220 . PROBLEMAS SERIOS
ALESSIA:
Podemos observar que el Lobo trata de escapar de las locuras y problemas que ha creado su hijo. Y, para sorpresa de todos, le entrega a Gregory para que mi padre lo interrogue y haga lo que fuera necesario para aclarar el malentendido conmigo.
—Por mí no se preocupe, desde este momento declaro que mi segundo hijo Ruján será mi heredero, mi Capo —anuncia para sorpresa de todos.
—¡Papá, no hagas eso! —se asusta Gregory—. ¡No hice nada, Alessia solo está celosa!
—¡Faddei! —gruñe papá por lo bajo—. Controla la boca de tu hijo.
—Puedo hacerlo hablar muy rápido, tío —ofrece Alexander. Papá lo observa intrigado.
—¡No te atrevas, Alexander! —grita Gregory para nuestra sorpresa, es claro que le tiene miedo. Se pone de pie y sale corriendo—. ¡Juro que me las pagarás!
—¿A dónde crees que vas? —le grita el Lobo.
—Faddei, no sé exactamente qué pasa, pero quiero esa información lo antes posible. Si es lo que me imagino, se lo dejaré al capo Cian —advierte mi padre bajando la voz, queriendo que solo el Lobo lo escuche—. Encárgate, el sótano está abierto. Alexandrito, tú no te vas a ensuciar las manos, vamos.
Mi primo lo mira con los ojos enrojecidos y sonríe.
Junto al tío Rufo, que está feliz de ver cómo todos tratamos a su hijo como uno de nosotros, seguimos a papá.
Nunca antes había hecho algo así en una de sus reuniones.
Kenet, como siempre que tengo un problema, no se separa de mí, junto a los chicos Rinaldi.
Mi mente no deja de pensar en todo. Le hago una señal a mi madre, que me sigue sin comprender lo sucedido. Me parece que la cosa es más seria de lo que creo y que ese loco ruso está detrás de todo.
—Mi Capo —lo llama el capo Cian, que ha estado de espectador—. ¿Qué es lo que pasa? ¿Es sobre mis chicos?
—No lo sé, Cian, no sé qué diablos hizo Gregory, pero muy pronto lo sabremos —contesta papá.
Y le señala al Lobo que baja con sus hombres que llevan cargado a Gregory todo golpeado para el sótano. En ese momento, alguien llama al capo Cian. Nos detenemos al escucharlo contestar. Comienza a vociferar.
—¿Dónde se metieron? ¿Por qué no contestaban mis llamadas? ¿Qué? —lo escuchamos preguntar una y otra vez—. ¿En una carrera de autos? ¡Se volvieron locos! ¡Tienen diez minutos para aparecer!
Escuchamos todo lo que dice con el corazón acelerado. Es evidente que sus hijos están bien. Pero yo todavía no sé dónde está mi novio. Temo que Gregory lo haya eliminado. Me muero de ansiedad.
—Ya estamos llegando, papá —escuchamos claramente—. Nos demoramos porque perdimos nuestro auto y hasta los teléfonos.
—Bien, bien. Regresen en este instante —cuelga y va donde papá, que tiene una idea de lo que pasó, pero no quiere decir nada—. Disculpe, mi Capo, por preocuparlo en vano. Esos muchachos andaban en una carrera de autos y perdieron el suyo, pero dicen que ya vienen.
Al escuchar eso, subo las escaleras seguida por mi hermano y primos rumbo a donde se encuentra mi tía Lucila revisando las cámaras de vigilancia. Dispuesta a encontrar a Gianpiero, cuando mi teléfono comienza a sonar con un número desconocido.
—Sí —respondo ansiosamente.
—Disculpa, amor, no te contesté porque perdí mi teléfono —escucho para mi alegría la voz de mi novio.
—¿Estás bien? ¿No te secuestraron? —pregunto de inmediato.
—¿Secuestrarme? ¿De dónde sacaste eso? —responde tranquilo—. Nadie me hizo nada, estoy bien. Pero no creo que pueda ir hoy a tu fiesta. ¿Ya aclaraste todo con tu papá?
—Para eso es que te dije que vinieras —le digo enseguida alejándome de todos para poder hablar con calma.
—¿No enfrentaste a tu padre todavía? —pregunta con un tono de voz más serio—. ¿No le dijiste que no te ibas a casar con el hijo mayor del capo Cian, sino conmigo? ¿A qué esperas, cariño?
Trago en seco, en verdad no he hablado con mi padre, que todavía me tiene prometida con el hijo del capo Cian. Respiro profundamente porque es verdad. Tengo que aclarar todo con mi padre primero. Mi prometido y su familia están de visita en mi casa, no lo puedo traer.
—No lo he hecho, amor, por eso es que quería que estuvieras presente —digo, pero ya no me siento segura—. ¡Necesito tu ayuda! Ven ahora mismo, por favor.
—¿Ir ahora...? Bueno, Alessia, iré a hablar primero con mis padres para avisarles que me voy a enfrentar al Capo di tutti i capi de la mafia italiana por mi novia —dice, y puedo sentir un poco de temor en su voz—.
Tengo que ponerme de acuerdo con ellos si aceptan esta relación, para ver cuándo van a hablar con tu papá.
¿De acuerdo? Sabes que es un asunto muy serio enfrentar a tu padre, cariño.
No es lo mismo si eres tú quien lo hace, ¿entiendes?
Me quedo en silencio al escucharlo. Un gran miedo se me va metiendo en el pecho. No es la primera vez que escucho una excusa como esa de un pretendiente. Suspiro resignada.
—Está bien, Gian, no te preocupes, te entiendo —digo apenada; pienso que él será diferente a los demás—. Me las arreglaré sola con papá y te aviso. Cuídate, y hasta mañana.
—Nunca olvides que te amo, Alessia —dice Gian.
—Yo también te amo, Gian. Adiós —se despide desilusionada.
Me quedo pensativa ante la mirada de todos. ¿Se habrá acobardado Gianpiero de tener que enfrentar a mi padre?
—¿Alessia? —me llama mi hermano—. ¿En qué quieres que te ayude? ¿Qué fue eso con Gregory?
—Disculpa, mi hermano, no es nada —respondo tratando de parecer normal—. Fue una broma pesada de ese odioso ruso que me hizo perder el control.
—¡Tú y tu mal humor! —dice mi hermano molesto—. Me voy, dejé a mi novia sola por tu culpa. Vamos, primos, y compórtense. Hola, Alexander, ven con nosotros, mi hermana está de mal humor.
—Deja que hable con ella —pide Alexander.
—No. A partir de ahora debes andar conmigo, al parecer serás mi Consigliere —le dice Kenet, pasándole un brazo por los hombros y lo obliga a irse con él—. ¿No sabes las ganas que tenía de que fueras mi hermano mayor?
—¿De veras querías que fuera tu hermano mayor? —pregunta asombrado Alexander.
—Sí. Me hubieras librado de ser el heredero del uno, ¡no hay suerte! —sigue diciendo mi hermano—. Ahora tanto tú como yo seremos, como nuestros padres, hermanos. Ven que hay alguien desesperada por abrazarte, felicitarte y presentarte a su familia.
Todos se marchan menos mamá, que no se ha perdido nada de lo que pasó y sabe que algo muy serio tuvo que decirme Gregory para que yo reaccionara de la manera que lo hice.
—¿Qué fue lo que te dijo Gregory? Y no me digas que nada porque no me lo creeré, ¿tiene que ver con tu novio? —me increpa.
—Me dijo que si quería que siguiera respirando, tenía que comprometerme con él —respondo con la verdad—.
Pero era mentira: acaba de llamarme y decirme que está bien.
Mamá, yo creo que debe haber cogido miedo cuando le pedí que viniera a ayudarme a convencer a papá de romper el compromiso con el hijo de Cian. ¿Y ahora? ¿Qué voy a hacer ahora?