249 . LOS PLANES ESTÁN SALIENDO BIEN
ALESSANDRO:
Franco se adelanta diciendo que tiene una estrategia de defensa. Somos muchos más que ellos. Podemos neutralizarlos de golpe. El problema son los ciento sesenta dragones que apoyan a mis padres, así como todos esos infiltrados.
—Me temo que tendremos que hacer algo para neutralizarlos —termina de hablar Franco.
—Eso es muy fácil —dice Rufo—. Le dejaremos saber quién es el que tiene el poder del dinero.
—¿Y qué va a pasar con la señorita Alessia? —pregunta Xialong—. El abuelo me dijo que la marcó tu mamá.
—¿El abuelo lo sabía? —pregunto con incredulidad—. ¿Por qué no me lo dijo antes?
—No exactamente. Tu abuelo le preguntó a mi padre sobre unos tatuajes invisibles que se iluminan con la luz. Le había parecido ver uno en la mano de tu hija, no estaba seguro —aclara mis dudas—. Creo que ese asunto es el que debemos dilucidar primero.
—No estoy de acuerdo —dice Franco—. Primero debemos desprendernos de la vieja organización, dar el golpe de muerte. Así salvaremos a nuestros hijos.
Todos guardan silencio ante el anuncio de Franco.
Sé que tiene razón, ese es nuestro principal objetivo.
Salvar a nuestros hijos, pero el enredo y la traición de mi madre me trae de cabeza.
Puedo ver que ella es la que dirige todo, mi padre es su peón como me dijo el abuelo.
Yo mismo lo he podido ver desde que apareció.
Papá no hace nada sin el consentimiento de mi madre.
—Tienes razón, Franco —dice el capo Cian, que ha permanecido todo el tiempo en silencio—. Todos los enredos que ha provocado la señora Camil se desenredan si hacemos el plan que tenemos en mente. Ya todos mis hombres de Milán están en Roma, cerca de la casa. Todos son fieles.
—Y todos nuestros hombres de aquí están en los escondites —dice Rufo pasando una mano por la cabeza—. Alessandro, tenemos todo preparado. Lucila hizo poner otras seis ametralladoras alrededor del campo de golf donde van a estar todos.
—Vamos a revisar todo ahora mismo —digo poniéndome de pie—.
Rufo, vete a descansar y a revisar a Miguel.
Lilian no puede, y no quiero un no. Te necesito lúcido mañana.
Humberto, coloca todo el cuerpo élite cerca de la casa del lago.
Protege a mi abuelo. Cian, vete a organizar a tus hombres, introdúcelos por donde te dije y que se escondan en el bosque cerca del campo de golf.
Franco, tú revisa toda la propiedad y no pierdas de vista a los que siguen llegando. Xialong, tú vienes conmigo.
Todos salimos de la casa a realizar mis órdenes.
Yo voy rumbo a las estancias de alta seguridad de los campos de entrenamientos.
Tengo que asegurarme de que todo funcione como un reloj.
Al salir de la casa me detengo un momento mirando hacia la ventana de la habitación de mis padres.
No puedo negarlo, me duele que me traicionen como lo han hecho.
Pero viví prácticamente toda mi vida sin ellos, puedo seguir haciéndolo.
Xialong coloca una mano en mi hombro, no dice nada y no hace falta.
Como su abuelo, sabe leer las emociones de las personas.
Echo a andar mirando a lo lejos la casa del lago, luego en dirección a la antigua mansión donde mi hijo ha reunido a todos los jóvenes.
Tiene que salir todo bien, o mañana será una gran masacre de la que no sé cómo saldremos.
CAMIL:
Dentro de la casa, mi esposo entra a la habitación que comparte conmigo mientras acabo de salir del baño tarareando feliz. Todo está saliendo muy bien, mejor de lo que esperaba. Lo veo caminando de la ventana al centro, se detiene al verme.
—Tenemos serios problemas —dice él, muy serio.
—¿Qué quieres decir? —pregunto mientras me seco el cabello.
—¿No has escuchado la enorme cantidad de aviones que están llegando? —dice asomando a la ventana de nuevo—. Nuestro hijo citó a todos los dragones del mundo para que trajeran a sus hijos a competir por Alessia, Kenet y Alexander.
—¿Y qué? Sabemos que eso es solo una mentira para que no descubriera la verdad.
Alessia ya tiene dueño; desde los veinte años se la marqué al hijo del jefe.
Eso nadie va a poder impedirlo —digo con una amplia sonrisa—.
Cuando él la reclame, aunque Alessandro se quiera oponer, no va a poder porque tiene que acatar la ley, tal como lo hizo con Lilian.
Mi esposo niega con la cabeza con el ceño fruncido. Vuelve a asomarse a la ventana, mientras dice que algo no está bien. Conoce a nuestro hijo: algo está tramando y no es nada bueno. No le hago caso, sigo secando mi cabello sentada frente al espejo.
—¿Cuándo van a llegar los de la organización milenaria?
Todavía papá no me da el derecho de abrir las bóvedas del oro en nuestro banco, y los que mandamos a las minas dicen que no pudieron adueñarse de ellas —habla nerviosamente viniendo a mi lado—.
Creo que todo esto es un gran error. Y, querida, no me gustó que lo mandaras a matar.
¡¿En qué diablos estuviste pensando?! ¡Es nuestro único hijo!
No respondo de inmediato. Sé que en estos momentos está muy asustado. Lo tengo por completo donde quiero, si le llego a decir que iba a sacrificar a nuestro hijo, a su esposa, el consigliere y a su pareja, no hubiera estado de acuerdo. Me giro para mirarlo.
—Tenemos que ser capaces de hacer cualquier sacrificio por nuestro señor.
Alessandro lleva años impidiendo que hagamos que tu padre nos dé todo.
Lo tiene muy vigilado; no ha dejado en más de veinte años que nadie lo rapte —planteo los hechos—.
¿Acaso no viste en lo que la loca de su cuñada Lucila convirtió su cuarto?
¡Es un búnker! Y no solo eso, también la casa.
Ahora pueden cerrar todas las puertas y solo Alessandro puede abrirlas con su anillo del Uno. ¡No debiste dárselo!
—¡Tú misma me dijiste que le cediera el cargo del Uno! —protesta mi esposo.
Guardo silencio, en esa época no lo pensé muy bien. No teníamos ningún respaldo y todos le eran fieles, pero ahora es distinto. Hemos logrado que lo traicionen porque él no les da dinero a manos llenas. Me observa con el ceño fruncido, sé que nosotros tampoco podemos darles dinero ahora.
—Querido, cuando nuestros jefes se adueñen del mando, no tendremos que hacer nada, ellos lo harán.
Eliminarán a todo el que no se doblegue ante ellos, y cuando Shirai reclame a Alessia, se convertirá en el Uno —digo volviendo a mirarme en el espejo—.
Porque nuestra nieta es la verdadera heredera de tal cargo, no Kenet como quiere nuestro hijo.
Luego que realice la ceremonia de reproducción que yo fallé, verás que seremos los más venerados.
Mi esposo se detiene al escucharme. Olvidé que no le he contado nada de esa parte de la ceremonia.
—¿Qué quieres decir con eso? ¿Qué ceremonia fallaste? —pregunta acercándose—. Me dijiste que habías escapado de ellos, ahora me dices que fallaste. ¿Cuál es la verdad, Camil? ¿Alessandro es hijo mío?
—¡Sí, sí, es tuyo! —me apresuro a aclarar; no puede dudar de nada ahora—. ¡¿No sé por qué logré quedar embarazada contigo el primer día, y no lo logré con nadie más?!