¡Ups, me equivoqué papá, me equivoqué! (SERIE ¡UPS! nº 3) 229 . CONVERSACIÓN SINCERA
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229 . CONVERSACIÓN SINCERA

RUFINO:

Por un instante mi serenidad metódica que sostuve durante toda la cirugía se pierde.

Mi mirada se suaviza al contemplar a mi hijo, tan vulnerable ahora, despojado de esa firmeza casi milagrosa que acaba de demostrar.

Doy un paso lento hacia Alexander, ignorando el pinchazo punzante de mi propia herida recién suturada.

Coloco una mano sobre su hombro, obligándolo a despegar la mirada del cuerpo de Miguel.

—Porque eres mi hijo. Y porque un traidor no sostiene el bisturí con el pulso temblando de miedo y la mirada llena de devoción, Alexander —respondo con una certeza absoluta—. La traición requiere frialdad, cálculo... y tú solo querías sobrevivir.

Desvío un segundo la mirada hacia mi esposo, observando el ritmo constante de su pecho al respirar, asegurándome en silencio de que la vida no se le escape. Tengo plena confianza en Lilian, por lo que regreso a mirar a mi hijo.

—¿Solo por eso? —pregunta con incredulidad—. ¿Cómo puedes confiar ciegamente en mí si no tienes idea de quién soy?

Puedo ver el miedo en su mirada y sé por qué. Lo que nos había contado el Lobo era aterrador. Es evidente que siente vergüenza de su pasado. Pero yo borraré ese dolor y miedo. Haré de mi hijo un gran cirujano. Le pasaré toda mi sabiduría adquirida por tantos años de práctica.

—Sé exactamente quién eres —aseguro colocando mis manos en sus hombros—. ¡Eres mi hijo!

—¡Oh, papá! Gracias, muchas gracias —Alexander me abraza conmovido—. Jamás los traicionaré, ¡te lo juro!

—No tienes que jurarlo, lo sé. Tú eres como yo, fiel a quien debes ser —aseguro acariciando su espalda—. Ahora tienes que ayudarme. ¿Cómo se te pudo escapar ese dragón azul?

—A ese lo odio, nunca me relacioné con él —dice cambiando su expresión—. Tampoco sabía que era un traidor.

—¿No? Te estuvo mirando y siguiendo toda la noche —le confieso pensativo—. ¿Qué nombre es ese que dijo antes de que lo eliminaras?

Tengo que sentarme porque, aunque mi herida no ha dañado ningún órgano vital, sí soltó mucha sangre y me siento debilitado. Puedo darme cuenta de que Lilian tiene la operación de Miguel bajo control. No necesita de mi ayuda. Por eso me esfuerzo en mantener a mi hijo alejado de su mesa.

—No quise callarlos, papá —asegura arrodillado delante de mí—, solo salvé a los tíos.

—Lo sé —afirmo con sinceridad—. Reaccionaste justo a tiempo. Gracias, hijo, por eso. ¿Y quién es ese que te reclama como su hijo?

Alexander me toma la mano mientras otra vez me pide perdón. Le acaricio la cabeza queriendo borrar todo el dolor que ha sufrido. Es evidente que, con la alegría de encontrarme, olvidó algunas cosas. Además, jamás imaginó que alguien se atrevería a atacar en la casa del Capo di tutti i capi.

—Pensaba que era el lugar más seguro de todos —dice con un suspiro—. ¡Te juro, papá, que no sabía que iban a intentar matarlos!

—Te creo, Alex, deja de jurar, no hace falta —hago que me mire fijamente tratando de que vea la sinceridad en mi mirada—. Confío en ti, hijo mío, como si fuera yo.

—¿En serio? —pregunta abriendo los ojos.

—Sí, eres mi hijo. Mi sangre corre por tus venas —contesto con firmeza—. Ahora contesta lo que te pregunté.

—Ese hombre fue uno de los que estuvo con mi mamá en el club —al fin contesta—. La tenía casi en exclusiva para él, hasta quería comprarla por ser la ex de Minetti.

Eso es algo que conozco. Casi todas las mujeres que utilizamos luego suben de valor y los mafiosos se las disputan. Aunque todavía no entiendo la situación.

—¿Por qué asegura que es tu padre? ¡Eres mi hijo, viste la prueba! —digo confundido.

—Ahora sé que lo soy, papá. Pero él me enseñó una prueba positiva. Lleva años tratando de atraparme —contesta al tiempo que se estremece—. Pero mi abuelo lo negaba y aseguraba con otra prueba positiva que era hijo de Minetti.

—Deben ser falsas todas esas pruebas. ¡La tuya y la mía las repetí montones de veces para asegurarme de que eras mío y no de Alessandro!

—no puedo evitar decir con vehemencia—. Si tienes dudas puedo darte una muestra de mi sangre y llevarla a donde quieras y hacer la prueba por tu cuenta. ¡Eres mi único hijo!

Por un momento me inunda el miedo de que me lo arrebaten. Es mi hijo y no lo cederé a nadie. Alexander, al verme, me abraza con delicadeza al tiempo que me dice que no lo necesita. De alguna manera siente que soy su padre, se reconoce en mí.

—Papá, soy tu imagen. Heredé tus increíbles habilidades de doctor y creo que soy muy inteligente como tú —dice con una gran sonrisa—. ¡No puedo ser hijo de ese imbécil que lo único que quería era matar al tío Minetti! Pero creo que mi hermana Olenska sí lo es.

—¿No es de Dimitrov? —pregunto intrigado.

Levanta los hombros. Cuenta que Dimitrov le pegaba a su mamá porque no le había dado un hijo. Ella se fue embarazada del club. Cuando se enteró, le avisó a ese señor, que llevaba años reclamándolo como su hijo.

—Era de la décima de los dragones —dice, y lo miro pensativo—. Es el dragón azul oscuro.

—No lo es. Ese dragón azul le pertenece a Francesco Rinaldi —le aclaro—. ¿Así que ese era el traidor?

—¿Estás seguro? Él alardeaba mucho de eso y se hacía el superior a todos.

Yo lo visité varias veces en Palermo. Tiene una enorme cantidad de seguidores que dicen ser leales al dragón negro, pero no lo creo —sigue contando para mi sorpresa—.

Ustedes tienen que limpiar a los dragones o seremos tragados por ellos.

Puedo ayudar si me dejas, iré a Rusia a buscar a mi gente.

—¡No! Tú nunca más te moverás de mi lado, a donde quiera que vayas será conmigo —me niego con firmeza—. Lo siento, hijo, eres un hombre y no debiera hacer esto, pero no te voy a negar que tengo miedo a perderte ahora que te encontré.

Alexander en respuesta me abraza de nuevo, emocionado. Este chico ha sufrido demasiado, como doctor me doy cuenta de que le falta amor paternal. Pero sobre todo, se le nota la dicha de haberme encontrado. No puedo dejar que vaya después de lo que acaba de hacer. Todos lo consideran un traidor.

—Hijo, tienes muchos enemigos por dondequiera y tratarán de eliminarte —le explico para que me entienda—. También porque, de la nada, mi heredero apareció y ya muchos estaban preparando a sus hijos para heredar el puesto de consigliere. Promete que andarás siempre con nosotros.

—Gracias, papá —dice Alexander, agradecido—.

Sabía que tenía que existir un padre como tú que me protegiera del mundo.

Recé desde que tengo uso de razón por ti; es una lástima que tuvieran que pasar tantos años para encontrarte.

Sé que ya soy un hombre y puedo valerme por mí mismo, pero tener tu apoyo, tu preocupación y amor por mí que jamás tuve me hace sentir seguro y feliz. Gracias de veras, papá.

¿Qué puedo decir? Yo nunca imaginé que tenía un hijo siendo torturado. Pero no importa el tiempo que estuvimos separados. Lo resarciré, lo haré olvidar con mi amor todo lo que le hicieron.

—Hijo, confía en tu padre —tomo sus manos—. Cuidaré de tu madre Adelina y de tu hermana como si fueran mías. Pero nunca más te alejarás de mí, ¿lo prometes?

—Lo prometo, papá —se detiene y cambia de tema—. ¿Ahora qué va a pasar con eso que dijo la señora Camil? ¿Tengo que casarme con mi prima Alessia?