¡Ups, me equivoqué papá, me equivoqué! (SERIE ¡UPS! nº 3) 248 . EN LA VÍSPERA DE LA CEREMONIA
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248 . EN LA VÍSPERA DE LA CEREMONIA

LILIAN:

Caminamos despacio por el estrecho túnel que nos lleva a una enorme estancia debajo de la casa del lago. El abuelo se vuelve a acostar, realmente se ve muy agotado. Como si hubiese empleado todas sus fuerzas en la investigación y ahora que terminó solo quiere descansar.

—Abuelo, le voy a poner un suero —le digo mientras mamá lo ayuda a acomodarse en la cama.

—¿Para qué? —protesta como siempre.

—Para que se recupere pronto, usted aún no puede dejar a mi esposo todavía, o sería la mayor traición de todas —hablo mientras sigo preparando todo—. ¡Lo necesitamos, abuelo!

—Deja de decir tonterías, Lilian, y si me vas a poner el suero acaba de hacerlo —ordena con firmeza—. Y hagan silencio, quiero dormir.

Todos estamos asustados con lo que está sucediendo. Ninguno de nosotros esperó que mi suegra nos traicionara de esta manera. La fiesta que habíamos planeado para anunciar el compromiso de nuestros hijos se ha convertido en el inicio de una guerra que no sé si saldrá bien.

—Mamá, quédate aquí con el abuelo, iré a ver a Alessia —digo saliendo de la habitación.

Camino despacio y me detengo al ver a mi hija que está realmente asustada. Gian la atrae y la estrecha fuerte, luego la besa logrando que deje de estremecerse. Quiero ir a su lado, pero sé que necesita estar a solas con él unos instantes.

—Debiste vestirte mejor, ¿quieres que vaya por ropa? —pregunta Gian al ver que todavía va en su juego de dormir.

—No hace falta —dice Alessia saliendo de sus brazos y le toma una mano—. Ven aquí, en esta otra habitación tenemos de todo.

Gian la sigue en silencio. Puedo ver que la idea de esconderse como una rata no le gusta para nada. Como buen hijo del capo Cian, quiere ir a matar a ese pretendido dueño de su mujer. Camino despacio al ver que se introducen en la segunda habitación. Me detengo escuchando lo que hablan.

—Eres bella —dice Gianpiero observando cómo se cambia de ropa delante de él, lo cual me dice que ellos ya se han visto sin ropa.

—¿Podemos hacerlo ahora, Gian? —pregunta Alessia para mi sorpresa. Voy a interrumpirlos, pero escucho la respuesta de mi yerno.

—No, linda, no es correcto. Diremos a todos que lo hicimos —niega Gianpiero para mi sorpresa—. Lo más importante es borrarte ese dragón y todas las marcas que puedas tener, y eso lleva tiempo, ya está amaneciendo. Vamos a buscar a tu mamá.

—No te preocupes, mi yerno —digo entrando con mi maletín—. Soy rápida haciendo tatuajes. Además, Alessandro no va a empezar la ceremonia hasta que lleguen todos, eso nos da tiempo. Desnúdate, Alessia, y tú también, Gianpiero, enséñame tu dragón.

Ellos hacen lo que les pido, me dedico a observar el tatuaje del dragón que tiene en su espalda. Sonrío al ver cómo contrae sus músculos y la mirada de admiración que le dedica Alessia toda ruborizada.

—Es hermoso el dragón —digo girando para ver a Alessia—. Vamos a ver tus tatuajes.

Suspiro viendo que, por suerte, esa tinta que habían utilizado, que se iluminaba solo con la luz, es más fácil de borrar de lo que había imaginado. Sin esperar más me pongo a realizar mi trabajo.

ALESSANDRO:

Siguen llegando los aviones de los dragones de todo el mundo.

Muchos nunca habían visitado Italia. Por suerte todas las visas se habían arreglado.

Al llegar vienen a saludarme en mi despacho.

Estoy reunido con la cúpula de la organización, excepto Lilian, que es sustituida por Franco.

El Lobo y Cian se encuentran controlando todo.

—Rufo, tienes que descansar —digo al ver cómo suda.

—No puedo, Ale, esto es más serio de lo que pensamos. Han entrado más de cien dragones desconocidos y por lo que dijo Xialong son japoneses —susurra a mi lado—. Lo extraño es que vinieron con las credenciales de los nuestros y en muchos casos con sus hijos.

—¿Es eso cierto, Xialong? —pregunto mirando al dragón blanco.

—Sí, llevo mucho luchando contra ellos —contesta de inmediato—. Te digo que son de la Yakuza.

—¿Has escuchado sobre esa organización de dragones dorados y la ceremonia de reproducción? —pregunto recordando lo que había dicho Gregory.

—Tengo entendido que ellos escogen mujeres únicas, hijas de familias poderosas como es Alessia Minetti.

Lo extraño es que por lo general son rubias de ojos verdes —dice pensativo—.

Además que no hayan sido tocadas por un hombre, y me dijiste que tu hija tiene novio.

Creo que la quieren para apoderarse de la posición tuya, Alessandro, en vez de para esa ceremonia.

—¿Por qué lo dices? —pregunto preocupado.

Xialong se queda en silencio, mete la mano en su pecho y saca un viejo libro.

Mientras me lo extiende, dice que en realidad, el esposo de Alessia es el que debería heredar el cargo, porque al ser ella mi primogénita, asumió el dragón dorado: esa marca que en la organización todos saben que carga la responsabilidad de heredar el mando cuando su hermano Kenet sea el Uno.

Pero ella es mayor que él.

—¡Es igual al que tiene tu mamá, Ale! —exclama Rufo.

—Sí, mi abuelo lo consiguió, es por el que se rigen los Yakuzas —dice Xialong—. Y tu madre, me da pena decirlo, pero es cierto eso que dice el informe del abuelo. Lo siento mucho, Alessandro. Mi abuelo te manda a decir esto:

"Quien te ataca por la espalda, tiene bien claro que de frente no podrá acabar contigo. Sin importar el enemigo, la peor traición que puedas recibir es la de no defender aquello que te da la razón de vivir".

Xialong se endereza después de recitar el mensaje de su abuelo. Quería venir a apoyarme, pero él se lo impidió por estar muy viejo, el mejor apoyo era mantenerse seguro. Él se encargaría de todo.

—¿Y tu abuelo cómo está? —pregunta de pronto—. La última vez que hablé con él, estaba muy deprimido.

—Está seguro. Xialong, puedes responder algo que me tiene intrigado —digo reflexivo—. Cuando ustedes entraron y se quedaron atrapados, ¿descubrieron la bóveda del oro o la cripta con el tesoro de los Rinaldi?

—No, cuando entramos lo hicimos por la puerta del cuadro.

Esa que me enseñaste no la habíamos descubierto.

No sé si tu madre en sus andadas lo descubrió —contesta con calma—.

Camil nos supo engañar muy bien. Creíamos que ella era la que había hecho todo aquello, así que ya existía y es Rinaldi el dueño.

Guardo silencio analizando todo lo que sé sobre el tema. En verdad mamá nos ha engañado muy bien a todos. Ahora entiendo por qué mi abuelo me decía que no debía confiar ciegamente en mis padres. Me hizo prometer que no le revelara nada sobre nuestra fortuna y los secretos de los Minetti.

—Franco, entre las cosas que te entregué que había dejado tu padre en el banco, ¿encontraste algo sobre eso? —pregunto buscando una salida.

—Sí, un mapa y unas llaves —contesta Franco—. Me llevan directo del museo a donde está la fortuna. ¿Por qué?

—¿En verdad existe una puerta como esa? —digo sorprendido—. Es por eso que mi abuelo aseguraba que Rinaldi le había hablado de una entrada desde el museo. Bueno, creo que despejé mis dudas. Ahora, ¿cómo proponen que hagamos todo?