216 . EN UNA ENCRUCIJADA
ALESSIA:
Mamá me toma de la mano y me lleva a mi habitación al darse cuenta de que quiero cambiar mi vestido.
Odio estar en combinación con Gregory, cosa que todos en la fiesta notan y murmuran si son ciertos los rumores de que estamos prometidos.
Eso me pone de mal humor, sobre todo porque ya estoy fastidiada porque Gian no aparece por ningún lado como le había pedido.
—¿Qué tienes, Alessia? —pregunta al ver que no digo nada mientras busco en mi ropero qué ponerme—. ¿Por qué quieres quitarte ese vestido tan lindo?
—No es nada, mamá —ella no dice nada, se queda sólo observándome fijamente.
Suspiro resignada—. Ese odioso de Gregory no sé cómo se enteró de que me iba a vestir de este color.
¿No lo viste? Anda en combinación conmigo, como si fuéramos pareja.
¡No lo soporto! Todo el mundo nos señala y él siempre se las arregla para estar cerca de mí.
Elegí ese color pensando en que a mi novio le gusta.
—¿Y dónde está? ¿No lo invitaste? —quiere saber ayudando a quitarme el vestido.
—Sí, pero no ha llegado. ¿Qué te parece el juego de pantalones dorados que me hizo la abuela Camil? —pregunto sacando la ropa—. ¿Crees que papá se moleste porque me ponga pantalones?
Mamá niega con la cabeza. Sonríe mientras dice que papá estará feliz de que me ponga esta ropa. Sobre todo porque es dorado y tiene una falda por encima que disimula que son pantalones. Además, que le encanta verme vestida de dorado.
—Pero cambia esa cara, parece que en vez de ir a una fiesta, vas a un velorio —dice mientras me acaricia la mejilla—. Vamos, para que me ayudes con mamá y el abuelo. No quieren participar de la fiesta.
—¿Y por qué obligarlos? —inquiero pensando que es lo mejor. Si yo pudiera tampoco participaría.
—Tu papá dice que toda la familia tiene que estar presente hoy, es muy importante —contesta ella y mi corazón se encoge.
—¿Por qué? ¿No me digas que va a anunciar mi compromiso? —pregunto sintiendo cómo las lágrimas se agolpan en mis ojos.
Mamá sigue organizando las cosas en mi habitación como cada vez que entra en ella. Yo no dejo que ninguna sirvienta toque nada y tengo mi propia organización. Mientras lo hace, responde que papá no le dijo nada. Pero después de mi rapto, papá tiene que dar una explicación.
—¿Qué te parece el chico que te seguía? —pregunta mirándome—. Ale me dijo que lo hacía porque creía que era tu hermano.
—¿Te refieres a Alexander? —la miro con curiosidad.
—Sí. ¿Te enteraste? Resulta que es hijo biológico de Rufo y se le parece un montón —me cuenta para mi asombro—. Trátalo bien, el pobre dice que sufrió mucho y ayudó a atrapar a muchos traidores.
—Fue un tonto —digo aliviada de que no fuera un enemigo—. Si llega a venir directo a hablar con papá, a lo mejor ahora seríamos novios.
—¿Novios? —quiere saber mamá deteniéndose para mirarme fijamente.
Termino de ponerme el pantalón sin mirarla. Lo digo sin pensar, pero es la verdad. Asiento con la cabeza diciendo que me he ilusionado con Alexander. Mamá no dice nada, pero me mira de una extraña manera.
—No me mires así, creía que era mi primer enamorado, por eso no dije que me perseguía —veo cómo frunce el ceño y me apresuro a aclarar—. Y no te preocupes, ahora lo trataré como a mi hermano Kenet; amo en verdad a Gianpiero. ¿Dónde está el abuelo?
—Encerrado en su cuarto —contesta sin decir nada más sobre el asunto—. Creo que mejor vas tú; se va a poner contento, dile que lo necesitas. A lo mejor le impide a tu padre que haga eso que tanto temes.
Levanto la cabeza emocionada. Eso es cierto, si hay alguien que puede impedir que papá me comprometa con el hijo del capo Cian, ese es mi abuelo. Termino de vestirme y todavía indecisa me giro para mirar a mamá.
—¿En verdad crees que el bisabuelo me ayude? —pregunto todavía con dudas.
—Nada se pierde con intentarlo —dice ella pensativa.
Termino de arreglarme, salimos rumbo a la primera planta.
Pero antes de bajar a hablar con el bisabuelo, me detengo en el inicio de la escalera y llamo una y otra vez a Gian sin resultados.
¿Dónde diablos se habrá metido? Sigo hacia la habitación de mi bisabuelo tratando de pasar inadvertida.
Si tan sólo pudiera convencer a mi padre de que hoy no anuncie mi compromiso con el hijo mayor del capo Cian, me daré por satisfecha.
El pasillo está en silencio haciendo que mis pasos resuenen suavemente sobre la alfombra, y cada fibra de mi ser vibra con esperanza.
De alguna manera, sé que al bisabuelo no le hará gracia el plan de papá.
Él siempre ha sido mi aliado, mi confidente en el retorcido mundo de la mafia en el que estamos inmersos.
Abro la puerta y lo encuentro sentado en su sillón de siempre, cerca de la ventana. Mira hacia el exterior, a los extensos jardines que circundan nuestra casa, como siempre que piensa en mi bisabuela. Al oír la puerta, gira la cabeza y una sonrisa cálida se dibuja en sus labios al verme.
—Mi pequeña, ¿qué te trae por aquí? —me saluda, apartando su vista de la ventana.
Me acerco a él con paso firme y, como es mi costumbre, lo abrazo y le doy un beso en cada mejilla. Pero no hay tiempo que perder en mimos. Si deseo cambiar mi destino, tengo que actuar con decisión. Me siento en el brazo del sillón y tomo sus manos con cariño.
—Bisabuelo, necesito tu ayuda —empiezo, mostrando la urgencia que siento—. Papá quiere comprometerme con el hijo mayor del capo Cian hoy, y no puedo permitir que eso suceda.
El bisabuelo me observa en silencio por un momento. Sé que me está leyendo como siempre, nunca he podido esconder nada de él. Sé que él comprende el peso y la presión que llevo sobre mis hombros desde que nací en esta familia.
—Entiendo. Y dime, ¿por qué no quieres? —inquiere, intentando leer mis pensamientos con su mirada perspicaz—. Tengo entendido que el hijo mayor del capo Cian es un gran chico. ¿Por qué no lo conoces primero?
Hago una pausa para elegir mis palabras con cuidado. Nada me importa más que ser honesta en este momento crítico porque necesito su ayuda. Su intervención podría cambiar el curso de mi futuro. Nos quedamos así por un momento, en un silencio cómplice que dice más que cualquier palabra.
—Creo que lo correcto, Alessia, es que lo conozcas —habla al ver que no digo nada—. Puedo ayudarte a que no anuncie el compromiso hoy, aunque conoces a tu padre. Cuando decide algo, no es fácil convencerlo de lo contrario. Sobre todo, después de todo lo que has hecho. ¿Me entiendes?
¿Qué puedo decir? No le he contado a nadie que tengo novio, ni siquiera a él. Y Gianpiero ahora mismo parece que ha huido como todos los demás que sabían que soy hija del Capo de todos los capos. ¿Se habrá acobardado?