213 . TODO SE VA ARREGLANDO
FRANCO:
Mi familia Rinaldi se encuentra reunida en nuestras propiedades.
Todos estamos felices por mi sobrino Ray y su hermana Alexa.
Ahora no lo deja solo un momento, incluso hace que Minetti le compre la casa donde vivían sus abuelos y se muda con él sin importarle las protestas de la señora Camil y todos en la casa. ¡Quiere vivir con su hermano!
Ray está tan feliz de tener una hermana, que hace todo lo que ella le pide, lo cual es otra cosa que tiene a todos asombrados.
Alexa, que no hablaba ni se relacionaba con nadie, con él se la pasa conversando todo el tiempo, por lo que optan por ponerle seguridad y dejarlos tranquilos juntos y contentos.
Mi hija menor acepta llamarse Alexcía como su abuela.
Está realmente dichosa de pertenecer a esta familia.
Aunque todavía se parece a su cuñada Alessa, es mucho más delgada y pequeña.
Se pinta el cabello de negro como le gusta y Kenet la visita todos los días.
Él está dispuesto a amarla así, aunque ella insiste en que se hará la cirugía estética para volver a tener su verdadero rostro.
La doctora Lilian dice que está muy débil y que está aquejada de una gran anemia, que tendrá que superar antes de decidir si hacen algo. Lo único que sí aceptan es que Rufo le borre el dragón dorado y le ponga el de Kenet en negro en combinación con mi dragón azul, bajo protesta de Minetti.
Kenet asegura que se casará con ella, le guste a su padre o no, por lo que al final acepta.
Aun cuando yo tampoco estoy convencido, al ver lo dichosa que es mi hija con él, no protesto más, solo le pongo mi signo encima del de Oleck.
No le pondrán el de Kenet hasta que se casen.
Lo cual falta mucho, porque ambos son muy jóvenes y deben estudiar. No permitiré que lo hagan antes.
—Bosco —lo llama al verlo— quiero decirte que ya sé que tu papá no tuvo nada que ver con lo que le pasó a mi familia, pero sí que vamos a ir a poner orden a todo aquello allá, como teníamos planeado. Pues no quita que tuvimos que salir huyendo de allá y acabaran con todo lo mío.
—Me alegra mucho escuchar eso mi suegro, cuando quiera vamos —contesta Bosco respirando aliviado.
—Todavía tengo asuntos que manejar aquí. Cuando estemos listos iremos —digo mirando al joven parado firme delante de mí—. Ahora tú y Filo deben concentrarse en terminar la escuela y seguir el entrenamiento. Recuerden que no pueden casarse hasta que lo hagan, ni nada más.
—¡Sí, señor! —contesta Bosco como un militar.
—Ahora vete a ver a las mujeres, que te ayuden a comprar un buen traje —le ordeno sintiendo orgullo por él—. Iremos a la fiesta que da Alessandro en su casa hoy en la noche.
—De acuerdo —dice con entusiasmo.
He quedado con Alessandro en encontrarme en la tarde con él porque, según tiene, algo importante tiene que decirme. Me han citado por primera vez en la cripta mortuoria, donde me explicarán cómo funciona todo. No hemos podido todavía averiguar quién es el impostor en la décima de los dragones.
ALESSIA:
En mi casa todo es un gran alboroto; está llena de guardias de seguridad dentro y fuera de la misma.
El gran salón ya está listo para recibir a todos los invitados.
La alta jerarquía de la organización, junto con nuestras familias, han sido convocadas al gran acontecimiento.
Estoy muy asustada, especialmente porque noto que mi padre no se separa del capo Cian, quien anunciará el compromiso esta noche.
Me he arreglado hermosamente, y aunque nadie me ha dicho nada, temo que él haga el anuncio delante de todos y que yo no pueda negarme.
He tratado de comunicarme repetidamente con Gian, pero su teléfono está fuera de servicio.
Mi hermano Kenet viene a avisarme que los Rinaldi llegaron, y ambos bajamos corriendo a recibirlos.
—Hola, Filo —saludo enseguida y me giro para mi cuñada—. Alexcía, estás preciosa. Me alegro de que vinieran.
—Tú también, Alessia —contesta Filomena—. Esto está lleno.
—Sí, papá, que nunca invita a nadie, hoy convoca a todos sus socios —respondo mirando la cantidad de gente—. ¿Por casualidad vieron a Gian por allá afuera?
—No, no lo vimos —contesta Filo—. ¿Lo invitaste?
—Sí, pero desde por la tarde no me responde —respondo con un suspiro—. Me dijo que iba a ver si podía venir, pero mira la hora que es y no aparece.
—¿Ya hablaste con tu papá? ¿Lo aceptó? —baja la voz para que solo yo la oiga.
—¡No! —replico de igual manera—. Y por eso tengo tanto miedo.
—¿Y cómo quieres que venga si no has roto tu compromiso? —pregunta Filomena muy seria—. ¿Quieres que lo maten? ¿Le dijiste que no lo has roto?
—¡Ay, Filo, eso mismo me dijo él! —me quejo con mi amiga—. ¿Crees que cogió miedo?
—Seguro —dice Bosco, que ha estado escuchando—. Yo tampoco vendría en su lugar. Creo que debiste arreglar ese asunto antes de hoy, Alessia; al no hacerlo, le estás demostrando a Gianpiero que prefieres a tu prometido.
—¡Bosco! —lo regaña Filomena, y luego se gira para mí—. No le hagas caso a Alessia; de seguro viene, Gian es diferente, acuérdate que enfrentó a papá por ti.
—Sí, pero Franco no es el Capo di tutti i capi —dice de nuevo Bosco.
—¡Bosco, deja de asustar a Alessia! Creo que te están llamando —me indica Filomena, señalando al ruso Gregory, quien me hace señas que necesita hablar conmigo.
—Es ese odioso ruso, ¿me acompañan, chicas? —les pido, para tratar de no ser grosera con los invitados.
Me acerco a Gregory, que está vestido de blanco con una corbata violeta. Al verme en compañía de las otras dos, frunce el ceño, pero luego me besa la mano.
—Estás muy linda, Alessia, y ellas también están muy hermosas —dice con su mal italiano, haciendo que las tres sonriamos.
—Te presento a mi amiga Filomena y a mi cuñada Alexcía —las presento con cortesía—. Chicas, él es Gregory Volkov, el hijo del amigo de papá Faddei, y le dicen el Lobo.
Ambas lo observan e inclinan sus cabezas al tiempo que le dan la bienvenida. Filomena se acerca para hablarme al oído.
—Oye, él está vestido en combinación con tu ropa. Su corbata y pañuelo son del color de tu vestido.
Me doy cuenta de que es verdad. ¿Cómo sabía Gregory qué ropa me iba a poner? Hago un gesto de disgusto y giro con la intención de cambiarme. Él me detiene, insiste en que tiene que hablar a solas conmigo y que es de vida o muerte. Estoy a punto de ceder cuando veo a mi padre llamándome.
—Lo siento, Gregory, papá me llama —y sin más, salgo hacia donde me espera en compañía de mi hermano y mamá.
—Alessia…, Alessia…, tienes que escucharme primero —escucho a Gregory.
Avanzo rauda hasta llegar junto a ellos.
Papá me abraza y luego se gira para los invitados, indicando que ya es hora de ir a comer.
Me ofrece su brazo, justo cuando veo que Gregory tiene la intención de hacerlo.
Pero papá me coloca entre él y el capo Cian, conversando amenamente.
Aunque ninguno de sus hijos se encuentra presente, me alivia pensar que no tendré que soportar a Giancarlos.
Justo cuando nos vamos a dirigir al comedor, aparece el tío Rufino elegantemente vestido, haciendo que todos nos quedemos boquiabiertos al ver en compañía de quién viene sonriente y orgulloso a su lado.