¡Ups, me equivoqué papá, me equivoqué! (SERIE ¡UPS! nº 3) 191 . ALESSIA ES MI PROMETIDA
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191 . ALESSIA ES MI PROMETIDA

ALESSANDRO:

Después de llegar al hospital, nos quedamos en el pasillo mientras Lilian y Rufo entraban al salón de operaciones con Alessia, Matías y Alexa.

Gianpiero se dejó caer en un banco, muy agotado, pero feliz de haber rescatado a su novia.

Rufo lo revisó en el helicóptero y le dijo que no era nada serio el golpe que se había dado, aunque le dolía mucho la espalda.

Levantó la cabeza al escuchar el nombre de su padre en mi voz.

—¡Cian, no me digas eso, mi amigo! ¡Claro que lo cuidaré! ¡Tienes que aguantar, ya te mando refuerzos! ¡Aguanta, mi amigo, aguanta! —le gritaba, sin poder creer que lo tuvieran acorralado.

Gianpiero se puso de pie de un salto y se precipitó hacia donde yo estaba hablando por teléfono, mientras le hacía indicaciones a Humberto. De inmediato obedeció mis órdenes y comenzó a llamar, pidiendo que alistaran los aviones, hombres y armas.

—¿Qué sucede con papá? —inquirió Gian, sin poder contenerse, pero le hice señas para que esperara.

—¿Qué quieres decir con que no llegaron los dragones súper secretos? —cuestioné, con urgencia.

—No llegaron, mi Capo —respondió Cian—. Parece que la policía está deteniendo a todo el que se acerca. ¿Ya viste la televisión?

Estaba confundido. Me acababa de llamar para decirme que lo estaban atacando en su refugio y me hacía esa pregunta. ¿Cómo iba a estar mirando la televisión bajo un ataque?

—¿Qué quieres decir con eso, Cian? —indagué de inmediato—. ¿Qué tengo que ver en la televisión?

—Están diciendo que toda su familia está muerta, y creo que por eso se han disparado los enemigos —me informó.

—Ahora mismo lo arreglo, Cian, pero aguanta —le pedí, con urgencia—. ¡No le abras a nadie la puerta, quédate escondido! ¡Ya voy por ti, mi amigo, ya voy!

Colgué y caminé hacia Humberto, que estaba arreglando todo para ir en auxilio de Cian a Milán. No podía ni quería perder a uno de mis mejores aliados y amigos. Escuché todo lo que había organizado mi jefe de seguridad, mientras Gianpiero me seguía a todas partes.

—¿Qué pasa con mi padre, mi Capo? —murmuró Gian, asustado—. ¿Qué es eso de que está en el refugio? ¿Quién se atrevió a atacarlo?

Me quedé mirándolo fijamente por un instante.

No podía mentirle. Gian me había demostrado que estaba muy bien entrenado.

En ese momento, estaba pensando a quién mandar en ayuda de su padre Cian.

¿Quién mejor que su hijo? Aunque me preocupaba que lo fueran a matar y que Alessia me odiara.

Me adelanté y lo estreché muy fuerte. Luego, al separarme, lo mantuve sujeto por los hombros.

—Gian, sé que no debiera pedirte esto —comencé a decir—. Pero creo que eres la mejor opción para ir a sacar a tu familia de allí.

—¿Sacar a mi familia de allí? ¿Qué quiere decir? —reclamó, con preocupación.

—Han atacado con todo a tu padre, y no sé por qué la policía no deja llegar los refuerzos a la casa donde se refugió —le expliqué, preocupado—. ¿Sabes dónde es? ¿Crees que aguanta cuarenta minutos en lo que llegas? ¿Tiene espacio para que aterricen los aviones?

—Sí, a todo eso, mi Capo —respondió enseguida, decidido a ir a rescatarlos sin ningún tipo de miedo—. ¡Mándenme ahora mismo a ayudar a mi familia, por favor, mi Capo! ¡No puedo perderlos!

—Muy bien, muy bien. Promete que no correrás riesgos innecesarios.

Te daré a Acher, el pelirrojo. Sus padres están con los tuyos, ocultos.

No puedo ir personalmente, pero no dejaré que maten a mi amigo —aseguré, caminando con él rumbo a Humberto—.

Te voy a dar mucho armamento. Aterriza, acaba con todo el que se te oponga, monta a tu familia en un avión y mándala para acá.

Quédate con tu padre limpiando todo. ¡Vamos, corre! ¡Ya están listos!

Salimos a toda prisa por el pasillo, y Gian se detuvo ante la puerta por donde habían introducido a Alessia. Sabía que quería despedirse de ella. Le prometió que estaría a su lado cuando abriera los ojos.

—Gian, no hay tiempo, le están haciendo muchas cosas —le dije, tirando de él.

Seguimos avanzando a toda prisa hasta llegar a la pequeña pista, donde acababan de aterrizar tres aviones cargados de hombres armados. Acher se bajó corriendo y vino a nuestro encuentro.

—Monté todo lo que me dijo Humberto, mi Capo —me informó de inmediato—. ¿Está seguro de que quiere que nos vayamos a Milán? Esto está feo aquí en Roma para irnos tantos.

—Gian, él es Acher —lo presenté de inmediato—. Sus padres están con los tuyos en el refugio. Confía en él como si fuera yo.

—De acuerdo, mi Capo —respondió, estrechando la mano de Acher.

Le entregué un teléfono donde estaban todos los números de mis fieles en Milán. Le ordené que contactara con ellos en mi nombre. Le entregué un anillo que ellos reconocen como mío y lo que represento.

—Muéstraselo y diles que te mandé —seguí indicando, mientras avanzábamos hacia los aviones—. Te obedecerán como si fuera yo.

—¡Gracias, mi Capo! —dijo Gian, emocionado.

—Solo cuídate y regresa, hijo —le pedí, sintiéndome un poco arrepentido de mandarlo a ese peligro.

—Lo haré —dijo, y salió disparado. Se detuvo y giró para decirme—. Mi Capo, dígale a Alessia que regresaré, y no deje que Grigory se le acerque.

—Vete, yo la cuido —dije, con una sonrisa.

—Es la mía, mi Capo —insistió de nuevo.

—Muchacho, acaba de irte. A tu regreso, hablamos —le di una palmada en la espalda sin darle una promesa. Fue a irse, pero se detuvo y giró hacia mí muy serio antes de comenzar a hablar.

—Mi Capo, quiero dejarle esto claro antes de irme: la novia de la que le hablé, la que amo y no traicionaré por nadie, sé que sabe que es su hija.

¿De acuerdo? —No dije nada, pero estaba complacido con su actuación—.

Me arrodillaré a rogarle que me deje casarme con ella si es lo que quiere, pero Alessia es mía.

No deje que ese ruso se le acerque. ¡Es la mujer que completa mi alma, es mi pareja perfecta!

—¡Acaba de irte, Gian! ¡Asegúrate de regresar a ella! —Le ordené, con vehemencia.

—¡No lo olvide, mi Capo! —insistió, buscando una promesa que no le di.

Gian me miró unos instantes antes de lanzarse corriendo hacia un avión.

Me quedé con mi escolta, sonriendo, mientras los veía alejarse.

¡Ese muchacho, mira que decirme eso antes de irse!

Franco tenía razón: no pude escoger un novio mejor para mi hija.

Si lo llego a saber, desde que Lily me dijo que cuando fue a visitar Milán a los abuelos de Lucy, lo vio detrás de Alessia cuando era un niño, lo hubiera tenido cerca. Fue un gran error no hacerlo.

¿Cómo se me pudo olvidar que Cian tenía un hijo de la edad de Alessia? Tamaño error. Pero ahora, ojalá que no le pasara nada. Gian debía regresar sano y salvo, o mi hija no me lo iba a perdonar jamás. Saqué mi teléfono y llamé a mi cuñada.

—Lucy, necesito que hagas circular la noticia de que mi familia está viva —ordené de inmediato—. Sobre todo, en Milán, y si es posible, ponme a mí en vivo.

—Lo haré, Ale, pero tenemos un serio problema aquí en la casa —me informó, y podía escuchar voces detrás de ella.

—¿Qué problema? ¿No me digas que Damián no ha podido hacerse cargo de cuidar la casa? —cuestioné, con incredulidad.