170 . FIN DE LA MANSIÓN
GIANPIERO:
Me quedé en silencio, mirando cómo se alejaban sin responder a la pregunta que me había hecho Alessia.
En realidad, no sabía qué entender de lo que acababa de escuchar de la conversación de la familia de Franco.
Así que, en verdad, estaban operando a Alexcía.
Sentía que había un gran misterio, pero no podía seguir indagando sin levantar sospechas en esta chica que se hacía pasar por la hija del Capo Minetti.
—No es que me interese —me apresuré a decir—. Solo fue curiosidad. ¿A dónde vamos?
—Ya terminamos nuestra misión, según me dijeron —me respondió ella, con desenfado—. Hoy es nuestro último día. Por eso le pedí a los guardias ir a entrenar un poco en la pista de motocicletas, para despedirnos. ¿Sabes montar?
—Sí, ¿tú sabes? —pregunté, sorprendido.
—Ya verás —contestó Alessia, y volvió a girarse para hablar con su tía Alexa y su jefe de seguridad, Matías.
Mientras nos montábamos en el auto, suspiré y me dediqué a observar alrededor.
No dejaba de pensar en todo lo que me acababa de enterar.
Sí que la había hecho esta vez. Me había enamorado de la novia del príncipe de la mafia.
Aunque, al parecer, seguro que no los dejaban ser novios.
Kenet debía encontrarse en la misma posición que yo antes.
Alexcía era la hija de un coronel y él, el hijo del mayor mafioso que existe.
Bueno, Gian, quizás no te quedará más remedio que aceptar la oferta del Capo. Si Alessia es tan linda como me parece, ¿por qué no? Al menos no era la estúpida niña hija del capo Giulano y me podría quedar en Roma. Quizás ocuparía un alto cargo en la organización.
Parecía que no estaba escrito que Alexcía y yo fuéramos algo.
Al segundo día de ser novios, nos separaron, y ahora veía por qué.
Debían haberse enterado de que ella estaba engañando a su novio por no acordarse de él.
Iba a ser muy difícil convivir con ella si me casaba con la hija del Capo Minetti, pero no imposible.
—¡Grigory, llegamos! —me sacó de mis pensamientos Alessia—. Ven, vamos a cambiar de ropa.
Me bajé y vi que estábamos en una enorme pista de motocicletas.
La seguí hacia unas instalaciones donde Matías me dio una muda de ropa, que me puse enseguida.
Eso era lo que necesitaba. Tenía que dejar de pensar en boberías y concentrarme en lo que debía hacer.
Al salir, mi corazón saltó acelerado al ver a Alessia enfundada en un increíble y ajustado conjunto de pantalón de cuero negro, con un casco del mismo color, montada en una increíble motocicleta de último modelo. Me señaló una del mismo modelo negra.
—¿Seguro sabes montar, Grigory? —preguntó, preocupada—. Te queda bien la ropa de mi hermano. Es su motocicleta también. Cuídala y cuídate tú. No quiero que te lastimes y me culpen a mí de todo. ¿En serio sabes montar?
No sabía que le había dado orden a Matías de sacar la motocicleta de su hermano Kenet, tan potente como la suya.
Eran del último modelo que les regalara Minetti.
No quería que me lastimara. Lo estaba haciendo para impresionarme, y porque no había tenido tiempo de montar la moto como le gustaba a ella.
Quería saber de qué era capaz esa nueva máquina.
No respondí, me puse el casco y salí a toda velocidad, levantando la goma delantera.
Alessia se rió y me siguió haciendo lo mismo, seguida por su cuerpo élite, que esta vez no nos molestaron para nada.
Todo lo contrario. Alessia parecía disfrutar de tenerlos cerca y sentirse segura de que no nos sucedería nada, mientras corríamos a toda velocidad.
—¡Grigory…! —me gritó, después de que dimos unas cuantas vueltas a la pista a toda velocidad, haciendo indescriptibles piruetas—. ¡Sígueme!
La vi salir de la pista y la seguí sin pensarlo dos veces. Me encantaba esta chica, pero no cometería el mismo error. Aunque tuviéramos los mismos gustos, no me enamoraría de ella. Conocería a la hija del Capo di tutti i capi y la amaría con todo mi corazón, olvidando a Alexcía.
Al fin, luego de un rato, llegamos a una hermosa colina. Alessia hizo señas a los guardias para que se alejaran un poco. Ellos se retiraron lo suficiente para darnos privacidad.
—Este es mi lugar favorito —me dijo, mientras nos dirigíamos a la cima, donde se podía divisar una gran parte de la ciudad, y nos sentamos en una piedra—.
¿Qué tienes, Grigory? ¿Extrañas a tu novia?
Ya te vas a verla. Todo terminó más rápido de lo que esperé.
Quería decirte que si me necesitas para aclarar el malentendido con eso del compromiso, llámame, ¿sí?
Te ayudaré con ella. Este es mi número personal.
—De acuerdo —solo respondí, pensando en que de seguro el tal Gregory iba a atrapar la oportunidad que yo le puse.
Pues aunque el Lobo trató de disimularlo, no me pasó desapercibida la satisfacción que mostró al decir que habían comprometido a su hijo con Alessia Minetti, que era real.
Me sentía responsable. ¿Debería aceptar casarme con ella antes de que llegara el ruso Grigory?
Escuché al Lobo decirle a su chofer que fuera por él al aeropuerto.
—¿Puedes hacer algo por mí, Alessia? —pregunté, con una idea en mi cabeza—. Toma, este es mi número personal. ¿Puedes dárselo a la verdadera Alessia Minetti?
Y decirle que si necesita mi ayuda con este lío del compromiso con su padre, que me llame. La ayudaré en todo lo que pueda.
—¿Qué quieres decir? ¿Cómo la vas a ayudar? —preguntó ella, con extrañeza.
—Solo hazme el favor y dale mi número —le pedí de nuevo.
—De acuerdo. ¿Te sientes bien? —preguntó de pronto.
Miré a lo lejos y suspiré. Luego me tiré hacia atrás, acostándome, mientras me preguntaba: ¿tenía novia?
Ahora ya no sabía qué pensar. No le respondí.
Me quedé así, sintiendo el silencio y la tranquilidad del lugar, mientras Alessia me observaba con detenimiento.
No sabía que en ese momento me estaba comparando con su novio.
Mantenía los ojos cerrados y, aunque estaba disfrazado de rubio con bigotes y barba que no le gustaban, le parecía apuesto. Tampoco sabía que ella pensaba que si me afeitara podría enamorarse de mí, es decir, del personaje del ruso Grigory que representaba.
ALESSIA:
Me quedé mirando a Grigory sin reconocerlo.
Aunque en mi memoria tenía el recuerdo de un adolescente insoportable del que huía cuando iba a Rusia con mi familia, esa nueva versión no tenía nada que ver con aquella que recordaba.
Consideraba que había cambiado cuando creció, volviéndose amable y diferente.
De seguro, mi papá se pondría feliz si aceptara casarme con él.
Se veía que quería mucho al Lobo. Lástima que tuviera novia.
Mira lo preocupado que estaba. De seguro estaba así por lo que hicimos anoche. Su novia debía estar hecha una fiera.
¿En qué diablos estaba pensando, Alessia? ¿Ya has descartado a Gian? ¿Dónde estará? ¿Quién será? Si tan solo pudiera verlo y conversar una última vez con él…
Mientras miraba cómo poco a poco las luces de la ciudad se iban encendiendo y los guardias se acercaban más a nosotros, suspiré, sintiéndome algo perdida. ¿Qué haría si no me gustaba el hijo del capo Cian?
—Alessia —escuché la voz de Grigory, que extrañamente no arrastraba la erre—, eres una gran chica. Si no tuviera novia, me enamoraría de ti. Seamos buenos amigos desde ahora. Quédate con mi número y si me necesitas para cualquier cosa, llámame a cualquier hora. Te ayudaré.
—De acuerdo, Grigory. Te digo lo mismo. Sí que has cambiado —le respondí—. Ja, ja, ja…, para bien, aclaro.