¡Ups, me equivoqué papá, me equivoqué! (SERIE ¡UPS! nº 3) 225 . ACEPTACIÓN DEL COMPROMISO
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225 . ACEPTACIÓN DEL COMPROMISO

ALESSANDRO:

Se hace un silencio después de que el capo Cian formula esa pregunta. Me siento un poco incómodo viendo cómo mi plan está por irse al traste. Por eso me apresuro a intervenir.

—Entonces, por lo que entendí, Alessia... —me pongo de pie, haciéndole una leve seña a Cian para que guarde silencio—, no quieres casarte con el hijo mayor del capo Cian aquí presente.

—¡No! ¡Este es mi prometido, papá! —exclama ella señalando a Gianpiero, quien permanece sumamente serio—. Fue a él a quien le dije que sí en el club, fue a él a quien amé desde que lo conocí, es con él con quien quiero pasar el resto de mi vida.

Luego se gira hacia Giancarlos, que está detenido al lado de su padre, mirando toda la escena con una expresión divertida. Es increíble cómo se parece a su hermano. Podrían pasar por gemelos. Alessia se inclina delante de él con respeto.

—Lo siento mucho, Giancarlos. Sé que eres un gran chico, pero te mereces a una mujer que te ame, y no a una que esté locamente enamorada de otro —dice con seriedad—. Gracias por pensar en mí, muchas gracias.

—¿Mi Capo? —se adelanta el capo Cian con expresión confundida—. ¿Me puede explicar qué significa todo esto? ¿Por qué su hija se disculpa con Giancarlos? ¿No me diga que lo que me estoy imaginando es verdad? ¿Va a comprometer a su hija con mi hijo Carlitos?

—Cian, después hablaremos tú y yo —digo tajante, sin apartar los ojos de mi hija mientras avanzo muy lentamente hacia ella, que rápidamente se coloca al lado de Gian—. ¿Así que Gian es tu elección? ¿Estás segura de esto?

—¡Sí, estoy muy segura! —afirma Alessia tomando la mano de Gianpiero, que sonríe satisfecho.

Al ver que avanzo hacia ella, Gianpiero se planta firme ante mí, esbozando una leve sonrisa de suficiencia, mientras escucha lo que mi hija dice.

Me detengo con los brazos cruzados a la espera de que Alessia termine de hablar, porque la conozco.

Aunque ella se me había enfrentado, puedo ver el temor en su mirada de que me niegue.

—Por eso, papá, por favor acéptalo como mi prometido.

Sé que querías que me casara con alguien de alta categoría de tu organización y lo entiendo.

Sobre todo, es tu sueño que lo haga con el hijo de uno de tus mejores amigos, como lo es el hijo mayor del capo Cian —sigue hablando Alessia con una voz suplicante—.

No puedo hacerlo, papá. Aunque mi novio no pertenezca a la mafia, me acepta tal como soy y a nuestra familia como es, ¿verdad, Gian?

¿Fue por eso que viniste ahora a pedir mi mano?

Todos los presentes, excepto Rufo, Gianpiero y yo, no entienden lo que está sucediendo. Porque Alessia se niega a casarse con el hijo mayor de Cian, mientras lo tiene tomado por la mano proclamando que sólo se casará con él.

—Sí, estoy aquí para formalizar mi compromiso con su hija, mi Capo. Por favor, acepte que sea el prometido y futuro esposo de su hija —pide Gianpiero con absoluta seriedad—. Ya la escuchó, ella no acepta casarse con el hijo mayor del capo Cian, sino conmigo, con Gianpiero de Milán.

—¡Que alguien me explique lo que está pasando! —vuelve a exclamar el capo Cian, completamente descolocado—. ¿Por qué ella no quiere casarse con mi hijo mayor, pero acepta hacerlo al mismo tiempo? ¡¿Qué rayos pasa aquí?!

—De acuerdo —son las palabras que salen de mi boca sonriente.

Sin embargo, no digo nada más ante el silencio que nos embarga a todos. Alessia me mira con incredulidad. Gianpiero me observa satisfecho, mientras puedo ver al capo Cian sudando frío y asustado. Rufo sonríe complacido y el Lobo no entiende nada de lo que pasa.

—Ahora, Alessia, lleva a tu prometido a otro lugar porque creo que hay algo que debe aclararte —digo de forma insinuante—. ¿Verdad, Gianpiero de Milano?

—¡No me haga eso, mi Capo! —protesta Gian con vehemencia.

Antes de que pueda seguir objetando, levanto una ceja y les indico que se marchen.

Gian ahora mismo sé que está muy asustado; contaba con que yo le aclarara a mi hija todo este lío de haberla engañado.

Alessia se abraza a mí llenándome de besos, y luego toma a su novio por la mano y se lo lleva casi a rastras rumbo a su habitación.

Por su parte, el capo Cian mira a Giancarlos, quien le confirma con la cabeza que sí, que Alessia es esa "mujer perfecta" de la que le hablaba Gianpiero.

Le da dos palmadas en la espalda y se marcha cerrando la puerta sonriente.

En ese momento, Cian cae de rodillas delante de mí, pero me apuro a levantarlo.

—No tienes que hacer eso, mi amigo —le digo sin poder dejar de sonreír—. Sé muy bien que no sabías que era Alessia. Ahora dime, ¿qué opinas de esa relación?

—¿Qué…, qué…, qué opino? —tartamudea Cian, sudando a mares ante la sonrisa de todos—. ¡¿Qué voy a opinar, mi Capo?! ¡Es el mayor honor que le pueda conceder a mi familia!

—Me alegra escuchar que lo apruebas después de todo lo que me dijiste en contra —río satisfecho ante su reacción.

—¡Mi Capo! Perdón, perdón, mi Capo. Lo que dije no era para su preciosa hija. Me imaginé…, creí…, ya usted sabe… —tartamudea apenado antes de comenzar a maldecir a su hijo—. ¡Ese condenado muchacho me las va a pagar cuando lo agarre por hacerme esto! ¡¿Cómo no pudo decirme quién era?! ¡¿Cómo?!

—Porque se lo prohibí. Mi amigo, gracias por criar a un gran hombre para mi hija. Es un excelente muchacho y me lo ha demostrado con creces —me adelanto a decir—. Estoy muy contento de que se hayan enamorado sin saber quiénes eran. Gianpiero ama a Alessia de veras, y se me enfrentó varias veces.

—¿Qué? ¡Lo mato! ¡Yo no le enseñé eso, mi Capo! —protesta Cian—. ¡Debió obedecerlo sin más!

—Eso es precisamente lo que me convenció de que podía entregarle a mi hija.

Cuando no sabía que era ella, yo se la ofrecí y se negó porque me dijo que había encontrado a su mujer perfecta, que por coincidencia era mi hija.

Y lo son: son una pareja perfecta, mi amigo —le explico encantado—.

Ahora mismo lo viste, ella se negó rotundamente a mi mandato para no casarse con otro, tal como lo hizo tu hijo.

Eso te da la medida de cuánto se aman esos dos.

Gian aceptó no decirle a Alessia quién era él porque me dijo que ella lo amaba tanto que se enfrentaría a mí por él; y ya lo viste, lo hizo.

Gracias, muchas gracias por el yerno que educaste para mí.

Me adelanto y le doy un abrazo, el cual Cian todavía me devuelve maldiciendo a Gian.

Todos lo felicitan por pasar a formar parte de la gran familia Minetti, un detalle del que no se había percatado hasta este momento por estar tan preocupado.

Es justo ahí cuando comprende que el futuro de su hijo es mucho más brillante del que él le tenía preparado.

Por fin se alegra, aunque no puede sostener la mirada que le dirijo.

—Vamos, Cian, no fue para tanto. Rufo y yo nos reímos mucho cuando te escuchamos.

No fue culpa de Gian, no le hagas nada —le doy dos palmadas en la espalda—.

Suficiente tiene ahora en sus manos; te aseguro que ese dragón dorado no se la va a poner fácil cuando se entere de la verdad. ¡Eso te lo puedo asegurar! Ja, ja, ja…