219 . REACCIÓN INESPERADA
ALESSIA:
Estoy realmente furiosa con Gregory. Quiero seguir golpeándolo hasta que me diga qué fue lo que le hizo a Gianpiero. Pero antes de que pueda hacerlo, mi primo Laurent me sujeta, y Alexander corre detrás del ruso, pero es tarde. Mi hermano ya lo tiene por el cuello.
—¿Alessia? ¿Qué te hizo? —me pregunta sin soltarlo.
—¡Suéltame, cuñado! Es un asunto entre mi novia y yo —vocifera Gregory en italiano para que todos lo escuchen.
Mi hermano al escucharlo lo suelta y se gira para mí con mirada interrogante. Me acerco todavía más furiosa viendo cómo se aglomeran los invitados en la planta baja. Kenet se acerca sin dejar de mirarme.
—¿Qué dijo? ¿Novios? —pregunta en voz baja.
—Sí, novios. Tu hermana solo está celosa —contesta Gregory antes que yo.
Luego avanza a mi encuentro. Termino de bajar las escaleras despacio viendo cómo el ruso me sonríe y con una voz que trata de ser melosa sigue hablando—.
¿No sé de qué hablas, mi amor? Te dije que ella y yo nos peleamos antes de venir, no somos nada.
¡Te pedí matrimonio a ti delante del mundo entero! ¿Cómo crees que iba a seguir con ella?
Puedo ver que trata de disimular, sobre todo porque ve a su padre, el Lobo, venir furioso, al tiempo que le hace señas a sus hombres que lo siguen presurosos.
Estoy segura de que jamás ni en su más loca fantasía se imaginó que me comportaría así.
De seguro pensó que lloraría y aceptaría todo lo que me pidiera por salvar a Gian.
—Vaya, sí que es único el dragón dorado —murmura con una extraña sonrisa. Pero sé que no se rendirá tan fácil.
Se adelanta con la intención de agarrarme, pero Alexander le da un fuerte empujón y se lo lanza a los brazos de su padre, el Lobo. Este lo toma por el cuello y lo saca a rastras de la casa, seguido por mí y todos los demás.
—¡Pedazo de basura, sabía que me arruinarías la vida! —grita el Lobo en ruso, sin dejar de arrastrarlo delante de todos, que nos miran sin saber qué está pasando, hasta alejarnos lo suficiente—. ¿Dime ahora mismo qué le hiciste a ella?
—¡Nada, nada, papá! —se revuelve Gregory tratando de soltarse—. ¡Solo le dije algo en el oído a mi novia y se enfureció de los celos! Te dije que no era verdad, cariño.
No lo puedo creer, el desgraciado sigue con su farsa, girando hacia mí, que estoy a punto de volver a golpearlo con todas mis fuerzas. A pesar del gran esfuerzo que hago por mantener la compostura, sé que si hay algo que mi padre odia y no perdona, es que den un escándalo en sus recepciones.
—¡Cállate si no quieres que te mate! —le grita el Lobo y lo golpea—. ¡Te lo advertí bien claro! ¿Qué te dijo, señorita Alessia?
Faddei, el Lobo, se gira hacia mí a la espera de mi respuesta. Puedo ver cómo todos mis guardias me rodean listos para defenderme. Mi hermano y primos, incluido Alexander, se mantienen a mi lado con cara de pocos amigos.
—No es lo que crees, papá —grita Gregory todavía agarrado por el cuello—. Es un asunto de pareja. Suéltame, papá, y deja que lo arregle con mi prometida.
—¿Qué te dijo, señorita Alessia? —insiste de nuevo el Lobo, sin soltar a su hijo del cuello, impidiendo que hable más disparates.
—Dijo que tenía que ir con él o mi novio iba a dejar de respirar —le contesto airada al Lobo, que se gira hacia su hijo y le propina tal golpe que lo hace caer de rodillas frente a mí—.
¿Dime ahora mismo dónde están o te mato como a un perro?
—Y sin ningún miramiento, le apoya el cañón de su arma en la cabeza—.
¡Habla o te voy a dejar en manos del Capo di tutti i capi!
Todos los invitados y personas de la casa están asombrados. Mi padre viene corriendo ante el tremendo alboroto. Observa a Gregory arrodillado ante mí, sujetándose el estómago. Aparta el arma de su padre de su cabeza mientras nos mira interrogante.
—Que no tengo nada con ella, cariño. No tenías que quejarte con mi padre —me dice como si fuera una discusión de pareja—. Mira todo el alboroto y confusión que has creado por tus celos. Vamos, cariño, dile a papá que todo es un malentendido.
—¡Deja de decir estupideces y responde lo que te pregunté! —insiste el Lobo.
—¿Qué diablos pasa? —pregunta mi padre perdiendo la paciencia—. ¡Alessia...! ¿Qué espectáculo es este? ¿Qué te hizo Gregory?
Todos están sorprendidos de verme a mí, la princesa de la mafia, comportarse de esa manera. Kenet se mantiene a mi lado y me pregunta otra vez qué sucede.
—Ahora te digo. Disculpa, papá, por este espectáculo —bajo la voz para que él solo me escuche. Luego me giro hacia mi hermano—. Vamos, Kenet, necesito que me ayudes en algo. Alexander, ¿puedes venir tú también?
—Espera, mi prima, tengo que hablar algo con el Lobo aquí —responde Alexander, que está muy feliz de ver que nosotros lo tratamos como si lo conociéramos de toda la vida.
Me detengo al escucharlo viendo cómo se dirige hacia donde está el tío Rufo con Migue. Ambos están muy preocupados por lo que está sucediendo. Avanzan juntos a su encuentro.
—¿Qué pasa, Alexandrito? —le pregunta el tío Rufo.
—Creo que Gregory le hizo algo a los hijos del capo Cian, no sé exactamente qué es, pero insiste en que Alessia se comprometa con él —le contesta Alexander.
—Ya veo —dice Rufo y solo mira a mi padre. Puedo ver que abre y cierra su nariz resoplando, señal de que está haciendo un gran esfuerzo para controlarse.
—Faddei, ¿me puedes explicar qué es lo que le hizo tu hijo a la mía, para que reaccionara así? —le pregunta iracundo.
Ahora mismo todos guardamos silencio porque conocemos al Capo di tutti i capi. Entre más calmado habla, más colérico está. Hasta Gregory se da cuenta de la frialdad y amenaza que desborda mi padre.
—No es nada, mi suegro —contesta de nuevo en su papel Gregory—. Mi novia tiene celos.
—¡Deja de decirme así, soy tu Capo! —lo reprende enojado papá—. ¡Mi hija Alessia tiene un prometido y no eres tú!
—Mi Capo, ella se enamoró de mí, ya vio cómo me aceptó delante de todos, no era una broma, fue en serio —insiste en su historia.
—¡Gregory, compórtate! —el Lobo le da un fuerte bofetón haciendo que se calle—. No sé qué pasa entre ellos, mi Capo.