¡Ups, me equivoqué papá, me equivoqué! (SERIE ¡UPS! nº 3) 179 . AL FIN JUNTOS
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179 . AL FIN JUNTOS

GIANPIERO:

Estaba muy asustado y feliz al mismo tiempo. No podía estar confundido. ¡Ella era mi novia! ¡Alessia Minetti era mi verdadera novia, no podía estar alucinando con el personaje de la misión! ¿O sí?

"No, Gian," me dije, "ella reaccionó cuando te vio, te reconoció." La observé con mayor detenimiento. ¡Era mi novia! ¡Alessia Minetti, la princesa de la mafia, era mi mujer perfecta! Ahora no tenía dudas.

Enfoqué la luz en su rostro y la miré atentamente.

Ella se quejaba. Volví a revisar la herida en su cabeza.

Era muy aparatosa. No creía que se hubiera partido el hueso, aunque estaba sangrando mucho y eso me preocupaba.

Se la limpié con cuidado, tratando de unir la piel.

Le corté un poco de cabello, y Alessia, que comenzaba a despertar, intentó alejarse ante el dolor.

—Quédate tranquila, amor. Sé que te duele, debo limpiarla bien —le dije, al ver que intentaba incorporarse. Alessia, al escuchar mi voz, abrió los ojos, giró la cabeza y me miró, incrédula.

—¿Gian? ¿En verdad eres mi Gian? ¿No estoy soñando?

¿Cómo? ¿Y Grigory? ¿Mi tía y Matías? ¡Uyyy…

, me duele! ¿Qué pasó? ¿Cómo es que estás aquí conmigo?

¿Dónde es esto? ¿Estoy soñando, Gian? —preguntaba Alessia, recobrando su conciencia, aunque aún algo mareada, mientras hacía un gran gesto de dolor—.

¡Uyyy…, no, ese dolor no puede ser un sueño! ¡Me duele…! ¿Qué me pasó?

—Ven, voltea. Necesito vendar eso, estás sangrando mucho.

Ya termino, linda, ya termino. Quédate tranquila.

Se ve feo, te partiste la cabeza al caer contra el piso cuando se derrumbó el techo —la seguía curando, al tiempo que le hablaba con calma, aunque estaba muy nervioso—.

Eso es, lo vendé bien. No creo que sea grave, no puedo estar seguro.

Te va a doler y no deja de sangrar. ¿Tienes mareo o algo extraño, amor?

Ella me miraba con incredulidad. A veces me tocaba con la necesidad de cerciorarse de que no estaba soñando ni alucinando. Sonreía, tratando de tranquilizarla. Pero la sangre que emanaba de su cabeza no se detenía y eso me asustaba mucho.

—Tengo un poco de los dos. ¿No estoy soñando? ¿Eres tú de verdad, Gian? —preguntó, mirándome asustada. Al terminar de curarla, levantó la mano y tocó mi rostro—. Eres real… eres real… ¡Gian… mi Gian…! —gritó y me abrazó muy fuerte—. Dime que no estoy alucinando, Gian, por favor, dímelo.

—Soy yo, linda, Gianpiero de Milán —respondí, algo nervioso, estrechándola muy fuerte, hasta que ella se alejó para mirarme—. ¿Alessia Minetti, eh?

—Gian…, perdóname —bajó la cabeza con una mueca de dolor—. Quería decírtelo todo, pero tenía miedo de que me rechazaras cuando supieras quién soy.

—¿Y quién eres, además de mi prometida? —pregunté, sonriendo, mientras le quitaba el cabello de su rostro.

—¿Tu prometida? —preguntó, ruborizada.

—Sí. Me dijiste que sí ayer, que te ibas a casar conmigo —dije con una gran sonrisa—. Fue memorable esa petición de matrimonio, ¿verdad?

—¿La viste? —preguntó, tapando su rostro—. ¡Oh, por Dios, Gian! ¡No es lo que crees!

Me di cuenta de que aún no se había percatado de que yo me había hecho pasar por el ruso Grigory. Pero no me apresuré a decir nada. Me gustaba verla así.

—¿No? ¿Y qué es entonces? —pregunté, sin poder dejar de sonreír.

—Es que…, bueno, papá…, ya sabes… —tartamudeó, poniéndose roja, y eso me encantó.

Esperaba que me dijera lo que sentía—. Bueno, amor, discúlpame por eso, Gian.

¡Yo no quería besar a nadie más que no fueras tú!

Te juro que solo hacía un papel cuando le respondí a Grigory que sí, pensando en ti.

¡Te extrañaba demasiado! Él extrañaba a su novia.

Para ser honesta, no recuerdo todo lo que pasó, pero sé que Grigory me hizo beber mucho. ¡Te juro que era solo un teatro!

Se detuvo, llevando una mano a la cabeza. Era evidente que le dolía mucho y la hemorragia no se detenía. Si seguía así, se iba a desmayar muy pronto, y estábamos encerrados allí abajo sin poder salir. Pero no podía dejar que ella se percatara de nada, o sería peor.

—Jamás te engañaría. Espera, ya verás que ese loco te cuenta todo. ¿Dónde está ese odioso ruso? —insistió, ruborizada. Se veía adorable.

Alessia miró alrededor con dificultad. Por el modo en que llevaba las manos a su cabeza, me di cuenta de que cualquier movimiento que hiciera le dolía, por lo que me apresuré a impedirlo.

—No está, y no fue a Grigory. Si recuerdo bien, y debe estar en todos los videos, a quien aceptaste por esposo fue a mí —ella abrió los ojos muy grandes al escucharme, por lo que continué—.

Dijiste alto y claro: "Sí, Gian, acepto ser tu esposa, llévame contigo. ¡Casémonos ahora mismo para que papá no lo impida!" Esas fueron tus palabras exactamente.

—¿Gian, cómo sabes eso? —preguntó, entrecerrando los ojos.

Me reí y la abracé con cariño. Le sostuve la cabeza con ambas manos, obligándola a que me mirara fijamente.

—Tonta, ¡era yo disfrazado de Grigory todo el tiempo! —Reí, ante su expresión de asombro e incredulidad—. ¿Lo imité bien, verdad? Mira la peluca, la barba y los bigotes allí.

Le mostré todo, al tiempo que me los ponía para que se convenciera de que era yo y de que no le mentía. Podía ver que hacía un gran esfuerzo por enfocar su mirada. Era evidente que estaba muy mareada por la pérdida de sangre. Pero quería aclarar las cosas entre los dos antes de seguir.

—¡¿Tú?! ¿De veras? ¡No me lo creo! —rió, con una mueca de dolor—. Ya me resultaba muy sospechoso que me cayera tan bien y sintiera cosas con Grigory. Siempre lo he odiado por creerse que todos deben rendirle pleitesía por ser el hijo del Lobo.

No podía creer lo que me contaba. Ahora entendía sus primeras reacciones cuando nos presentaron. Se recostó un poco, mientras seguía contando que nunca antes le había hablado a Grigory. Ni siquiera dejó que se le acercara cuando iban a su casa a visitarlos cuando eran niños.

—Mi hermano Kenet lo alejaba de mí. A él tampoco le gusta. Hacía mucho que no lo veía, por eso me engañaste —dijo, con una gran sonrisa—. ¡¿Eras tú todo el tiempo?! Uyyy…, me duele mucho y no me siento bien, Gian. ¿Entonces, todo el tiempo has estado conmigo?

—Así es, linda. Estoy muy feliz de que seas mi novia.

¿Te duele mucho? Me preocupa que sigas sangrando —dije, mientras volvía a revisar el paño en su cabeza, que estaba empapado nuevamente—.

Ahora vamos a ver cómo salimos. Llevamos horas aquí abajo y no creo que nos encuentren pronto.

Después hablaremos de todo eso y de por qué nos juntaron de ese modo.

—Espera, Gian, solo dime algo —me retuvo por la mano. Me agaché delante de ella—. ¿Eres hijo de un mafioso importante? Di que sí, amor, por favor.

—¿Por qué quieres saber eso? —pregunté, a cambio.