186 . UN TÉTRICO PLAN
ALEXANDER:
La confusión se apoderó de mí. Estos tipos con sus cirugías estéticas lo habían trastocado todo.
Primero Katrina había querido convertirse en Kenet.
Luego la tía Eleonora convirtió a Alessia Moret a imagen de Alessia Minetti.
Y ahora, Katrina se convertiría a imagen de mi familiar, que no sabía dónde la habían metido. Era un disparate.
Los miré frunciendo el ceño. Debía llenarme de paciencia para averiguar qué habían hecho con la pobre chica y rescatarla. Ellos continuaron contando su maquinación sin que les hiciera una sola pregunta.
—Ahora sí te puedes casar con tu prima Alessia Moret como si fuera la verdadera Alessia Minetti —siguieron con su locura—. Tú pasarás a ser el Capo di tutti i capi y, como tiene tu signo de posesión de dragón, la puedes reclamar. ¡Nadie sabe que eres su primo!
Los miré, realmente queriendo saber qué tenían en esas mentes.
No entendía cómo habían podido sobrevivir en el mundo de intrigas y traiciones de la mafia hasta ahora.
En su trama había agujeros por todas partes.
Cualquiera con un mínimo de inteligencia lo sabría.
Más Alessandro Minetti y su consigliere Rufino.
—¿Por qué hicieron esa tontería? ¿Cómo se supone que, si papá me reconoce como su hijo, voy a casarme con mi hipotética hermana? —inquirí, en tono burlón—. ¿Qué tienen en la cabeza?
—Bueno, tú no dirías que eres el heredero de Minetti —dijo Oleck, rascándose la cabeza—. Sino el esposo de su hija.
—Ah, ¿así que no quieren que sea reconocido como un Minetti? —cuestioné, con sarcasmo—. Interesante. ¿Y qué más tiene esa estrategia que desarrollaron sin decirme?
—Eso. Tú serías el esposo de tu prima, que ya ellos la recogieron como si fuera la verdadera Alessia Minetti.
Y nos darías acceso a toda la fortuna de los Rinaldi y lo que nos corresponde de mi padre —explicaba Dimitrov, emocionado—.
¡Tu prima es la copia en estos momentos de tu hermanita que tanto defiendes! ¡Las cambiamos!
—¡Eso es imposible, les dije que no las van a confundir! —No pude aguantar más mi frustración—. ¡Son diferentes, insensatos! ¡Si yo las puedo diferenciar, ellos también!
—¡No es así! En verdad nuestra prima es igualita a tu hermana Alessia.
Fíjate si es así, que anoche cuando fuimos al club —comenzó a hablar mi hermana Olenska, ahora con más valentía porque había llegado su papá y su tío—.
El mismo Kenet la confundió con su hermana y estuvo peleando con Grigory el ruso, porque no la dejó bailar con él.
Luego, cuando se fueron para la iglesia queriendo casarse, él la agarró por una mano y se la llevó. ¡De veras la confundió completamente!
—¡¿Son necios o qué?! ¿No dices que tú fuiste el que la compró? Y tú, Olenska, dices que ella te dijo que la compró el Lobo. ¿Cómo no pueden darse cuenta de que ellos están jugando con ustedes? —grité, fuera de control—. ¡Era Alessia Minetti la que andaba contigo, tonta!
Les grité mientras me puse de pie, lleno de frustración. Ellos me miraron como si fuera yo el que no entendiera lo que consideraban su brillante jugado. Al fin me quedé mirando a mi hermana Olenska, que me aseguró:
—¡No era la verdadera Alessia Minetti, era nuestra prima! —insistió con vehemencia.
—¿De veras? ¿Y qué creen que hacen el Lobo y su hijo Grigory aquí? —Le pregunté, dando un paso hacia ella—. ¡La que andaba con ustedes era la verdadera Alessia Minetti y ellos la estaban cuidando!
—¡Te digo que no! Es nuestra prima y el Lobo con Grigory los reclutó Katrina.
Él trabajaba con el abuelo Víctor. ¡Fíjate que hasta trajo un dragón falso para engañar al Capo Minetti!
—Olenska subió la barbilla, creyendo haberse ganado algún mérito.
No quería que yo, su hermano, se los quitara.
Y aprovechó para justificar lo que hizo en el mercado—.
Por eso traté de eliminar al doctor Rufino y a su novio Miguel, que eran los únicos que sabían que era nuestra prima. Los demás la tomaron por Alessia.
No quería seguir discutiendo, pero necesitaba saber dónde tenían a Alessia Moret, porque estos dos eran capaces de sacrificarla. Por lo que me llené de paciencia con mi absurda hermana para poder obtener lo que me interesaba.
—Aun sea cierto eso que dicen —seguí hablando, sin dejar de mirarlos sospechosamente—.
¿No se dan cuenta de que la madre la va a reconocer enseguida, o el Capo Mayor, que es un águila observando a todos?
Además, siguen sin decirme dónde está la verdadera Alessia Minetti, para que estén tan seguros de que no van a descubrir a nuestra prima.
—Bueno…, referente a eso —habló Dimitrov, cruzando una sonrisa cómplice con su hermano—. No te vayas a molestar, hijo. Pero no pudimos esperar a consultarte porque todo se presentó de pronto y debíamos actuar.
—¿Hicieron qué? —Esto me olía a un nuevo problema.
Oleck le indicó a Dimitrov que hablara. Como temían que descubrieran a mi prima con la aparición de la verdadera Alessia, mantuvieron vigilados todos los lugares que los hijos de Minetti acostumbraban a ir, hasta que al fin apareció con su hermano en uno.
—Así que no te preocupes. Porque después de hoy, solamente quedará tu primita querida como la verdadera hija del Capo di tutti i capi —terminó Dimitrov, intercambiando una mirada con Oleck con una gran sonrisa que no se me escapó—.
¡Me encargué personalmente de desaparecer a la verdadera Alessia Minetti y a su hermano!
—¡¿Qué significa eso?! —Grité, poniéndome de pie de un salto. Mi paciencia estaba llegando al límite. No quería imaginar que fuera verdad lo que esos locos acababan de decir.
—Lo que entendiste. Alguien me avisó que los dos hijos de Minetti estaban en las pistas de carreras en sus nuevas motocicletas —siguió contando Oleck—. Los mandé a coger. Estuvieron escapando, casi les matamos el cuerpo élite completo. Aunque se escaparon y se escondieron en una casa del padre y…
En ese momento fuimos interrumpidos por el timbre de mi teléfono. Los hice callar para responder la llamada de un número desconocido. Lo coloqué en mi oído mientras les indicaba silencio.
—Alex, soy yo, tu prima Alessia —escuché, para mi sorpresa—. Los tíos te traicionaron, te van a eliminar. Van a matar a Kenet y a Alessia Minetti. Oleck se piensa casar conmigo para reclamar tu lugar de heredero del dragón negro.
—¿Por qué dices eso? —indagué, sin dejar que mi rostro mostrara ninguna emoción—. ¿Tienes pruebas?
—Después que me compró en la subasta, me marcó como suya —escuché con atención—. Te va a matar junto con todos cuando termine su maquinación.
—¿Por qué no me avisaste antes? —reclamé, mirando a los dos sentados frente a mí—. ¿Dónde estás?