¡Ups, me equivoqué papá, me equivoqué! (SERIE ¡UPS! nº 3) 235 . UNA SITUACIÓN PELIGROSA
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235 . UNA SITUACIÓN PELIGROSA

ALESSIA:

Después de hablar con papá, salgo directo a buscar las leyes con mi tía Lucy, que está hablando en ese momento con papá por teléfono y me pide que espere. Puedo escuchar lo que dicen.

—Cita a todos los dragones ahora mismo. Los quiero en mi campo de entrenamiento a todos los grandes, medianos y chiquitos jefes mañana a las diez de la mañana, ¡nadie puede faltar! —le ordena con firmeza—. El que lo haga, será destituido al momento.

—¿Todos, Ale? ¿Tú estás seguro de que van a caber? —pregunta la tía Lucila.

—Sí, todos caben. Ah, y tienen que traer a sus hijos en edad de casarse —sigue ordenando papá—. A estos últimos mándale las leyes de la organización pidiéndoles de mi parte que las analicen y que traigan sus opiniones listas mañana. Si es posible que comiencen a enviártelas a ti por correo.

—¿Qué es lo que pretendes hacer, Ale? —pregunta mi tía.

Papá guarda silencio unos segundos antes de contestar que no puede decirle nada a mi tía.

Sigue dando órdenes sin parar. Pide que cite a todos sus guardias.

También que levante todas las ametralladoras que están alrededor de la casa.

Que tenga listo a todos sus drones, y que cuando entre el último avión, electrifique la cerca.

—Lucila, ¡que nadie entre o salga mañana!

Y no dejes entrar solo a los jefes, todos sus guardias se quedarán fuera —ordena.

Estoy intrigada al escucharlo—. Y ahí donde estás no entrará nadie más que no seas tú, ¿capisci?

También, quiero que a primera hora de la mañana saques a toda la familia hacia un refugio seguro.

—Ale, no me gusta lo que estás ordenando —protesta mi tía Lucila mientras sus dedos corren a gran velocidad por el teclado cumpliendo con las órdenes de papá—. ¿Qué es lo que pretendes hacer?

Papá vuelve a negarse a decirle lo que prepara a la tía Lucila. Yo sospecho que ya ha creado un plan con lo que le habíamos propuesto u otro de su decisión. Asegura que no le dice nada, que hace todo eso por precaución. Pero mi instinto me dice que mañana inicia una guerra muy peligrosa.

—Lo anterior hazlo cuando ya todo el mundo que debe venir llegue, diles que quiero su confirmación en el teléfono del Consigliere en cuanto les llegue el mensaje —ordena de nuevo—.

Así que prepárate, no dormiremos hoy. Ah, y mete a ese par de genios tecnológicos que tienes por hijos contigo, vas a necesitar ayuda.

Lo siento, cuñada, pero hoy no podemos dormir. Tenemos mucho trabajo que hacer.

—De acuerdo, mi Capo —acepta tía sin preguntar más—. Damián pregunta si lo necesitas.

—Sí, dile que baje al despacho —contesta y cuelga.

Gian y yo nos miramos sonriendo, al darnos cuenta de que al parecer el Capo di tutti i capi va a seguir nuestra idea, pero no decimos nada. El tío Damián sale corriendo hacia la planta baja. Nos percatamos de que están muy ocupados.

—Tía, ¿dónde están las copias? —pregunto.

Ella, sin levantar la mirada de lo que hace, nos indica un gran bulto de papel.

Tomamos las leyes y nos dirigimos a mi habitación.

Al llegar, Gianpiero suelta todo, me toma por la cintura y me besa intensamente.

Le respondo de igual manera, introduciéndonos ambos en un mundo de sensaciones y emociones que nos hacen perder la noción de todo.

—Gian, le prometí a papá que no pasaríamos la línea —susurro al sentir cómo sus manos vuelan por mi cuerpo.

—Y no lo haremos, vida mía, pero hoy te haré sentir lo que no puedes imaginar.

Quiero que de una vez y por todas sepas por qué digo que eres mi mujer perfecta, y que sientas eso mismo que siento por ti, por mí —dice sin sacar su cabeza de mi hombro—.

Que en verdad sepas que soy tu hombre en todos los sentidos, y que te hará la mujer más feliz de todas.

—Gian, recuerda que eres mi primer novio, no sé nada —trato de escapar ante el impulso de aquel—. Y…, y…, no me beses, deja que te hable.

—¿Tiene que ser ahora, linda? —pregunta sin dejar de acariciarme y besarme el cuello—. Déjate llevar, amor, ¿sí?

—¡Oh, cielos, amor, espera! Gian, yo…, yo…, sé que tú estás acostumbrado a tener muchas mujeres, así que vamos despacito —le pido asustada por no ir más allá de lo que puedo permitir.

Me escapo de sus manos, pero él vuelve a atraparme por la espalda, y sigue besándome como si quisiera comerme, haciendo que mi temperatura se eleve, y los deseos me asalten. Me recuesto del cuerpo ardiente de mi novio que no deja de acariciarme y besarme haciendo que casi pierda la cordura.

—Gian…, vas…, vas muy deprisa. Espera…, tienes que enseñarme de a poco, no necesitas hacerme nada ahora para saber eso que quieres —protesto tratando de escapar—. De acuerdo, eres mi hombre perfecto.

Vuelvo a tratar de escapar, porque ahora mismo no estoy segura de si podré aguantar sin dejarme llevar.

Gian prácticamente me está comiendo, me vuelve loca, sin dejar que pueda pensar.

Nunca en mi vida he sentido las emociones y sensaciones que me provocan los labios calientes, húmedos y ansiosos de Gian, que no se desprende de mí.

Me gira de frente, y mientras me besa y me acaricia, me habla.

—No sabes nada todavía, Alessia, nada de nada —susurra recorriendo con maestría mis labios, mi boca entreabierta—.

Deja que te enseñe algo hoy, por favor, amor.

¿No es eso por lo que quieres dormir conmigo?

Mira cómo estoy, lo necesito, cariño. Es verdad que era muy activo en ese sentido, pero desde que te conocí no he vuelto a estar con una mujer.

Tú me vuelves loco, tanto que no puedo aguantarme más, mira lo que acabas de hacer al invitarme a quedarme aquí.

Se pega a mi cuerpo haciéndome sentir su enorme erección. Me sobresalto al escuchar su petición y lo empujo con todas mis fuerzas al sentir su caliente cuerpo listo para actuar.

—¿Qué cosa? —logro preguntar—. ¡No he hecho nada para ponerte así! Solo quería que estudiáramos las leyes y…

Me detengo toda colorada al ver y sentir la enorme erección de Gian que no la oculta, todo lo contrario, me toma la mano y la dirige allí. Trato de resistirme, pero él no me deja, hace que lo acaricie suavemente mientras me besa y me dirige a la cama.

—¿No hiciste nada? ¿Cómo se te ocurrió pedirle al Capo di tutti i capi que me dejara dormir contigo? ¿Te parece eso poco? —pregunta para mi desconcierto—. No lo niegues, cariño, también me deseas.

—¡No fue eso! Quería…, quería…. —digo retrocediendo mientras Gian avanza sonriendo de una manera que hace que se me olvide lo que quiero decir.

Salgo corriendo al ver que él ha malinterpretado toda la situación. Pero Gian corre detrás de mí a una velocidad que no puedo escapar. Me atrapa por la cintura y me acorrala contra la pared.

—Yo sé lo que quieres, cariño, es lo mismo que quiero yo —susurra en mi oído—. Así que no te niegues ahora, linda. No voy a poder resistir si no me ayudas a bajar eso que estás sintiendo.

—No sé hacerlo, Gian —tartamudeo avergonzada—. Creí…, creí que te gustaría que durmiéramos juntos.

—¡Me gusta, me encanta! —dice de inmediato—. Pero dijiste que no cruzaríamos la línea. ¿Por qué tuviste que prometer eso?