¡Ups, me equivoqué papá, me equivoqué! (SERIE ¡UPS! nº 3) 227 . LA PROPOSICIÓN
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227 . LA PROPOSICIÓN

ALESSANDRO:

Mientras bailo con mi esposa, veo cómo mi hija Alessia aparece visiblemente molesta al escuchar la música conocida de la coreografía de los dragones, seguida por su novio Gianpiero.

Para mi sorpresa, no baila con él: toma a su hermano Kenet y a su primo Alexander, quien no sabe qué hacer, pero la sigue hasta el centro del salón.

Ante la mirada de todos, Alessia se pone a realizar su rutina de entrenamiento que, para su asombro, Alexander sigue muy bien. Rufo, al ver a su hijo, toma a su pareja Miguel y se incorpora a la coreografía.

A un giro de la música, Kenet toma a su novia Alexcía, quien no sabe qué hacer.

Alessia busca a Alexander, pero en su lugar encuentra a Gianpiero, quien la toma posesivamente y la hace bailar a su antojo, besándola cada vez que tiene la oportunidad.

Al final, quedan ellos dos solos enfrentados en el centro del círculo que se ha formado.

Gianpiero aprovecha el momento y pone una rodilla en el piso.

—Alessia Minetti, aunque ya me dijiste que sí, quiero aquí delante de toda tu familia y amigos pedirte que me hagas el honor de ser mi amada esposa —dice, y le tiende un hermoso anillo de compromiso, el cual ella se queda mirando sin tomar ante la mirada atenta y el silencio de todos.

Alessia lo mira con los ojos llenos de incredulidad. Su expresión refleja una mezcla de alegría y furia contenida. Pero no dice nada ante el silencio de todos que los observamos expectantes.

—Sé que no me he comportado como un novio que se respete debió hacer, y no dejar que cierto Capo me lo impidiera —continúa Gian echándome una mirada furtiva—.

Pero, vida mía, lo hice porque consideré que en verdad necesitabas pasar por esa experiencia, como tú misma me lo dijiste.

Te aseguro que el cielo es testigo de que cuando me tentaron con todo tipo de ofertas, me mantuve firme en nuestro amor.

Por eso, te falté esta única vez, y prometo que jamás por nadie en el mundo lo volveré a hacer.

Por favor, vida mía, hazme el hombre más feliz del mundo y concédeme el gran honor de ser tu esclavo por el resto de tu vida y más.

Alessia se queda observándolo muy seria.

Puedo ver que está furiosa, muy furiosa, porque considera que Gianpiero se burló de ella junto conmigo, sabiendo que estaba sufriendo.

Puedo ver cómo ella me mira por un instante.

Me hago el que no sé nada. No obstante, sé que no quiere rechazarlo allí delante de todos, ni tampoco decirle que sí de inmediato; quiere hacerlo sufrir solo un poco.

Por lo que alarga su mano, la cual Gian le toma enseguida.

Pero cuando él se dispone a ponerle el hermoso anillo:

—¡Alto! ¡Yo no estoy de acuerdo con ese compromiso! —se escucha una voz al final del salón.

Todos nos giramos hacia la voz, solo para ver a un hombre vestido de azul oscuro acercarse en compañía de un joven y otros dragones. Gianpiero se apresura a ponerle el anillo a Alessia en su dedo, se pone de pie y la abraza por la cintura en gesto de dueño, al tiempo que pregunta:

—¿Y quién es usted para oponerse a nuestro compromiso?

—Soy un miembro muy importante de los dragones; sobre todo, conozco muy bien las leyes de la organización —responde el hombre.

—¿Las leyes? ¿Qué leyes? —pregunta Gianpiero.

Me acerco despacio al centro donde se encuentran ellos. Mientras lo hago, observo al desconocido que ha interrumpido. Tiene más o menos mi edad, es alto y va vestido de azul, lo cual me llama la atención. Busco con mi mirada a Franco que asiente desde una esquina.

—Ya veo que no las conoces y te sientes digno de pedir la mano a la única hija del Capo di tutti i capi en matrimonio —contesta el extraño—. Honor que solo puede obtener, como dice nuestra ley, el hijo de uno de los diez principales dragones. Y yo reclamo ese honor para mi hijo.

—¿Papá? —se gira asustada Alessia para mí, sujetando a Gian con firmeza—. ¿Qué es lo que dice ese hombre?

No le respondo de inmediato, pero le hago una señal de que se quede tranquila mientras yo me hago cargo de la situación. Le digo que esa ley solo se aplica a los hijos varones. Kenet al escucharme se preocupa mientras toma a Alexcía también de forma protectora.

—Yo no quiero a otra mujer que no sea la mía —me advierte por lo bajo.

—Chicos, no se asusten, todo está bien. Nadie les impedirá casarse con quien quieran —intento calmar a mis hijos, pero me giro asombrado al escuchar a mi madre.

—No, Alessandro, no es así —se adelanta hasta llegar a mi lado—. Disculpa por no haberte advertido de esto antes, pensé que lo sabías.

Me quedo callado mirando a mis padres sin comprender a qué se refiere.

Mamá sigue explicando que esa ley de la que hace uso este dragón es para todos los hijos del Uno y del Consigliere.

Como su padre, tengo que someter a prueba a todos los chicos y chicas casaderos de mis fieles seguidores y elegir a los mejores de ellos de la alta jerarquía.

—¡Es tu obligación sopesar cada cosa y entonces elegir quiénes serán las parejas de los tres chicos! —termina mi madre de explicar.

—¡¿Qué locuras se les ocurrieron a ustedes dos?! —grito verdaderamente furioso.

Estoy desconcertado con mis padres. No les bastó con condenarme a mí, sin necesidad, a convertirme en un asesino y mafioso, sino que ahora van tras mis hijos.

—¿Acaso me están diciendo que mis preciosos hijos tienen que ser subastados como si fueran unos objetos? —pregunto sin poder contenerme.

—Lo hicimos para mantener la dirección de la organización en manos seguras.

Siempre los matrimonios de las familias poderosas se han casado por conveniencia, Alessandro —me explica mi papá—.

Normalmente Alessia se debe casar ahora con el hijo de Rufo, y para Kenet debemos ver cuál de las hijas casaderas de los dragones es adecuada.

—¡¿Tú lo hiciste?! ¡¿Te casaste con una mujer por conveniencia?! ¡No! ¡Mamá es la mujer de tu vida! ¿Por qué entonces me hicieron esto a mí y a mis hijos? ¡¿Por qué?! —lo agredo fuera de control—. ¡Eres…, eres…!

—¡Alessandro…! —escucho la voz del abuelo—. Esto es algo que debemos analizar en privado. Ahora bien, ¿quién es usted que está reclamando ese honor para su hijo? Conozco a todos los dragones, ¿de dónde salió usted?

Me detengo al escuchar a mi padre. Se me había pasado ese detalle. ¿Quién es el hombre que viene a reclamar a mi hija ahora? Miro a Rufo buscando explicación, pero él niega con la cabeza diciendo que no lo conoce.

—Soy el dragón azul. Reclamo la mano de Alessia Minetti para mi hijo, aquí presente: Kirian Donovan, más conocido como Alexander Dimitrov —responde con arrogancia—. Es el único con los méritos suficientes para convertirse en el Uno después del Capo.

—¡¿Quién…?! —preguntan muchos.

Se arma un tremendo revuelo. En ese momento, muchos dragones se quitan sus sacos, quedando con sus camisas azul oscuro con la insignia del dragón, mientras nos apuntan a todos con sus armas.

Franco se ríe a todo dar por haber encontrado al fin a quien se hace pasar por él y que le deberá rendir cuentas.

Se escucha a una persona aplaudiendo y vemos avanzar a Alexander a una velocidad inaudita, al llegar al centro, saca sus cuchillos y a sus pies caen dos cabezas.

—¡¡¡Alex…!!! —exclaman Rufo y Miguel, interponiéndose en medio de otros puñales recibiéndolos en sus propios cuerpos.

—¡Papás…! —grita Alexander.