246 . ¡ME EQUIVOQUÉ PAPÁ, ME EQUIVOQUÉ!
ALESSANDRO:
Entramos en la habitación pensativos y preocupados.
Todavía no hemos comenzado a cambiarnos de ropa cuando la puerta se abre de un tirón, dejando pasar a mi hija Alessia empapada en llanto y con una expresión de terror en el rostro.
Corre hacia mí igual que cuando era una niña y se lanza a mis brazos.
La estrecho, todavía sin comprender qué le sucede, levantando la mirada hacia mi yerno, que se ha quedado en la puerta.
—Perdóname, papá, por no confiar en ti y dejarme engañar —dice al fin mi hija entre sollozos desgarradores—. Y por no seguir tus enseñanzas y advertencias.
—Hija, ¿de qué hablas? —pregunto, bajando la cabeza para mirarla—. ¿Hiciste algo con Gian?
—¡Eso también! —grita, zafándose de mi abrazo—. Pero no se trata de ello, es algo peor. ¡Mira!
Y ante nuestra mirada de incredulidad, se inclina apartando su cabello para enseñarme la visible marca del Uno en su cabeza. Después me muestra la espalda, donde se ve claro el signo de un dragón, y coloca la mano debajo de la luz de la lámpara para revelar el mismo signo en ella.
—¡¿Cuándo fue que hiciste eso?! ¡¿Y por qué?! —no puedo dejar de gritar—. ¡No me canso de advertirte que no te dejes hacer ningún tatuaje que te diga nadie!
—La abuela Camil tiene esas marcas y me dijo que la complaciera para tener las mismas.
Yo sabía que no hacía bien, pero ella dijo que era la marca que enseñaba que era la hija del Uno —explica Alessia entre sollozos—.
¡Me equivoqué, papá, me equivoqué! ¡Perdóname y sálvame, por favor! ¡Solo tú puedes librarme de esto!
Tanto Lilian como yo nos miramos desesperados ante esa evidencia.
Es verdad que vamos a derrocar la vieja organización y pretendemos vencerla, pero ¿y si no lo logramos?
¡Alessia había aceptado ser de otro dragón que no era Gianpiero!
Este último, que se había quedado en la puerta, entra en compañía de su hermano Giancarlos, quien trae un maletín en la mano.
—Perdón por entrar sin permiso, mi capo —dice mientras se acerca—. Creo que tenemos una solución.
—¿Qué solución? —pregunto.
—Tenemos la tinta del dragón morado de nuestro padre —dice Gianpiero mostrando el maletín en su mano—. Con ella podemos borrar todo lo que tiene Alessia, si usted lo autoriza, y colocar el mío.
—¿Tinta morada? ¿Qué tinta es esa? —pregunta Lilian, e inmediatamente comienza a inspeccionarla junto a Giancarlos.
—Puede que dé resultado, Ale —me dice ella—. El morado siempre ha logrado difuminar el dorado por completo; además, el dragón de Gianpiero tiene mucho amarillo. Creo que podemos borrar todo. ¿Pero qué vamos a hacer con la marca de su cabeza?
En ese momento, la puerta vuelve a abrirse de un tirón y aparece nuestro hijo Kenet. Al ver que estamos vestidos, hace pasar a otros hombres que traen al hijo del Lobo, Gregory, esposado.
—¿Qué significa esto? —pregunto avanzando a su encuentro—. ¿Por qué lo traes aquí, Kenet?
—Gregory, dile a papá la historia que me dijiste a mí sobre la abuela Camil —ordena Kenet.
Mando a cerrar la puerta, luego avanzo despacio hacia donde mi hijo aún mantiene al ruso por un brazo. Este chico en verdad le ha salido muy malo al Lobo, todo lo contrario de mi hijo. Kenet, aunque se niega a ser mi sucesor, es un jefe nato. Lo miro con orgullo al detenerme frente a él.
—Perdón, mi Capo —comienza a hablar Gregory, bajando la cabeza mientras yo lo observo fríamente—. Yo no fui el de la idea de todo lo que pasó con mi papá. Él no es ni nunca será un traidor.
—¿Qué quieres decir? —pregunto cruzando los brazos.
—Su mamá Camil me llamó y me ofreció ser un miembro muy importante de los dragones si lograba desenmascarar a mi padre.
¡Ella me juró que lo había traicionado, mi Capo, se lo juro!
—dice con vehemencia—. Además, debía impedir que vinieran los hombres de mi papá a Italia.
También me pidió que la ayudara a hackear el sistema de ustedes, donde pretendían matar a todos sus fieles, incluso… creo… no puedo estar seguro, pero creo…
—¡Deja de tartamudear y dilo! —le grita Kenet, pero de inmediato se gira hacia mí para decírmelo él mismo—: ¡Iban a matarlos a mamá y a ti junto al tío Rufo, Miguel y Alexander, y a todos los fieles capos de Milán, empezando por el capo Cian!
Kenet está visiblemente afectado, mientras se pasea de un lugar a otro.
Está muy cambiado; vestido con ropa de campaña militar, se parece ahora mucho a mí, como si hubiese crecido y madurado de golpe.
Lo miro con detenimiento y me reconozco en mi propio hijo, lo cual me llena de profunda satisfacción.
Lilian lo observa admirada; tal parece que le hubieran quitado a su niño mimado en una sola noche para devolverle una copia exacta de su esposo.
—Ya lo sabemos, hijo —digo, para luego dirigirme al prisionero—: ¿Qué más tienes que decir a tu favor, Gregory? Porque me imagino que fuiste con Kenet en vez de ir con el Lobo porque quieres ganar algo, ¿me equivoco?
No lo niega, quiere participar en la pelea; escuchó hablar a los que lo cuidan y todos están eufóricos por quitar a todos los viejos capos del cargo, no quiere quedarse afuera.
Justifica sus acciones porque está loco por doblegar a Alessia, que lo desprecia desde niña; vio la oportunidad cuando ella le dijo que sí a su novio Gianpiero, que estaba disfrazado de él, y también porque quería salvarla.
—¡Lo juro, mi capo! ¡Sé que no debí desconfiar de mi papá!
Tenía que ir enseguida a decirle todo, pero surgieron todos esos rumores de que era un traidor y me entró la duda.
Después desapareció. Lo otro que recuerdo de Rusia es que todos me perseguían para matarme —dice Gregory cayendo de rodillas ante nosotros—.
Yo amo a mi novia y sé que no tienen por qué confiar en mí ahora, pero ¡juro que le seré fiel a Kenet, como lo es mi padre a usted!
Por favor, denme un voto de confianza, no los defraudaré; solo me confundió la llamada de su madre.
—Levántate —le ordena Kenet, con la voz cargada de una autoridad que no le conocía hasta hoy—. Un dragón no suplica de rodillas. Termina de contar todo, y que sea la verdad completa.
Gregory se pone de pie, todavía temblando. No puedo creer que sea el hijo del Lobo. Luego sigue con su relato.
—En verdad pensaba que estaba trabajando para usted, mi Capo; ella me dijo que lo hacía para el Uno, que era su mandato. ¡Ella es su mamá! ¿Cómo podía desconfiar de ella si era la Consigliere?
—¿Mi madre te dijo que trabajabas para el Uno? —le pregunto para asegurarme de que he escuchado bien.
—Sí, lo dijo muchas veces. Si no me cree, busque en mi teléfono, grabé todas las conversaciones.
Pensé que a lo mejor era cierto que mi padre era un traidor y que usted quería colocarme a mí en su lugar, como dijo ella —sigue diciendo—.
Amo a papá, en serio, pero todos decían que era un traidor.
¡No podía ser hijo de un traidor! Así que hice todo lo que la señora Camil me pidió.
Luego traté de llevarme a Alessia lejos para salvarla, ¡se lo juro!