preguntan. Se suelta de los que no la dejan avanzar, mientras clama a toda voz:

—¡Shirai, ahora! ¡Reclama a tu esposa ahora!

Un joven muy fornido se descubre. Aparece vestido con un traje tradicional japonés de samurái y se adelanta hasta colocarse ante mí. Con una voz muy firme, en perfecto italiano, declara:

—Mi nombre es Shirai Gumi, primogénito del milenario Dragón Dorado, máximo líder de los Yakuza y del clan Yamaguchi-gumi de Japón.

—Luego se gira hacia mi hija—: ¡Exijo que me sea entregada mi esposa, el dragón dorado, Alessia Minetti!

Ella, desde sus veinte años, fue marcada por mí.

Y por ser la primogénita del dragón negro, es la que tiene el derecho de heredar el puesto del Uno.

Gianpiero, al escucharlo, da un paso al frente y toma a Alessia por una mano, colocándola detrás de él al tiempo que enfrenta al japonés.

—Lo siento, Shirai, llegaste tarde. A ese dragón dorado lo casé, lo poseí y lo marqué —anuncia en voz alta—. Alessia Minetti es de mi propiedad. Sobre mi cadáver te la llevarás.

Y se apresta a enfrentar a Shirai, quien se ve visiblemente molesto al darse cuenta de que es verdad. En la mano derecha de Alessia se nota claramente el signo del gran dragón morado y amarillo que tiene Gianpiero en su camisa.

—¡Le borraste mi signo! —ruge Shirai—. ¡Te mataré!

Me adelanto despacio hasta colocarme en medio de los dos. Me quito la capa, dejando al descubierto mi gran dragón negro. Le hago una señal a mi hija, quien avanza en compañía de Gianpiero, tomados de la mano.

—¿Así que vienes a reclamar al dragón dorado? —pregunto con sarcasmo—. Pues ya no existe ese dragón. Y no sé a qué marca te refieres; la única marca que prevalece en mi hija es la de su esposo aquí presente, Gianpiero D’Milano, y la mía, su padre el Uno.

—¡Eso es mentira, hasta ayer mismo las tenía, se las vi! ¡Ella es mía, mía! ¡Es la esposa milenaria del dragón dorado! ¡Legítima heredera del puesto del Uno! —vocifera el hombre, llevando la mano a la empuñadura de su espada.

—Y déjame adivinar —digo avanzando hacia él—. Por ser su esposo, ¿tú matarías a mi hijo Kenet y asumirías ese cargo? ¿Me equivoco?

En este momento, todos están expectantes de lo que sucede.

Muchos padres de los chicos comienzan a pasarse al bando donde están armados sus hijos.

El campo se ha dividido claramente en dos: los que están a favor y los que están en contra del Capo di tutti i capi.

El llamado Shirai Gumi gira la cabeza como si esperara ver aparecer a alguien.

Hago una señal y aparecen mis hombres trayendo a otros vestidos de dorado, maniatados, y los hacen arrodillarse.

—¿Es a ellos a quienes buscas? —pregunto con ironía—. ¿En serio creíste que podían entrar en mi guarida y salir vivos de aquí?

—¡Tiene que cumplir la ley, mi Capo! —protestan varios todavía—. ¡Si Shirai marcó a su hija, es suya!

—¡No! No tengo que hacerlo —niego rotundamente—. Porque esta antigua organización que crearon los traidores de mis padres para la Yakuza japonesa deja de existir en este instante. Y pasamos a ser la mayor organización de nuevos dragones dirigidos por nosotros mismos; haremos nuestras propias leyes.

Se hace un gran silencio ante tal anuncio de mi parte. Todos los capos se miran entre ellos, luego a mí, a Rufo y por último a sus hijos, que se mantienen arrodillados jurando lealtad a Kenet y a mí. Puedo ver la indecisión en sus miradas, por lo que me adelanto.

—Todo aquel que quiera seguir cooperando con nosotros es bienvenido.

Pero a partir de hoy, aunque utilicemos estos tatuajes, no seremos más los viejos dragones con sus ridículas leyes y extrañas tradiciones que no tienen nada que ver con nosotros —sigo explicando con tono alto y firme—.

Todo el que esté de acuerdo, que se ponga al lado de los jóvenes.

Llevaremos a votación todos los cargos, incluyendo el mío.

Se produce otro gran silencio en el que todos sopesan las posibilidades.

Muchos padres tratan de obligar a sus hijos a obedecerlos y quedarse en la vieja organización.

Pero estos se oponen y se quedan en su lugar; solo unos pocos obedecen.

Rufo me mira y entiendo lo que quiere. Levanto una mano y una enorme imagen de mi abuelo aparece en la pared de la casa. Todos lo observan sin entender.

—Hay algo que quiero que quede muy claro —se escucha su voz firme por los altavoces—.

Las grandes reservas de oro de mi familia son de mi nieto Alessandro Minetti, así como todas las empresas y negocios.

Saben que su esposa, Lilian Minetti, la hija del antiguo dragón rojo, junto a sus primas Lucila y Ellie, son dueñas de las mayores empresas farmacéuticas del mundo.

A su lado, mi suegra Lara le extiende unos papeles de propiedad que Lucy amplía en la gran pantalla para que todos puedan verlo: el testamento de mi abuelo y las propiedades de todo. Finalmente, mi abuelo vuelve a aparecer en la imagen.

—También debo manifestar que el verdadero heredero de los Rinaldi está vivo: es Francesco Rinaldi, el dragón azul.

Y el legendario tesoro de esa familia está en su poder —continúa revelando mi abuelo—.

Para su conocimiento, es el general que creó el cuerpo élite de la muerte que ustedes conocen muy bien. ¿Verdad?