243 . UNA POSIBILIDAD ATERRADORA
ALESSANDRO:
Me quedo mirando a mi esposa sin comprender en ese instante por qué me pregunta por el color del dragón del capo Cian. El miedo en su mirada hace que mi corazón se contraiga. Tiro de ella y le doy un abrazo, pero ella me empuja para explicarme a toda velocidad.
—¡El morado es perfecto para anular el dorado!
Porque si es lo que me imagino, aquella marca que le apareció de pronto a Alessia cuando tenía cinco años y que me dijo que su abuela se la había hecho, fue queriendo hacerle una marca de posesión como a mí —me recuerda de pronto.
La miro con preocupación, la había olvidado.
Fue algo inesperado y me puso furioso con mi madre. Alessia todavía era una niña y la habían tatuado sin nuestro permiso. En aquella ocasión actuamos rápido y se la llevamos a Rufo para que la borrara, y lo hizo muy bien. Fue entonces cuando Lilian se dedicó a aprender cómo hacer y quitar tatuajes.
—¿Y si Camil la ha engañado y le hizo otra con ese dragón dorado que no es de nadie?
¿Y si es la marca de posesión el dragón en sí y es de ese chico que la seguía para reclamarla?
—pregunta ya con el miedo en todo su rostro; está entrando en pánico, la conozco muy bien—.
Deja decirle que lo hagan, Ale, por favor.
Buscaré ahora mismo todo para hacer el tatuaje del dragón de Gianpiero arriba del dorado de Alessia. Dale, vamos.
—¡No! Creo que no va a ser necesario ya, la idea de los chicos es muy buena.
Mira cómo han llegado y todos vienen a saludarme y me hacen el signo de Kenet.
Rufo, junto a todos, hicimos un buen plan de cómo hacerlo —la detengo recuperando la confianza de poder defender a mis hijos de cualquier cosa que hubieran planeado contra ellos—.
Si cuando se levanten nos dicen que consumieron su relación, entonces haremos los tatuajes.
Pero si Alessia cumplió con lo que me prometió de no pasar la línea, seguirán siendo solo prometidos.
¿De acuerdo? Si todo sale como lo planeamos, esas leyes van a dejar de regir a nuestra organización.
—¡No estoy de acuerdo con esperar a ver si resulta!
¿Y si no lo hace? ¿Y si no todos te apoyan?
—pregunta realmente asustada Lilian al ver entrar unos mafiosos franceses que le recuerdan a Demon, con los ojos amarillos—.
Mira, ¿ves? A tus padres les siguen toda la pila de viejos psicóticos con manía de tradición.
Tenemos que casar no solo a Alessia, sino también a Kenet, y hasta a Alexander, el de Rufo.
Aunque no sé si tiene novia. ¡Tenemos que proteger a nuestros hijos a como dé lugar!
Me quedo observando a todos los que acaban de entrar en la casa en la planta baja. Les devuelvo el saludo que me hacen. A mí también me parecen sospechosos, y con una señal de mi cabeza los de mi cuerpo élite los sacan de la casa para llevarlos junto a los demás en las dependencias de entrenamiento.
Ya es de madrugada y siguen llegando sin detenerse los pequeños aviones particulares y autos del aeropuerto con muchos jóvenes.
No tenía idea de que había tantos, y mucho menos de que todos conozcan a mi hijo.
Ahora me alegro de haberlos dejado ir a participar en todos los juegos y vacaciones a los que los invitaban.
—Ale, tengo miedo por Alessia y Kenet. ¡No puede ser que sus abuelos los quieran vender así!
Y no quieren a Alexander, el de Rufo; ¿viste que tenían un plan para volverlo traidor y eliminarlo?
—susurra Lilian a mi lado—. Eso fue lo que intentaron hacer, ahora lo sé al leer esto que te dio tu abuelo.
¿Cómo tu madre puede ser esa que dice aquí? ¿Lo crees en verdad?
—Sí. Yo le creo a mi abuelo todo lo que me dice, porque nunca me ha mentido y es el que ha estado de mi parte toda la vida —le respondo con firmeza y sin dudas—.
Es por eso que necesito tu ayuda. Porque me imagino que lo tienen muy planeado todo, y fijándonos en los dragones que vinieron, ¡todos son los más antiguos que se opusieron a cualquier cambio que yo quise hacer!
Y han estado todo el tiempo reuniéndose lo mismo con mi papá que con mi mamá.
—¿Y si querían ser los dirigentes, por qué te hicieron el Uno? —pregunta ella, lo mismo que yo había hecho antes—. Hubiese sido feliz si hubieras dejado todo y viviéramos como personas normales.
Veo que Lilian se siente frustrada por el modo en que comienza a revolver su cabello rojo. Sé que por dentro maldice a esa suegra del demonio; siempre le ha parecido una mujer muy extraña y escurridiza que ha querido adueñarse de Alessia desde que nació.
—Desde que le hizo esa marca a los cinco años, nunca más volví a confiar en ella —dice de pronto, como leyéndome el pensamiento—. Por eso siempre iba a buscarla donde fuera que tu madre la tuviera.
Asiento, recordando cuántas veces tuve que ir yo mismo a quitársela de las manos. Nuestra hija siempre ha tenido adoración conmigo, y eso, al menos, jugó a nuestro favor.
—Cálmate, lo enfrentaremos juntos —digo apretando sus manos—. No entres en pánico. Necesitamos mantener la calma.
—Estoy aterrada, Ale, disculpa —dice apretándose contra mí—. Ya sabes que en los últimos años nuestra hija…
—Lo sé… —digo con un suspiro.
La cabeza me da vueltas pensando en la rebeldía de Alessia estos últimos años, en sus ganas de ser libre e independiente. En parte es culpa de mi madre, que le llenó la cabeza de mariposas y mentiras llevándosela a comprar casas para necesitados y refugiados.
—Lily —digo de pronto, con un nudo en la garganta—, ¿y si le hizo algo a nuestra hija? Alessia sacó lo mejor y lo peor de ti: confía en las personas sin dudar.
Lilian se queda callada un instante, como si la pregunta también la hubiera golpeado a ella. levantó la cabeza para mirarme fijamente.
—¿Crees que Camil la engañó para que nos lo ocultara? —pregunta con un hilo de voz.
—¡No lo sé! Mis padres me cedieron el puesto del Uno porque se dieron cuenta de que no podían dirigir a los dragones que nosotros subimos —contesto, repitiendo lo que ya sabía—. Pero ahora de alguna manera se han ganado a todos los viejos. ¡Creo que todos me traicionaron, Lily!
—¿Y qué vamos a hacer? —pregunta Lilian sin refutarme.
—Ya lo hice, ¿no sientes los aviones? La idea la tuvieron Alexander y Kenet, que es amigo de todos los jóvenes; los reunió y ellos le juraron lealtad a él y a mí —explico en voz baja—.
Por eso hice venir a todos los capos dragones con sus hijos, con los cuales ellos ya tuvieron videollamadas y también les juraron lealtad.
—¿Qué quieres decir con eso? ¿Por qué hicieron a los jóvenes jurar a Kenet? ¿Qué es lo que están planeando, Ale? —pregunta desconcertada.
Miro alrededor no queriendo que nadie escuche lo que le voy a decir. Me acerco un poco más a su oído. Paso a explicarle que todos los jóvenes están dispuestos a hacer una organización que vaya en contra de los dragones antiguos. En estos momentos se están organizando en la antigua casa con Kenet.
—¡Vamos a dar un golpe de estado a la vieja organización! —cuento emocionado ante esa gran y peligrosa idea—. ¡Acabaremos con todas esas estupideces y descubriremos al fin a quiénes mis padres le rinden obediencia y lo que en verdad quieren hacer!
—¿Cómo vas a dejar que hagan eso? —casi grita alarmada—. ¡Se van a matar entre ellos! ¡Será una masacre!