212 . LOS INVITADOS
ALESSIA:
Gian, se está quedando en un apartamento en el edificio de Minetti, se ve todos los días conmigo que ya me recuperé del todo.
Él entra escondido a mi casa cuando papá no está.
Me dijo que no iba a venir más hasta que las cosas se aclararan, que me iba a dejar sola para que solucionara todo con mi padre.
Por eso hoy decido enfrentarlo. Bajo al despacho dónde sé que está solo. Toco y entro al escuchar que me invita.
—Papá, ¿puedo hablar contigo? —pregunto con cautela.
—¿Qué es lo que pasa? —pregunta levantando la cabeza.
—Bueno papá… —inicio sentándome frente a él—. Sé que te prometí aceptar al hijo del Capo Cian pero…
—Hablando de ellos, vamos a recibirlos, llegan ahora mismo —dice para mi sorpresa interrumpiendo lo que decía—. Ya está aterrizando el avión.
—Pero papá…
Sin embargo, se pone de pie, me toma por una mano y me lleva rumbo a la pista de aterrizaje. Llevo días tratando de hacer esta conversación, pero él siempre me lo impide. No sé que mi padre quiere ver mi reacción cuando me exija que acepte a mi prometido.
Ahora voy de su mano a recibir al capo Cian, su esposa y hermano, mientras me observa de reojo.
Tengo la sospecha de que espera ver hasta dónde lo voy a obedecer o enfrentar.
Se muestra feliz, a la vez que me habla sin parar, sin dejar que traiga el asunto del compromiso a colación.
Sin embargo papá no se cansa de hablar diciéndome que está realmente dichoso de que haya aceptado.
—Papá…, en cuanto a eso… —intento de nuevo.
—Ya sé que deben de conocerse primero. No hay apuro, conócelo y verás que me vas a dar la razón. Es un gran chico y confío en que te va a hacer muy feliz. Oh, mira ya llegaron —y sale corriendo.
—¡Papá…, papá…! —Lo llamo infructuosamente mientras lo sigo, pero ya él está abrazando al capo Cian.
—Bienvenidos a mi casa, mi amigo —se adelanta mi padre. —Me alegra verte después del susto que pasamos. Mira no sé si te acuerdas de mi hija Alessia.
—Sí que ha crecido, la recuerdo de niña —dice el señor sonriente mientras me da un beso en cada mejilla como es la costumbre —. Hola linda, ¿cómo estás?
—Muy bien señor, gracias —contesto devolviendo el saludo—. Bienvenidos a Roma.
Pero no puedo dejar de mirar con terror al apuesto y elegante joven a su lado.
Escucho que se llama Giancarlos, lo observo fijamente, se parece a Gianpiero muchísimo.
Este me saluda con un par de besos en las mejillas.
En ese momento no tengo ni idea de que es la familia de mi novio y que le ha informado qué hacer, con una sonrisa me saluda dándome un regalo.
Lo tomo agradecida sin saber qué hacer. Luego presenta a su madre que me abraza con cariño y me entrega otro obsequio que acepto por cortesía.
Miro a mi padre con desespero, pensando en cómo oponerme a este compromiso.
Giancarlos en verdad parece un gran chico, y me llena de preguntas sobre cosas que yo conozco muy bien.
Al llegar a la vivienda, todos los reciben con tremenda alegría, mientras yo busco la oportunidad de escaparme a mi habitación para llamar a Gian.
—¿Dime, cariño? —contesta al primer timbre.
—Amor, tienes que venir ahora mismo a mi casa —le pido desesperada.
—¿A tu casa? ¿Por qué? ¿Ya hablaste con tu papá? ¿Me aceptó? —me llena de preguntas.
—Bueno…, verás amor…, es que… —comienzo a tartamudear—. Sé que te había dicho que no necesitaba tu ayuda, pero ahora sí la necesito.
—¿La necesitas? ¿Para qué? —inquiere con curiosidad.
—Es que no he logrado hablar con papá sobre nuestro tema —digo sin reparo.
—¿No? —se detiene y luego pregunta—: ¿Entonces sigues comprometida con el hijo mayor del capo Cian de Milán?
—Sí. Es que verás cariño —me siento ridícula, pero tengo que decir la verdad—. Hoy bajé a hablar y en ese mismo momento llegaron mis suegros de Milán con su hijo. Y mi papá los recibió muy feliz y no he tenido tiempo, estuve pensando que si vienes….
—¿Ir? ¿Yo? —pregunta para mi sorpresa—. ¿No me dijiste que eso era algo que debías resolver tú sola con tu papá?
—Sí, sí, sé que te dije eso, pero ahora es diferente —trato de defenderme.
—¿Por qué es diferente? Todavía no has hablado con él, y todo este tiempo he tenido que colarme escondido en tu casa para verte.
¿Qué tiene de diferente esta vez?— me increpa con una seriedad que me asombra—.
Ah sí, está tu papá con todos sus hombres ahí, listos para impedir que te vea.
¿Estás segura que el Capo di tutti i capi no me va a meter un tiro si me aparezco allí ahora delante de la familia de tu prometido?
Por un momento me quedo sin saber qué hacer o decir. No, no estoy segura de que mi padre no actúe con violencia contra Gianpiero. Tampoco, que después de enfrentarlo vuelva a desilusionarse de mí. Pero en verdad no quiero enfrentar la situación sola.
—¡Él no hará eso, te defenderé! —digo con vehemencia—. Ven, por favor, dejaré dicho en la puerta de la casa del lago que te dejen pasar como siempre.
—¿Tiene que ser ahora mismo? —pregunta con más calma—. ¿Estás segura que no quieres comprometerte con el hijo mayor del capo Cian? Me han dicho que es un gran chico.
—Muy segura —respondo con firmeza—. No importa lo bueno que sea, no es a él a quien amo. ¿Vas a venir?
No sé que Gian en ese momento se encuentra en un auto justo afuera de mi casa. Y que al ver a su hermano corriendo, sale a su encuentro.
—¿Al fin llegaste? —dice Giancarlos —. Oye mi hermano, sí que es linda tu novia.
—Suss…, papá no debe saber nada —le dice enseguida—. ¿Qué está hablando con Minetti?
—De un baile que van a dar en la noche —contesta Giancarlos.
—Ya veo, el Capo quiere hacerla sufrir hasta el último momento —dice con una mueca de disgusto—. Monta, te llevaré a dar una vuelta por Roma, y de paso me ayudas a comprar un anillo de compromiso.
Y en tanto se sube en su auto junto a su hermano me dice que no puede venir ahora, que tratará de ver si puede más tarde, porque este lo necesita para algo muy importante.
Me molesta y ante las llamadas de mi madre Lilian, bajo a atender a la visita, respirando aliviada al ver que Giancarlos no está.
Luego me entero del baile que van a dar en la noche, y me veo arrastrada a ir con todos a las tiendas en busca de un hermoso vestido.
—Alessia, vamos a comprar uno que te quede muy bien. Tienes que estar muy hermosa para la familia de tu prometido —escucho a mamá mientras tira de mí rumbo a una tienda—. Tu padre está muy emocionado con esta unión.
¿Y ahora qué voy a hacer? ¿Cómo le puedo decir a mi padre que no me quiero casar con ese chico aunque sea un buen partido? ¿Y si papá se niega y me obliga? ¿Por qué Gian no quiere venir, se habrá acobardado como todos?