167 . RUMBO A LA CONSULTA
ALESSIA:
Olenska se detuvo en seco y me tomó por un brazo, haciendo que la mirara fijamente. Le sostuve la mirada. Pude ver que estaba dudando de la historia que le había contado. Por eso tomé aire y eché a andar de nuevo, tratando de parecer normal.
—¿Por qué te extraña? ¿No es tu dueño? —preguntó con insistencia—. Un día tenía que pasar, y me vas a perdonar, prima, está muy bien tu ruso. Así que si no lo quieres, puedo ayudarte con eso.
—¿No me dijiste que te gusta Kenet, que se hicieron novios? —pregunté, volviendo a mi personaje.
—¡Claro que me gusta! —contestó, para mi sorpresa—. Pero es muy extraño y gruñón. De la manera en que me pidió que fuera su novia anoche, me dejó toda confundida. No sé si lo soy o no. Aunque ahora se están abriendo otras posibilidades.
—¿Qué quieres decir? —La miré, intrigada—. ¿En serio me besé con Grigory anoche? Nunca antes lo había hecho.
Ella me miraba burlonamente. Me pareció que sabía que su prima Alexcía no era muy abierta. Por eso le dije eso, poniéndome colorada y bajando la vista avergonzada. Me tomó por el brazo y me detuvo.
—¿Nunca te habías besado con Grigory? —preguntó en un susurro—. No me lo pareció, se besaban como si quisieran comerse.
—¿En serio? No me acuerdo de nada, todo se me borró de la mente. Menos mal que lograste algo con Kenet —cambié de tema, sintiendo mis mejillas calientes por el rubor—. Tienes que quitármelo de encima. Kenet un día se va a dar cuenta de que no soy su hermana. Por cierto, ¿qué pasó con ella?
—Nadie sabe, desapareció —respondió, como si nada—. A lo mejor la tiene mi hermano Alexander, aunque lo niegue.
Esta muchacha no era tan fácil. Podía ver que pensaba lo que decía, meditaba cada pregunta que le hacía, al menos conmigo. Porque con Gian y mi tío Rufo soltaba la lengua con mucha facilidad. Y estaba segura de que mi hermano Kenet le había sacado todo lo que quería. Era demasiado inteligente.
—¿Por qué lo dices? —pregunté de nuevo—. ¿Alexander la escondió?
—¿En serio no recuerdas nada? —preguntó Olenska de nuevo—. ¿Se te olvidó que desde que regresamos, persigue a la Alessia Minetti con tremenda obsesión, y a ti también?
—¿A mí, por qué? —Quise saber.
—Porque eres la llave que abre el grifo del dinero —rió burlonamente—. Ya llegamos. ¿Estoy bien?
La miré sin entender qué quiso decir con eso, pero no insistí. Olenska se miraba en un espejo arreglándose el maquillaje y la ropa. Al ver cómo la observaba, se rió.
—No me mires así —dijo, riendo divertida—. Ese doctor tuyo no quitaba los ojos de mis piernas. Quizás me sirva para algo. Y aquí entre nosotras, está muy bien para su edad.
Ambas nos introdujimos en la consulta del tío Rufo.
La enfermera nos dijo que debíamos esperar un momento, así que nos sentamos mientras seguíamos conversando.
Olenska me contó todo lo que había pasado en la noche en el club: cómo Grigory me había propuesto matrimonio y yo había dicho que sí, luego nos habíamos ido a una iglesia y estuvimos a punto de casarnos.
Si no llega a ser porque Kenet me tomó de la mano y me llevó, lo habríamos hecho.
—Después que los de Minetti se fueron, apareció el Lobo y se llevó a Grigory con él —siguió contando Olenska—. Menos mal que tuvo la amabilidad de llevarme a mi casa. Kenet se había olvidado de mí por completo. ¿Te llevó a su casa?
—Bueno…, yo no me acuerdo de mucho —dije, bajando la mirada—. Esta mañana amanecí en otra casa, vigilada por guardias junto a Grigory y el Lobo. ¿Estás segura de que fue Kenet quien me llevó?
—Ahora que lo dices, él tiró de ti, pero luego apareció otro grupo de hombres y se enfrentaron —siguió diciendo—. Yo me escondí y no salí hasta que llegó el Lobo en busca de su hijo y me vio.
—Entremos. Recuerda que cuando terminemos, vamos a ir a las tiendas a comprar ropa —la interrumpí, viendo a mi tío Rufo que me hacía señas—. Grigory dijo que podíamos comprar toda la que quisiéramos.
Papá de seguro ya sabía todo lo de anoche por mi hermano.
¿Y ahora qué iba a hacer? Él me había comprometido con el hijo mayor del capo Cian.
¿Y si se enteraba de que me estaba besando con otro en medio de un club?
¿Y sería válido ese compromiso con Grigory?
¡Diantres, Alessia, no te bastaba con el hijo del capo Cian!
Ahora le dijiste que sí al hijo del Lobo.
¿Y si papá me casa con él, con lo petulante que es ese ruso?
Y no solo él. Si Gian se enteraba, de seguro no le iba a gustar para nada. Aunque en realidad había cambiado de aspecto. Ojalá ninguno de los dos se enterara. Por suerte, mi tía había eliminado todo de las redes sociales.
—¡Alessia, despierta! —me llamó Olenska—. ¿Crees que en verdad Grigory me compre todo lo que quiera?
—Sí, tiene mucho dinero —dije, sonriente—. Oye, mi prima, ¿no crees que este doctor va a descubrir que me estoy haciendo pasar por la hija de Minetti?
—Nadie sabe que lo haces. Ya te dije que Kenet creyó que eras su hermana —rió divertida, mientras tiraba de mí—.
Y eso que dicen que es muy inteligente y desconfiado, peor que su papá.
Se tragó el cuento de que eres Alessia Minetti.
Sí que ese doctor hizo tremendo trabajo contigo.
Valió la pena tanto dinero que gastaron en ti.
Por cierto, si ves a una chica que parece tu gemela, sal corriendo. No dejes que te atrape.
—¿Qué quieres decir? ¿Qué chica? ¿Alessia Minetti? —pregunté, queriendo reírme.
—No, no la verdadera —negó, para mi asombro—. Nuestra prima la diabla, que se cree mejor que nosotras. Está empeñada en reemplazar a Kenet. Aunque está desaparecida, de seguro anda haciendo de las suyas.
—¿De quién hablas, Olenska? ¿Tenemos otra prima? —pregunté, asustada y concentrada en lo que decía—. ¿No me dijiste que solo éramos tú y Alexander?
En ese momento ya nos habíamos introducido en la consulta. La puerta se abrió y dejó pasar al tío Rufo, vestido de civil, lo que lo hacía ver muy bien. Sin más, se acercó y nos saludó a ambas con un beso en las mejillas.
Luego se sentó cerca de Olenska, que estaba muy complacida de que todos los hombres comenzaran a estar alrededor de ellas como mariposas.
Se enderezó, luciendo las nuevas ropas que le había comprado su abuelo para enamorar a Kenet.
Eso la llenaba de orgullo, sintiéndose muy segura y bella.
Le respondió a todo lo que Rufo le decía, entre risas, piropos y elogios, casi sin darse cuenta. Al final, Rufo le dijo:
—Alessia, ¿puedes dejarme a solas con tu prima? Hay algunas cosas que necesito aclarar con ella solamente.