¡Ups, me equivoqué papá, me equivoqué! (SERIE ¡UPS! nº 3) 237 . EXPERIMENTANDO EL AMOR
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237 . EXPERIMENTANDO EL AMOR

ALESSIA:

No se detuvo por mi ruego. Besó con delicadeza mis labios entreabiertos y húmedos que lo recibieron con verdadero placer, mientras dejaba apoyar su cuerpo despacio encima de mí, que me estremecí completa y cerré mis piernas.

Hizo caso omiso a tal gesto, se concentró en hacerme sentir como sabía hacerlo muy bien, moviendo apenas su pelvis, haciendo coincidir muy bien su miembro con el punto de placer mío, sin dejar de besarme.

Comenzó a moverse suavemente, sintiendo como de a poco lo seguía, y no solo eso, abrí mis piernas dejando que se introdujera entre ellas, y el roce se volviera más excitante

—Gian… —gemí asustada.

—Sí, vida mía… —susurró en respuesta.

—Oh, amor…—no pude contenerme.

—Disfruta linda, no tengas miedo, ¿puedo quitar tu ropa interior?—preguntó haciendo que me asustara—. Por favor, deja que quite la mía.

Me tensé de nuevo, por lo que solo quitó su bóxer, lo cual le permitía ahora recorrer por encima de mi ropa, toda mi abertura. Ponía énfasis en mi punto del placer. De a poco fue apartando mi braga ante los estremecimientos que me recorrían hasta que de un tirón la rompió

—¡Gian no…!—grité asustada.

—Susss…, no lo haré, no entraré — se apresuró a asegurar—. Relájate y deja que juegue vida mía. Por favor amor, por favor…., no aguanto más…

Gian rogaba sin dejar de besarme, acariciarme, y moverse arriba-abajo por mi abertura humedecida, con su miembro.

Y sin que pudiera hacer nada, bajó de un golpe atrapándome mi centro con toda su caliente boca, moviendo su lengua vertiginosamente en mi punto del placer.

Esto hizo que no me resistiera más y me estremeciera ante el primer orgasmo que me estaba haciendo experimentar.

Al tiempo que se masajeaba con su mano ante mis ojos incrédulos, que me estremecía apretando mi boca para no gritar mientras le apretaba la cabeza.

—¡Cielos Gian, deténte… —pedí con temor—. No, no te detengas…, ah…, ah…, Gian…, amor.., oh, ¡por Dios…! ¡Aaaah…!

No podía contener el inmenso placer que me embargó.

Era como si de pronto todos los nervios de mi cuerpo coincidieran allí, donde la lengua de Gian no dejaba de moverse, y que me succionaba sintiendo como si todas las estrellas del universo se desataran para mí.

Un fuerte estertor me sacudió con violencia y deseé más, mucho más de eso que me hacía.

Mi mente se quedó en blanco, mi cuerpo convulsionaba ante la caricia y el placer.

Una ola de calor me embargó sintiendo como explotaba en la boca de mi hombre, que se esmeraba en chupar, relamer, presionar y cercenar ese lugar que me enloquecía.

Lo ví subir al terminar yo de estremecerme y dudar por un momento con su miembro en su mano, abrí la boca y dejó que lo introdujera en ella, sintiendo como el líquido caliente me llenaba al punto de ahogarme.

Pero no retiré mi cabeza al sentir como mi novio gruñía de placer.

Tragué todo y me deleité con la hermosa imagen de mi hombre excitado que me observaba con adoración.

Al terminar, Gian se inclinó para besarme con amor, sin el menor rechazo por haber tenido su miembro en mi boca.

Lo cual me llenó de asombro, todo era tan nuevo y excitante, que lo besé atrás muy emocionada y feliz.

Ahora entendía lo que me había querido decir con lo de mi hombre perfecto.

¡ Y lo era, mi Gian era mi hombre perfecto!

Lo observé acostarse a mi lado al tiempo que me estrechaba muy fuerte contra mi cuerpo desnudo, y susurraba en mi oído:

—¡Eres mi mujer perfecta, Alessia Minetti!

—¡Y tú mi hombre perfecto, Gianpiero D’Milano! —dije con una gran sonrisa—. Te amo, y disculpa por no complacerte completo.

—No, no me pidas disculpas, está bien así —se apresuró a decir—. Fue maravilloso nuestro inicio. Iré despacio linda, te enseñaré cómo debe ser. Hoy…, hoy fue…

Gianpiero se detuvo como si no quisiera continuar hablando bajo mi mirada.

Sus orejas se pusieron coloradas, como si fuera su primera vez también, aunque sabía que no lo era.

Yo no lograba pensar con claridad todavía me estremecía por las sensaciones que había despertado en mí y que yo no tenía idea que pudiera sentir.

—Sé, has estado mucho tiempo sin mujer esperando por mí —dije al ver que había guardado silencio—. Está bien, enséñame muy bien a complacerte, prometo no hacerte esperar mucho tiempo para ser completamente tuya.

—¿Lo prometes? —preguntó con una gran sonrisa—. Cuando te escuché pedirle a tu papá que me dejara dormir contigo, todo mi cuerpo se emocionó, pensé que querías ser completamente mía hoy, por si acaso mañana sucedía algo inesperado.

—Soy tuya Gian, aunque falte eso —me apresuré a decir—. Soy tuya, y prometo que eres y serás mi único hombre en toda mi vida. Te amo.

Me estreché contra su cuerpo al recordar esa amenaza que se cernía sobre nuestras cabezas.

No podía imaginar que mañana dejara de ser su novia por esas estúpidas leyes que habían creado mis abuelos.

Gian sintiendo como me estremecía de miedo en sus brazos me besó la cabeza mientras me estrechaba con más fuerza.

—Yo te amo más —dijo besándome con todas sus fuerzas—. ¿Continuamos?

—¿Eh?—me asusté y traté de escapar de su abrazo —. Tenemos que estudiar las leyes, no te excedas.

—Pero cariño…—protesta Gian.

Me levanto envuelta en la sábana rumbo al baño.

No puedo dejar de hacer ese trabajo, de ello depende mucho de lo que sucederá mañana.

Además era una orden de papá y ambos debemos cumplirla.

Por suerte Gianpiero no dijo nada más y me siguió, pero cerré la puerta.

Sabía que si lo dejaba entrar no me dejaría escapar.

—Ve leyendo las leyes en lo que me baño y arreglo —dije desde dentro del baño.

—De acuerdo, no demores —lo escuché contestar alejándose de la puerta—. Tenemos que ayudar al Capo di tutti i capi. ¿Crees que en verdad haga lo que le dijimos?

No contesté de inmediato. Mi padre era un gran líder, y lo que más odiaba era que lo obligaran a hacer algo.

Y este engaño de la abuela Camil lo habían llevado a su límite.

Estaba segura que aunque no siguiera nuestro plan, estaba ya listo para enfrentar a todos.

No podíamos defraudarlo. Salí después de darme un buen baño, me puse un juego de dormir bien abrigado para evitar la tentación.

—Tu turno —dije mientras secaba mi cabello—. No demores.

Gian caminó a mi encuentro y me ayudó a secar mi cabello. Luego me abrazó fuerte, lo alejé con delicadeza caminando hacia los papeles esparcidos por la cama.

—Los dividí por categoría —dijo Gian—. Revísalos, ahora vengo.

Lo vi alejarse rumbo al baño y desaparecer.

En verdad era muy apuesto mi novio. Suspiré todavía con el corazón acelerado al recordar lo que había sucedido entre los dos.

Pero tenía que concentrarme, tomé los papeles y comencé a leer.

No podía creer la cantidad de leyes ilógicas que habían creado mis abuelos para la organización que habían creado.

¡Teníamos que acabar con ellas a como diera lugar!