236 . POR PRIMERA VEZ
ALESSIA:
Me pongo seria y logro con gran esfuerzo salir de sus brazos.
Me arreglo mi ropa y el cabello mientras lo miro muy seria para responder a su pregunta.
Sé que soy una adulta y que puedo dar ese paso porque sé que él me ama como yo deseo.
Pero quiero casarme como Dios manda en una boda de la mano de mi padre. Es mi sueño y no quiero ceder.
—Porque no estoy lista para pasar esa línea, Gian —digo con seriedad—. Lo siento, pero yo en estos momentos quiero concentrarme en estudiar esas leyes para ver cómo ayudamos a papá. No puedo entregarme a ti.
—Está bien, esa sola línea no la cruzaremos, pero sí todas las demás —dice para mi sorpresa—. ¿Sí, cariño? ¿Me dejarás saborearte completa?
—¿Saborearme completa? —pregunto volviendo a ruborizarme—. Gian, no me asustes…, yo…, yo…, ¡Gian, no me hagas eso, por favor! Espera…
Le pido sin poder evitar que me atrape y me quita la blusa de un tirón.
Estamos en la semipenumbra de la habitación, por lo que puedo apreciar cómo los ojos de mi novio brillan de una manera alucinante, mientras sus manos vuelan por mi cuerpo.
No me resisto, lo dejo porque, aunque no sé nada de ello, puedo percatarme de que él está en sus límites de aguante.
Por lo que he decidido complacerlo en cualquier cosa que decida él, menos a cruzar la línea principal.
—Me tienes loco, Alessia, no puedo aguantarme más, sé que no debería hacerte ni exigir esto —habla rápidamente Gian—. Pero mírame, cariño, estoy explotando, ¿me ayudas, linda?
—Gian, sabes que no sé… —vuelvo a decir y me siento en la cama, para a continuación acostarme encima de su cuerpo—. Si me enseñas puedo ayudarte, solo eso.
—No, no quiero aliviarme solo yo —se niega para mi sorpresa—. Quiero hoy romper la línea de lo prohibido y regalarte tu primer orgasmo, te cuidaré y respetaré, amor, confía en mí, ¿sí?
Habla despacio ahora, al sentir cómo me estremezco debajo de su cuerpo y lo miro asustada.
Yo solo asiento con la cabeza, pero mi mirada es de miedo total.
Por un momento pienso en detenerlo, pero luego lo abrazo temerosa y levanto la barbilla pidiendo un beso.
Gian se vuelve más lento, aunque gime mientras arregla su pantalón.
Se quita de encima de mí, que permanezco aún con mi pantalón y en los ajustadores. Al hacerlo, sonríe al ver cómo me cubro con las manos el cuerpo.
—¿Puedo? —pregunta indicando su ropa. Digo que sí con la cabeza.
¡Estoy paralizada y al mismo tiempo excitada!
—. Quítate el pantalón, cariño, prometo cuidarte.
No temas, no haremos nada de eso que temes, iré despacito como me pediste.
¿Quieres que apague la luz por ser tu primera vez? Aunque me encantaría verte, linda.
Niego con la cabeza, mientras me estremezco por mucho que trato de no hacerlo, en verdad tengo miedo.
Solo hemos sido novios unos pocos días y ahora él está yendo demasiado rápido.
¿Desnudarme? ¿Tocarme? Eso no lo pensé cuando pedí dormir juntos.
Me imaginé otra cosa: analizar las leyes acostados, abrazados uno al lado del otro en la cama, quizás un beso o dos, pero esto es otra cosa para la que no estoy lista.
Aunque desde que iniciamos nuestra relación, íntimamente solo nos habíamos dado besos.
De pronto pasar a esto me aterra, ¿cómo no lo pensé antes de pedirle a mi padre que me dejara dormir con él?
Me pregunto mientras me quito la ropa y me meto rápidamente debajo de la sábana.
¡Jamás me pasó por la cabeza que esa invitación a dormir conmigo, para Gian, hubiera significado otra cosa!
Es como si le hubiese dado la señal de ir más allá.
¡Estoy loca, él me mira como si quisiera comerme! ¡Oh, por Dios, estoy desnuda!
Es que precisamente ese día me había puesto una tanga que no cubría casi nada y que hizo que los ojos de mi novio relampaguearan aún más.
¡De esta no me salva nadie!, pienso al ver la expresión que pone mi apuesto novio, que tal parece que está dando una demostración de cómo quitarse la ropa lo más lentamente posible, haciendo que yo me desespere por ver más. ¡Cielos, qué hermoso es!
Gian sonríe satisfecho con lo que ve, se pasa la lengua por sus resecos labios, mientras toma una gran bocanada de aire, dispuesto a cumplir con la parte de no cruzar la línea, aunque ahora que me ha visto casi desnuda, se le está haciendo muy difícil el asunto.
Yo soy virginal en todos los sentidos y a él le toca romper con eso, lo cual no ha sucedido antes.
A mí solo me ha tocado él, han sido suyas las primeras caricias que como mujer recibí y lucharé porque siga siendo así, a pesar de que ahora está obligado a ir con calma. Aunque una parte de su anatomía protesta vehementemente por tener que cumplir con no romper esa línea.
—¡Diantres! —lo escucho maldecir.
Me mira mientras yo lo observo temerosa debajo de la sábana. Puedo ver que se aguanta y que no quiere alarmarme más de lo que ya estoy. Soy muy hermosa aun debajo de aquella sábana de seda con la que me protejo y que deja ver mi bien formada silueta.
Gian se queda solamente en boxer, el cual se levanta de una manera que me inquieta. Por mucho que intento mirar a otro lugar, mis ojos terminan siempre en ese punto prominente y erguido de su cuerpo, lo cual se ve que hace sentir muy satisfecho a mi novio.
Puedo ver que mi apuesto novio sabe que tiene un cuerpo que enloquece a las mujeres, y la naturaleza ha sido muy generosa con él con su miembro.
Camina sin prisa hasta colocarse a los pies de la cama ante mis ojos atónitos.
Y sin más, mete la cabeza debajo de la sábana comenzando a besarme los pies, mientras sus manos suben insinuantes, junto con su boca por mis largas y hermosas piernas haciendo que me tense.
Apenas me roza por encima de mi prenda, ese lugar hermoso que hace que se enerve de nuevo todo mi cuerpo, ante el agradable olor que percibe.
Besa, chupa y saborea mi cuerpo, mientras sigue subiendo poco a poco.
Muerde suavemente mis duros y erguidos pezones arrancándome gemidos de placer, que me mantienen expectante sin saber qué hacer o cómo responder a lo que me hace.
Prosigue su recorrido por mi cuello hasta al fin aparecer sacando la cabeza de debajo de la sábana, para encontrarse con mi rostro acalorado, excitado e incrédulo.
—Gian… —lo llamo estremeciéndome—. Por favor…