¡Ups, me equivoqué papá, me equivoqué! (SERIE ¡UPS! nº 3) 166 . CONVERSACIÓN CON OLENSKA
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166 . CONVERSACIÓN CON OLENSKA

ALESSIA:

Gian la recorrió con la mirada detenidamente, lo cual no se le escapó a Olenska, que sonrió satisfecha.

A pesar de que había compartido con Kenet por la noche y le había pedido de una manera muy extraña que fuera su novia, él estaba furioso porque Gian me hacía beber a mí, su hermana, y no le prestaba mucha atención a ella.

Olenska todavía dudaba de si eran o no novios ella y Kenet, ya que él la dejó plantada después de llevarme de la iglesia y no había podido contactarlo. Tampoco se le había escapado que Grigory pagaba con una tarjeta negra todas las bebidas en el club, haciendo alarde de su dinero.

—Así te ves mejor —le dijo Olenska, coqueta, en ruso. Gian le guiñó un ojo, lo cual no me gustó para nada.

Miré hacia afuera por la ventana para no verlos.

A pesar de que sabía que todo era parte de nuestro plan, me sentía molesta al ver cómo coqueteaba con Olenska.

Nos habíamos dado cuenta de que ella se desconcentraba cuando sentía que era objeto de la atención de un hombre, y lo estaban utilizando para sacar información.

—¿De qué parte de Rusia me dijiste que eres? —preguntó Gian, cambiando de lugar conmigo para quedar más cerca de ella.

—De Minsk —respondió ella, con una gran sonrisa.

—Tenemos casa allá —dijo el Lobo, que iba en el asiento delantero—. Conocí a tu abuelo Víctor, era buen amigo de mi padre.

Olenska giró la cabeza rápido. ¡Nadie sabía que su padre era hijo de Víctor Rostall! Era un secreto muy bien custodiado, la única manera de escapar de sus enemigos y vivir bajo el apellido Dimitrov. ¿Serían en verdad amigos o enemigos?

—No te asustes —le dijo enseguida el Lobo, al ver su cara—.

Estoy con él desde que inició todo. Lo que tu padre desapareció, no sabía que se escondía en Minsk.

Si no, hace rato lo hubiera ubicado. Ahora vine porque me dijeron que al fin ya estamos listos para ir contra los dragones, y no sé a quién se le fue la lengua y me delató por participar en una estúpida subasta, para complacer a Grigory, que quería una pelirroja.

—Papá, no sabía que iba a suceder eso —dijo Gian, en su papel—. Y no solo era yo el que quería comprar a la pelirroja que se parecía a la hija del Capo Mayor.

—¿Cómo saben eso? —preguntó Olenska.

—¿De la subasta? —preguntó el Lobo, con una sonrisa que mostraba unos dientes amarillentos y puntiagudos—. Alguien me mandó un mensaje diciendo que iban a subastar a la hija del Capo di tutti i capi italiano. Por eso vine.

—¿Cómo es eso? ¿No será que vino a salvarla? —preguntó Olenska, desconfiada—. No crea que no sabemos que usted ayudó a Minetti a atrapar al dragón de fuego.

—Todo era parte del gran plan —siguió hablando con frialdad—. ¿En verdad crees que el que traje era el verdadero?

—¿No? —se asombró Olenska—. ¿Qué quiere decir eso? ¿El abuelo está vivo?

—No, porque se fue de donde lo teníamos bien resguardado y se enfrentó al pelotón de la muerte de Minetti cuando estaba loco, y este lo mató —siguió contando Faddei el Lobo, ante los ojos asombrados de todos, sobre todo de Olenska,

que se estaba creyendo la historia por haberla escuchado a su padre—.

Aunque él no tiene ni idea de que era el dragón de fuego.

Cree que solo era otro matón que le decían el Oso.

—Eso no lo sabía —dijo ella, bajando la voz—. ¿Y dice que alguien les avisó que íbamos a vender a mi prima? Pero ni nosotras mismas sabíamos que íbamos a una subasta de mujeres.

Escuchaba todo desde mi asiento al otro lado del auto.

Reconocía que la vida de la mafia era terrible.

Pero sobre todo, estaba aprendiendo de primera mano la historia de mi cuñada.

El Lobo siguió hablando con calma, diciendo que no sabía nada de lo que dijo Olenska.

Pero se había corrido la noticia de que iba a estar en la subasta la hija de Minetti.

—¿Por qué crees que pagué tanto por ella? —dijo, girando la cabeza para mirarnos con una sonrisa—. Y ahora resulta que es una copia. Una muy buena, lo aclaro, pero no deja de ser falsa.

—Olenska, ¿no me dijiste que no sabían nada? —intervine, al ver cómo me guiñaba el ojo el Lobo—. ¿Tú y Alexander me llevaron a propósito para venderme? ¿Y en verdad me transformaron en esa chica?

Tenía que seguir con mi actuación de falta de memoria y reaccionar de esa manera. Porque ella me había dicho cosas para que confiara, pero no había mencionado bien esta parte.

—Mi prima, te dije toda la verdad. De eso que dice él, no sé nada. En todo caso, alguien nos engañó a nosotros también —se apresuró a decir—. Y sí, eres idéntica a la hija de Alessandro Minetti. Solo tienes que darte cuenta de que su hermano Kenet, anoche, te confundió con ella.

Todos guardamos silencio mientras seguíamos avanzando rumbo al hospital.

Gian ahora me observaba fijamente. Ese día había dejado caer mi cabello hacia atrás, dejando a la vista mi hermoso rostro.

Me encontraba muy bonita y casi idéntica a su novia.

Lo vi sacudir la cabeza, recordando que yo era una actriz disfrazada de

Alessia Minetti, aunque no dejaba de ser hermosa. No sabía que, al verme así, Gian empezaba a reconsiderar la propuesta del Capo.

Al llegar al parqueo, Olenska y yo nos bajamos solas. Nos dirigimos directo a la consulta del tío Rufo con los guardias de seguridad. Mientras tanto, el Lobo se dirigió a la dirección donde se encontraban los demás y le pidió a Gian que lo esperara allí con su escolta.

—Oye, Olenska —la llamé, mientras caminábamos una al lado de la otra—. ¿Tú viste lo que hice ayer en el club?

—¡Claro que lo vi! Bebiste como una loca y te besabas con Grigory delante de Kenet, que estaba hecho una fiera diciendo que estaba seguro de que tu papá no te había dado permiso para eso —contó todo de un tirón—.

No me hizo caso en toda la noche, solo vigilándote.

Bueno, me pidió ser su novia y todo iba bien, hasta que ustedes dieron el espectáculo de comprometerse y luego querían casarse. ¡Y eso que no sabía que eras tú!

—¿Dijiste que me besé con Grigory? —pregunté, con incredulidad, con las imágenes confusas en mi mente. ¡Odiaba a ese ruso! ¿Cómo pude besarme en verdad con él?