¡Ups, me equivoqué papá, me equivoqué! (SERIE ¡UPS! nº 3) 164 . UN INTENTO DE BODA
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164 . UN INTENTO DE BODA

Continuación de la retrospectiva:

GIANPIERO:

La estreché muy fuerte. Decidido, la tomé de la mano y la llevé conmigo, seguido por todos los demás.

Todos creían que nos íbamos a retirar. Pero ambos estábamos demasiado borrachos, sobre todo yo, y fuimos directo a una iglesia que no estaba muy lejos de allí, donde vi a un padre arrodillado rezando.

—¡Padre, queremos casarnos ahora! —dije en cuanto estuvimos a su lado.

El padre se levantó asustado y nos miró mientras nos tambaleábamos abrazados, tratando de sostenernos uno al otro. Reíamos como dos tontos enamorados.

—¿Por qué no van a dormir hoy, hijos, y mañana vienen y se casan? —preguntó el padre.

—¡O nos casamos ahora o no llegas a mañana! —dije, sacando mi pistola. Y sin más, le apunté en la frente. El padre cayó de nuevo de rodillas.

En ese momento, se escucharon pasos apresurados. Pero seguí apuntando a la cabeza del padre.

—¡Alessia…! —nos interrumpió el grito de Kenet, que llegó corriendo y me arrebató a Alessia de mis manos. Le apunté de inmediato.

—¿Te volviste loco, Grigory? —preguntó.

—¡Ella es mía, de mi propiedad! —contesté, tambaleante—. Tú no tienes derecho a quitármela. ¡Es mía, mía…!

—¡Llévenselo! —ordenó Kenet.

Me arrebató a Alessia mientras los guardias de seguridad se dirigían hacia mí. Vi cómo Kenet se la llevaba mientras yo no me dejaba atrapar. De pronto, escuché una gruesa voz a mis espaldas.

—¡Grigory! ¿Qué diablos haces? —dijo en un perfecto ruso que, a través de la inmensa bruma que me provocaba la borrachera, me hizo recordar mi papel en esta misión y bajar el arma.

—Padre —balbuceé, apenado.

—¡Sígueme! —ordenó el ruso, furioso.

También habían pensado que ya nos íbamos a casa cuando nos vieron descender en la iglesia. Al salir Kenet con Alessia en brazos, su tía Alexa se la quitó y la llevó a casa, donde le hizo un gran baño y la acostó a dormir. Mientras tanto, nosotros habíamos llegado y el Lobo me gritaba sin parar.

—¿Cómo se te ocurre pedir en matrimonio a otra mujer mientras te haces pasar por mi hijo?

¡Ya deben estar en todas las noticias y su novia estoy seguro que lo dejará plantado!

—Apenas entendía lo que me decía por la borrachera—.

¿Sabes lo que acabas de hacer? ¡Comprometiste ante el mundo a mi hijo con la hija del Capo di tutti i capi! ¡Imbécil!

Me acomodé en el sillón y me quedé dormido.

Hasta que el Lobo, que todavía no le gustaba para nada el plan del Capo Minetti, a pesar de que se lo explicó muy bien, mandó que lo llevaran a su habitación.

Luego se marchó a averiguar algunas cosas que le interesaban y que llevaba mucho tiempo sospechando.

Quería aprovechar que estaba en Roma para cerciorarse si lo que le habían dicho era cierto.

Condujo en silencio hasta estar cerca de la casa de los Conti y se quedó en el auto vigilando. Además, tenía que idear la manera de contactar con ellos para infiltrarse. Estaba en eso cuando sonó su teléfono.

—¿Papá, te volviste loco? —le gritó su hijo Gregory—. ¿Cómo no me llevaste en vez de poner esa ridícula copia mía? ¡Mira lo que hizo! ¡Me acaba de dejar mi novia por esa proposición!

—¿Qué proposición? —preguntó.

—¡No te hagas! Está en todo el internet, las noticias de mi compromiso con Alessia Minetti —siguió gritando su hijo—. ¿Y qué es eso de que eres un traidor? ¡Por poco me matan! Debiste decírmelo todo antes de irte, no solo mandarme a esconder.

—Gregory, cálmate, solo hago un trabajo —dijo en voz baja.

—¡Tenías que hablar claro! ¡Ese pelirrojo que mandó el Capo está acabando con todos nuestros enemigos y todo el mundo está queriendo matarme! —Seguía vociferando Gregory.

—¡Te dije que no salieras del refugio! ¡Te lo dije! —Lo regañó el Lobo—. ¿No me digas que saliste?

—¡Lo hice porque no me hablaste claro! —Respondió, pero aclaró—. No te preocupes, ese pelirrojo me encontró y me encerró.

El Lobo respiró aliviado. Se concentró en tranquilizar a su hijo, que seguía exigiendo que debía arreglar todo. Su novia no lo quería para atrás, y para su sorpresa, le dijo algo que lo dejó pensativo.

—Ya que dejaste que le pidiera a la hija del Capo Mayor matrimonio frente al mundo entero, ¡arréglalo! Me casaré con ella —dijo con firmeza—. Sabes que siempre me ha gustado la pelirroja esa, la domaré.

—Gregory, no puedes hacer eso. Solo era un juego de borrachera. De seguro el Capo hace eliminar todas esas noticias en cuanto las vea —lo calmó—. No puedes reclamar que se cumpla ese compromiso.

—¿Por qué no? Ella dijo que sí, es linda y la princesa de la mafia —insistió Gregory de nuevo—. Parece que ya no me odia. ¿Por qué no puedo casarme con ella?

—¡Deja la locura! Ella está comprometida con el hijo mayor del capo Cian. Así que no me busques más problemas y cuídate —lo regañó con firmeza—. No vayas a salir del refugio o te matarán.

—¿Puedo ir para Italia? —preguntó de pronto—. Así asumo yo ese papel de novio de la hija del Capo y quién sabe si lo hago realidad.

—No es mala idea, pero disfrázate para venir —aceptó traerlo a su lado para vigilarlo—. Le informaré al Capo. Si me llegas a decir que te interesaba Alessia, se la hubiera pedido antes que a Cian.

Pensándolo bien, tampoco era tan descabellado entrar en la familia del capo mayor.

Siguió escuchando a su hijo pidiendo que hablara con Minetti.

Todavía no se casaban ni habían anunciado nada.

Si todo salía bien, se mudarían a Roma como tanto quería.

Él sería el segundo de Kenet por ser el esposo de su hermana, que es la verdadera heredera por ser la hija mayor.

—Quien sabe, hasta me den a mí el puesto del Uno —sugirió Gregory—. Y no al principito gruñón. Llegaré mañana, papá.

—De acuerdo. Pero no hagas nada sin hablar conmigo —aceptó, pensativo.

El Lobo se quedó mirando el teléfono. No sería nada malo que su hijo se casara con la hija de Minetti.

Ella en verdad era inocente y linda. Si hasta parecía hija de otro y no del mayor mafioso que existe.

Alessandro se esmeró en mantenerla lejos de todo.

Esta oportunidad era quizás la que había estado esperando para convertirse en la mano derecha del Capo di tutti i capi e integrar la décima.

Mientras pensaba, vio cómo dos figuras de hombres que reconoció enseguida se introducían sigilosamente en la casa de los Conti.

Sonrió satisfecho y regresó a la casa. Aparcó el auto y se quedó mirando la imagen de una mujer que le pareció un fantasma en medio del inmenso jardín.

Estaba vestida de blanco, con su cabello larguísimo suelto y el aire lo hacía volar.

Nunca había sido de creer en apariciones, por ello caminó recto y decidido hacia ella, que no se movía.

Lo vio venir y siguió en su misma posición, mirando la luna llena en medio de la oscuridad.

Al llegar, se quedó petrificado. ¡Era la imagen de mujer más bella que había visto en su vida!

Pero eso no era todo. Al acercarse, ella giró la cabeza y lo miró fijamente a los ojos.

—¡¿Alexa…?! —No podía ser ella, ¿o sí?

Fin de la retrospectiva.