222 . CONVERSACIÓN CON EL BISABUELO
ALESSIA:
Entro de nuevo en la habitación de mi bisabuelo. Es el único que me comprende y no le dice a nadie lo que le cuento. Voy corriendo, me abrazo a él y, sin poder contenerme más, comienzo a llorar. Me hace sentar a su lado y me limpia el rostro suavemente, preocupado.
—Ahora que te calmaste, ¿puedes decirle al bisabuelo qué te hace llorar? —me pregunta.
—Es mi novio —le respondo.
—¿Qué hay con ese chico? —pregunta sin entender mi llanto—. ¿No me dijiste que te había salvado en los túneles y que te amaba de verdad?
—Sí, sí... creo que me ama —digo, aunque ya no estoy tan segura.
—¿Crees? ¿Qué significa eso? —pregunta el bisabuelo con el ceño fruncido—. ¿Por qué ya no estás segura?
Suspiro y tomo un vaso de agua que me ofrece. Miro la noche a través de la ventana, observando el ir y venir de los guardias de seguridad recorriendo la finca como si temieran lo peor. Luego me giro, vuelvo a abrazar a mi bisabuelo y apoyo la cabeza en su pecho.
—Me hubiese gustado no dudar. Pero ahora no sé… —respondo con un nudo en la garganta.
—¿Por qué dices eso? —sigue preguntando.
—Le di mi palabra a papá de que confiaría en él, y acepté comprometerme con el hijo mayor del Capo Cian —me detengo—. El chico es agradable, no lo niego, pero…
—¡Estás enamorada de tu novio! —completa mi bisabuelo lo que yo no digo.
—Sí, lo amo de veras, bisabuelo —confieso con sinceridad—. Sé que a lo mejor ahora se acobardó un poco y creo que es mi culpa.
Paso a explicar que cuando salí del hospital Gian insistió en venir a hablar con papá, pero yo me negué.
Le describí a mi novio a su suegro como alguien terrorífico, diciéndole que podía, como el gran mafioso que es, ir a acabar con su familia, y muchas cosas peores.
Por mucho que me pidió venir conmigo a enfrentar a mi padre juntos, me negué; le dije que eso era un asunto mío.
—Muy bien, y creo que es así —dice el bisabuelo—. No debes meter al pobre muchacho en esa situación. Creo que tu padre sigue probando tu lealtad y obediencia. ¿Desde cuándo le escondes otra vez cosas?
Miro a mi bisabuelo sin entender lo que me pregunta. Me acaricia la cabeza con cariño, luego con un suspiro me recuerda que papá tenía ciega confianza en mí. Pero yo se la arranqué de un golpe, lo herí más de lo que puedo imaginar. Solo él sabe cuánto herí a mi padre.
—¿Qué quieres decir, bisabuelo? —inquiero limpiando mis lágrimas—. Solo se molestó y se convirtió en un ogro, me dijo mi hermano.
Mi bisabuelo guarda silencio sin dejar de rozar mi cabello con ternura.
Sabe que todos me dijeron que papá se había convertido en un monstruo y que alejó a todos de él cuando me castigó.
Lo que ninguno vio fue lo que él había visto.
Mi padre se ha roto dos veces en la vida.
La primera vez fue cuando asesinaron a Celia y a mi hermano Alessandrito.
—¡Ese día que los perdió tu padre lloraba a gritos por el campo de golf destrozado! —las lágrimas asoman a los ojos del anciano—. Solo dejaba que Rufo, que lloraba a la par de él, lo acompañara. Ese día tu papá perdió toda su humanidad, se volvió un asesino frío y letal.
—¡Bisabuelo! —exclamo horrorizada.
—No te asustes por la verdad —vuelve a acariciarme con cariño—. Y el día que regresó de dejarte en Sutera, nadie lo vio destrozado porque se encerró a llorar en el despacho y no dejaba ni siquiera a Rufo, que jamás se había alejado de él, entrar.
Lo miro con incredulidad. El bisabuelo sigue contando que tuvo que ir por la llave y abrir el despacho para poder verlo. Cuando entró, papá tenía la misma expresión devastada que cuando perdió a mi hermano mayor y a su esposa. ¡Esa fue la segunda vez que mi padre se rompió!
—Tú lograste romper al dragón negro una vez más.
Y esta vez fue peor, porque la primera todavía creía en la raza humana.
La segunda, se había dado permiso él mismo de confiar en sus hijos, pensando que confiaban en él por encima de todos...
y tú rompiste con eso —mi corazón se aprieta al escuchar tal cosa—.
Le diste una vez más la razón de que no debe confiar ni siquiera en su sangre porque lo traicionan, y qué fue lo que tú hiciste.
¡Tú traicionaste a tu padre de la peor forma que podías encontrar!
Las lágrimas ruedan por mis mejillas al escuchar tal cosa.
Mi corazón duele de tan solo imaginar a mi padre roto por mi culpa.
Un nudo grande se hace en mi garganta impidiendo que hable.
Los sollozos rompen el silencio. Es aterradora la imagen que me ha descrito.
No puedo imaginar a papá llorando a gritos por mi culpa.
Pero no puedo olvidar aquella mirada que me dio cuando le grité que lo odiaba.
—Lo siento, bisabuelo... no quise eso, pobre papá —murmuro desconsolada.
—Por eso ahora, en su obsesión, lo que busca es volver a confiar como antes en ti. Quiere que tú le demuestres que confías en él. ¡Lo necesita! —dice con vehemencia mi bisabuelo.
—¿Qué significa eso? —pregunto, aunque sé su significado—. ¿Tengo que aceptar casarme con alguien que no amo?
—¿Te dije eso? Creo que eres más inteligente, Alessia.
No te diré la respuesta a esa pregunta; cuando encuentres lo que debes hacer, ve y busca a tu padre.
No antes, porque lo va a sentir, hija, va a saber que no eres sincera —me aconseja con cariño—.
No creo que él esté buscando someterte, tu padre te está dando una gran lección de vida.
Si no la entiendes, entonces, hija, confía en el instinto de Alessandro.
¡Nunca hará algo en contra de tu felicidad! ¡Jamás!
Me quedo en silencio intentando comprender sus palabras, pero no lo logro.
Lo vuelvo a abrazar y me quedo así un rato.
Poco después llega mi abuela Lara, elegantemente vestida; la ayudo a vestir al bisabuelo y salgo de su brazo hacia el salón.
Busco a mi padre con la mirada sin encontrarlo.
Camino hacia mi hermano, quien ríe feliz con su novia al lado de sus amigos, pero soy interceptada por mi ahora primo Alexander.
Nos miramos por un momento, hasta que me ofrece su mano invitándome a bailar y acepto.
—Estás muy hermosa hoy, mi prima —me elogia.
—Y tú eres la copia del tío Rufo, veo la mano del tío Migue en este nuevo estilo que tienes, por cierto te queda muy bien —contesto amablemente.
—Los conoces bien —se ríe él un poco apenado—. Se la pasaron discutiendo toda la tarde: papá regañándolo para que no me hiciera cosas y Migue haciendo lo que quería conmigo. Es muy buena persona y se ve que ama a mi padre, ¿verdad?
—Sí. Mi tío Migue es una persona maravillosa —respondo con sinceridad—. Eres afortunado por tener a esos dos padres en tu vida. ¿Y tu hermana y tu mamá dónde están?